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Portada de Mattelart, Armand, Comunicación, cultura y lucha de clases. Génesis de un campo de estudios, Madrid, Siglo XXI de España Editores, 2021.

Comunicación y lucha de clases

Los intentos de sistematizar los fundamentos de una aproximación marxista a la comunicación y la cultura se revelan como una de las aristas fundamentales que definieron el movimiento más amplio de ascenso de una nueva izquierda intelectual en los años sesenta y setenta.

Comunicación, cultura y lucha de clases. Génesis de un campo de estudios reúne dos textos de Armand Mattelart que se publicaron originalmente como introducciones a cada uno de los volúmenes de Communication and Class Struggle, una extensa antología con más de ciento veinte textos y casi novecientas páginas, organizada y presentada por Armand Mattelart y Seth Siegelaub. 

El primer volumen, Capitalism, Imperialism fue publicado en 1979; el segundo, Liberation, Socialism, en 1983 [1]. La antología formaba parte de un audaz proyecto editorial y documental impulsado por Armand Mattelart, el International Mass Media Research Center (IMMRC) —fundado por Seth Siegelaub en 1973 en Francia— y la editorial International General, creada por el mismo Siegelaub en 1970 en Nueva York.

Seth Siegelaub (1941-2013), un artista, curador de arte y editor neoyorquino, abrió en 1964 un espacio propio de exhibición: «Seth Siegelaub Contemporary Art» [2]. En un clima de experimentación, Siegelaub incorporó a su trabajo como curador y galerista la edición de libros. Al poner en marcha en 1970 el sello editorial International General planificaba ganarse la vida como editor y orientarse por este medio a la difusión de artistas y obras de vanguardia. No obstante, en 1972 se marchó a Francia tras los pasos de Rosalind Boehlinger ⸺una distribuidora norteamericana de libros de arte, militante del PCF⸺ con quien se instaló en Bagnolet, un suburbio popular limitante con París. 

Hacia 1972 Siegelaub había comenzado a editar las primeras versiones, todavía rudimentarias, de Marxism and the Mass Media. Towards a Basic Bibliography, un catálogo bibliográfico que publicaría con regularidad hasta mediados de los años ochenta con su sello International General. Como su nombre lo indica, el catálogo apuntaba a registrar la bibliografía existente sobre comunicación y medios que estuviera informada por una perspectiva marxista. 

En esta línea, en 1973 fundó el International Mass Media Research Center (IMMRC), donde se proponía organizar un archivo documental con libros y documentos históricos sobre medios y comunicación vinculados al marxismo o a una óptica de izquierda. Apuntaba a reunir materiales de diversos países y de distintos períodos con el objetivo de contribuir, afirmaba hacia 1979, «al desarrollo de la teoría y la práctica marxista de la comunicación en la lucha ideológica y política» [3]. Por entonces, el IMMRC se jactaba —tal vez una exageración promocional de Siegelaub— de reunir unos 10 mil documentos escritos desde el siglo XIX, entre libros, panfletos, artículos y tesis [4]. 

Probablemente, la iniciativa más relevante de este centro de escala personal (funcionaba en la propia casa de Siegelaub en Bagnolet) haya sido la publicación de una docena de títulos con el sello IMMRC/International General. El proyecto editorial con el que subsistía Siegelaub y financiaba sus actividades de investigación, casi artesanales, pretendía complementar y amplificar las iniciativas de documentación, difusión e intercambio de información del IMMRC. En el paratexto del primer volumen de Communication and Class Struggle, se lee:  

Si se quiere reflejar la realidad de las comunicaciones a través del mundo, la naturaleza de la investigación requiere el constante intercambio de materiales y de información de mucha gente de diferentes países y áreas de trabajo. Recibimos materiales para nuestra investigación y nuestra biblioteca principalmente a través de intercambios, donaciones y préstamos de numerosas organizaciones, periódicos, revistas, editores, instituciones e investigadores de la comunicación, y continuamente buscamos ampliar estos contactos. [5]

La comprensión cabal del itinerario de Siegelaub requiere no obstante situar su praxis vital de los años setenta en un contexto preciso, esto es, en una trama que anudó en el período zonas de la vanguardia artística, la militancia político–cultural de la izquierda francesa y latinoamericana y el mundo de las ciencias sociales. Esta red de cruces e intercambios contribuyó a forjar una esfera pública internacional popular que tuvo en los estudios y discursos especializados en comunicación y cultura una de sus manifestaciones más originales. Denominamos internacional popular de la comunicación a este espacio heterogéneo de reunión e intervención intelectual que, desde un conjunto de discursos y saberes especializados, y con fuerza en América Latina, contribuyó a darle forma esa «cultura política transnacional radical» [6] que caracterizó el 68 global. 

