Felipe Pigna, reconocido historiador y divulgador argentino, vuelve sobre la última dictadura militar y sus continuidades en el presente. Afirma que el genocidio de hace 50 años estuvo al servicio de imponer un modelo económico que es el mismo que hoy implementa Javier Milei.
Notas publicadas en Sociedad
Viktor Orbán estaba lleno de contradicciones: un crítico del neoliberalismo que repartió dádivas a las corporaciones y un moralista que terminó hundido en el escándalo. Pero, incluso tras su derrota electoral, no está claro cuánto cambiará realmente Hungría.
El consenso puertorriqueño sobre la subordinación colonial a Estados Unidos se resquebrajó severamente, pasando a la dominación sin hegemonía: una combinación de desposesión acelerada, neutralización de la deliberación política y suspensión de la soberanía popular.
En su discurso con motivo de sus primeros 100 días como alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani describió los logros de su administración hasta el momento y defendió el uso de las instituciones de gobierno para luchar por el bien común.
La tarea de las izquierdas no puede limitarse a administrar los costos de un futuro cada vez más oscuro. Hay que reconstruir las condiciones que permitan volver a pensar lo colectivo como una respuesta racional a los problemas de nuestro tiempo.
En tiempos de amenaza del auge fascista, una izquierda que solo se limite a resistir está destinada a ser derrotada innumerables veces.
Con las derechas de nuevo en el poder en Argentina, este nuevo aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 no constituye un recordatorio sobre una fecha del pasado sino un campo de batalla del presente.
La dictadura no solo impuso terror y neoliberalismo: también dejó una marca duradera en la forma en que el campo popular argentino concibe la democracia. A 50 años del golpe, recuperar la memoria implica también repensar los límites de esa herencia.
A más de medio siglo del golpe militar de 1973, la historiografía chilena no le había prestado atención a las dinámicas de organización y resistencia en el norte del país. El historiador popular Felipe Godoy Lepe indaga en esa tradición tan desconocida como actual.
La reforma laboral de Milei prohibió las asambleas sin autorización patronal y, limitando el derecho a huelga, declaró esenciales sectores clave. El paro transfeminista del 8M respondió con desobediencia.