En efecto, la impronta que tomó el IMMRC y sus ediciones se configuró en buena medida en el encuentro que reunió la praxis vital de Seth Siegelaub con la de Armand Mattelart (1936), tal vez uno de los animadores más destacados de esta internacional popular de la comunicación que se desplegó entre fines de los años sesenta y mediados de los años ochenta entre América y Europa, a caballo entre las ciencias sociales y la intervención intelectual [7].

Belga de nacimiento, latinoamericano por adopción desde 1962 y exiliado en Francia a partir de 1973, Armand Mattelart es una figura destacada y reconocida en América Latina por su papel en la emergencia y consolidación de los estudios en comunicación y cultura. En el seno de ese laboratorio político, social y cultural que fue la llamada vía chilena al socialismo (1970-1973), Mattelart forjó una perspectiva teórico–política y un tipo de perfil intelectual que marcan su obra y su itinerario vital.

En 1971 publicó en las Ediciones Universitarias de Valparaíso junto a Ariel Dorfman Para leer al Pato Donald, un libro que, escrito al calor de las polémicas en torno a las políticas culturales del gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, le imprimió un contorno singular a los estudios en comunicación en el continente y, más allá, contribuyó a forjar el clima cultural de toda una época. 

Exiliado en Francia desde septiembre de 1973, Mattelart comenzó a trabajar estrechamente con Siegelaub en la confección de los archivos del IMMRC: contribuía con su conocimiento del marxismo y de la teoría crítica en ciencias sociales, especialmente, de la corriente latinoamericana en comunicación y cultura. Desde entonces, esta comenzaría a ocupar una porción importante del catálogo de Marxism and the Mass Media. Towards a Basic Bibliography. Mattelart aportaba también una red de contactos con investigadores de diversas partes del mundo, muchos forjados en Chile en los años de la Unidad Popular. 

La amistad es, en ocasiones, el reverso personal y afectivo de procesos colectivos. La colaboración entre Mattelart y Siegelaub se produjo en un contexto preciso que enmarca su sentido y señala sus condiciones de posibilidad: desde los años sesenta se producía en el campo del marxismo y de la cultura de izquierda occidental una renovación radical tanto en sus horizontes conceptuales como en las prácticas y perfiles de sus actores. 

En este sentido es central desde nuestra perspectiva tomar nota del impulso que hizo del libro y de la edición un medio de renovación conceptual del marxismo tanto como un vehículo privilegiado de expresión e intervención político–cultural. Quebrado el predominio que sobre el saber marxista y sus medios de circulación habían detentado los partidos comunistas desde la década del veinte, por entonces proliferaron en buena parte de Occidente una variedad de emprendimientos editoriales que funcionaron como punta de lanza de una corriente de renovación teórica de la tradición y de apertura de un espacio para la argumentación a favor de un socialismo de nuevo tipo. 

En inglés, las empresas de traducción y edición de la New Left Review, fundada en 1960, y de Verso, la editora que promovió su grupo impulsor, cumplieron un papel relevante como vehículos de experimentación y reflexión de la nueva izquierda británica [8] y, en su seno, en las condiciones que posibilitaron una reflexión marxista original sobre la comunicación y la cultura y la formulación del «materialismo cultural» impulsado por Raymond Williams. Por entonces, el crítico gales publicaba sus Keywords. A vocabulary of Culture and Society (1976) y Marxism and literature (1977), trabajos donde aspiraba a sentar los fundamentos teóricos de una acercamiento marxista a la cuestión.  

Communication and Class Struggle debe situarse entonces en primer lugar en el contexto del intenso movimiento de renovación del pensamiento marxista que entre los años sesenta y fines de los setenta sacudió los cimientos del mundo de la cultura de izquierdas. Sus promotores hicieron de la praxis editorialista un vehículo para el intercambio y la difusión de ideas, esto es, un medio de agregación e intervención intelectual. La práctica de la traducción, entendida como un uso, como un intento de apropiación y puesta en diálogo de tradiciones «nacionales» heterogéneas, en tanto insumo privilegiado para la exploración teórica y la apertura político–cultural, fue uno de sus sellos distintivos. 

En paralelo, la progresiva toma de conciencia respecto a que la comunicación y la cultura operaban cada vez más como arena de la lucha de clases, esto es, como vector privilegiado de la restructuración capitalista entonces en curso tanto como medio de su contestación, debe leerse como otra de las condiciones de emergencia del proyecto editorial y documental que promovieron Seth Siegelaub y Armand Mattelart. Los intentos de sistematizar los fundamentos de una aproximación marxista a la comunicación y la cultura, como testimonian las publicaciones de Raymond Williams citadas y, por supuesto, la edición de Communication and Class struggle, se revelan como una de las aristas que, en el campo de los saberes especializados sobre lo social, marcaron este movimiento más amplio de ascenso de una nueva izquierda intelectual. 

Este movimiento intelectual no era homogéneo ni se desarrollaba libre de contradicciones y ambivalencias. En Francia el ambiente de la segunda mitad de los años setenta era completamente distinto al de los años insurreccionales posteriores a 1968. Si bien todavía hacia 1976-1977 tuvo lugar en el hexágono una ola de luchas fabriles y de movilizaciones políticas y culturales, la izquierda partidaria y las luchas obreras, espontáneas o sindicales, parecían representar mundos cada vez menos ligados, incapaces de unir sus fuerzas. 

En este contexto de repliegue político se produjo una profunda transformación cultural, una verdadera «contrarrevolución intelectual», al decir de François Cusset [9]. El trabajo teórico, que entre 1970-1975 era sacralizado como una de las llaves de la transformación posible, sería señalado desde 1976-1977 como la fuente de todos los desastres del siglo XX: en 1977 André Gluksmann publicaba Les Maîtres-penseurs y Bernard Henri-Lévy La Barbarie à visage humain; proponían una línea de continuidad lógica entre el pensamiento crítico y los campos de concentración soviéticos. 

Estos trabajos fueron las cartas de presentación en sociedad de los llamados nuevos filósofos. Se trataba, antes que de una lucha antitotalitaria, de una batalla contra el marxismo y, sobre todo, contra la alternativa de poder que representaba la unidad de la izquierda (la alianza entre Partido Socialista y el Partido Comunista), que había tenido serias chances de ganar las elecciones presidenciales de 1974 [10]. Derrotado entonces por una mínima diferencia, François Mitterrand ganaría la presidencia siete años después, en 1981.  

La victoria de la unión de la izquierda en 1981 implicó (al menos hasta principios de 1983, cuando el gobierno anunció un giro en la política económica a favor del rigor monetario y la integración europea) una intensa movilización de amplios sectores sociales y del activismo de izquierda. Representó un momento de apertura del debate político y una renovación de las expectativas en buena parte del mundo cultural e intelectual progresista. En estos espacios se disparaba una interrogación sobre las perspectivas de la etapa que —se conjeturaba— podría abrirse, y se planteaba la clásica cuestión (típica de los momentos de transición) en torno al rol de los intelectuales en el proceso de cambio. La pregunta sobre qué hacer en materia de comunicación y cultura se desplegó por canales específicos. 

La edición de Communication and Class struggle, en suma, en el arco que va desde sus primeras formulaciones a mediados de los años setenta hasta la publicación de su segundo volumen, en 1983, retrata cabalmente la paradoja de su situación histórica, esto es, los movimientos ambivalentes en los que se inscribía y adquiría sentido en tanto intervención político–cultural.

Forma y proyecto de una antología

La antología debía servir, en la óptica de sus editores, como herramienta para promover una perspectiva crítica en el campo de los estudios en comunicación y cultura. Desde una impronta materialista, en su prefacio al primer volumen, Siegelaub precisaba con amplio detalle los condicionamientos y las limitaciones que, dada la concentración por entonces existente en la industria editorial y en el sistema de distribución y venta, se ejercían en el campo de la edición de libros y revistas, especialmente en el terreno de la producción y circulación de trabajos en inglés de impronta marxista. 

También observaba el confinamiento en los ámbitos universitarios del pensamiento crítico sobre la comunicación y la cultura: difícilmente se encontraban conexiones con la producción que realizaban otro tipo trabajadores intelectuales desde prácticas comunicacionales surgidas en sindicatos, partidos y organizaciones populares. En este sentido, Siegelaub llamaba la atención respecto a que los archivos documentales incluían pocos materiales escritos por periodistas de izquierda o trabajadores agrupados en los sindicatos de la industria de la comunicación. Y no es que éstos no elaboraran materiales. Era frecuente —anotaba— que las organizaciones de trabajadores no tuvieran los medios adecuados para documentar sólidamente su producción. Así, al utilizar los recursos a su alcance, más accesibles y económicos, no podían evitar deslizar sus producciones al arcón de lo fragmentario y de lo efímero. 

En este marco argumental deben situarse las consideraciones sobre lo que Siegelaub llamaba «el acto bibliográfico», esto es, sobre la acción de archivar, elaborar catálogos, traducir y editar. Pueden leerse como una reflexión sobre la propia práctica documental y editorial del IMMRC/IG y, más puntualmente, como una declaración de principios sobre los objetivos que asumía la edición de Communication and Class Struggle

A pesar de sus pretensiones académicas —escribe Siegelaub— las listas bibliográficas y las notas al pie de página de los libros no deben tomarse por un gesto de erudición. La documentación también es una acción política, un instrumento de comunicación, y en ciertos casos, un acto de solidaridad. [11] 

El valor de los aspectos formales de Communication and Class Struggle se pone de relieve desde este prisma. Me refiero al cuidado por las citas bibliográficas y la precisión con la que se reponen los datos de las ediciones originales utilizadas; a la incorporación, a modo de apéndice de cada volumen, de un extenso listado bibliográfico tomado del catálogo del IMMRC, con un listados de libros, antologías, folletos y revistas escritas en distintas lenguas; a la publicidad de las propias ediciones que ya había puesto en marcha o planificaba el IMMRC/IG, etc. 

Communication and Class Struggle es entonces un proyecto de elaboración teórico–epistemológico (que el prefacio de Siegelaub y las introducciones de Mattelart a cada volumen apuntalan), una forma de documentación (que visibilizaba textos y materiales a veces soterrados) y una empresa de traducción al interior del campo de los saberes y discursos marxistas, puesto que ponía en diálogo zonas de la tradición que no necesariamente dialogaban en sus países de origen. 

En este ejercicio se destaca la puesta en valor de contribuciones teóricas o políticas desarrolladas en la «periferia» de la tradición. Buena parte de estos textos «periféricos» habían sido publicados en primera instancia en revistas de ciencias sociales o revistas político-culturales de la llamada «nueva izquierda» latinoamericana. Entre otras: Comunicación y cultura (1973-1985); Textual (1966-1975), Cuadernos de la Realidad Nacional (1969-1973); Plural (1971-1976); Casa de las Américas (1960-); Cine Cubano (1960-); Tricontinental (1967-). 

La metáfora de la traducción se propone entonces en un sentido verdaderamente amplio: como un intento de articular tradiciones teóricas locales y prácticas sociales heterogéneas. Reponer la memoria de las luchas y los testimonios de prácticas artísticas, culturales y comunicaciones desplegadas en momentos intensos de la historia se presentaba como una condición de posibilidad para la elaboración de una teoría crítica. 

Fiel a su estilo y a su impronta intelectual, las agudas reflexiones de Mattelart en sus introducciones articulan el trabajo teórico con un despliegue analítico por demás potente que apunta a comprender los procesos de reestructuración de una sociedad que, hacia fines de los años setenta y principios de los ochenta, tuvo a la comunicación, la cultura y los medios como sus vectores de avanzada. 

 


[*] El texto anterior es una adaptación de «Estudio preliminar. Communication and Class Struggle (1979-1983). Una aventura editorial en la internacional popular de la comúnicación», en Mattelart, Armand, Comunicación, cultura y lucha de clases. Génesis de un campo de estudios, Madrid, Siglo XXI de España Editores, 2021.

 

Notas

[1] Mattelart, Armand, Siegelaub, Seth, (ed.) Communication and Class Struggle. Vol. 1. Capitalism, Imperialism, International General/International Mass Media Research Center, New York/Bagnolet, 1979; Mattelart, Armand, Siegelaub, Seth, (ed.) Communication and Class Struggle. Vol. 2. Liberation, Socialism, 1983, International General/International Mass Media Research Center, New York/Bagnolet.

[2] Sobre la trayectoria vital y la obra de Seth Siegelaub véase Martinetti, Sara, Coelewij, Leontine, (eds.) Seth Siegelaub. Beyond conceptual art, Amsterdam, Walther König-Stedelijk Museum, 2016; Pichler, Michalis, Books and ideas after Seth Siegelaub, The Center For Book Arts, New York, 2016; Alberro, Alexander, Conceptual art and the politics of publicity, Cambridge, The MIT Press, 2003.

[3] Mattelart, Armand, Siegelaub, Seth, (ed.) Communication and Class Struggle. Vol. 1. Capitalism, Imperialism, op., cit., p. 446.

[4] Ibid.

[5] Ibid.

[6] Marchesi, Aldo, Hacer la revolución. Guerrillas latinoamericanas, de los años sesenta a la caída del Muro, Buenos Aires, Siglo XXI, 2019, p. 22.

[7] Véase, Zarowsky, Mariano, Del laboratorio chileno a la comunicación-mundo. Un itinerario intelectual de Armand Mattelart, Buenos Aires, Biblos, 2013. Véase también Mattelart, Armand, Pour un regarde-monde. Entretiens avec Michel Sénécal, Paris, La Découverte, 2010.

[8] Anderson, Perry, Consideraciones sobre el marxismo occidental, México, Siglo XXI, 1998 [1976], pp. 87-88.

[9] Cusset, François, La décennie, Le grand cauchemar des années 1980, Paris, La Découverte, 2008 [2006], pp. 26-28.

[10] Christofferson, Michael,  Les intellectuels contre la gauche. L’idéologie antitotalitaire en France, (1968-1981), Marseille, Agone, 2014 [2003].

[11] Siegelaub, Seth, “A Communication On Communication”, en Mattelart, Armand, Siegelaub, Seth, (ed.) Communication and Class Struggle. Vol. 1. Capitalism, Imperialism, op. cit. p. 15.

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