El desafío para las izquierdas no pasa por «abrirle los ojos» a su sociedad o por «desmontar» los engaños políticos y mediáticos sino por reconstruir instituciones, relatos y formas de vida en las no se deba elegir entre precariedad y autoritarismo.
Notas publicadas en Chile
Con la victoria de José Antonio Kast, el pinochetismo vuelve al poder por vía electoral, articulando restauración neoliberal, autoritarismo moral y anticomunismo como respuesta a la crisis chilena.
La primera vuelta de las elecciones en Chile fue testigo del sorprendente auge de la extrema derecha y del colapso de la nueva izquierda del país. Se trata de una derrota aplastante, aunque no total, para el movimiento encabezado por Gabriel Boric.
La primera vuelta confirma el desplazamiento del electorado hacia posiciones de derecha —con Kast consolidado como líder del bloque— en un contexto regional marcado por la expansión de fuerzas reaccionarias.
Las elecciones chilenas mostraron un escenario con tres candidatos de derecha, que reivindicaban a Pinochet y reproducían un discurso xenófobo y negacionista. Está en curso una disputa por el sentido común de la población.
La candidata de la izquierda en las elecciones presidenciales de Chile es Jeannette Jara, una comunista que hasta hace poco era ministra de Trabajo del país. Se presenta con su historial de aumento del salario mínimo y reducción de la jornada laboral de los chilenos.

Ante la brutalidad del genocidio palestino, algunos sectores de la intelectualidad crítica han caído en una deriva apocalíptica que llama a «tirar la toalla». Aquí creemos lo contrario: en el valor de la esperanza como afirmación política de una humanidad aún posible.
Cuando Augusto Pinochet derrocó al gobierno electo de Chile, Friedrich von Hayek y Milton Friedman —padres fundadores de la economía neoliberal— ayudaron a diseñar su agenda económica y respaldaron la brutal represión que fue necesaria para imponerla.
El 11 de julio de 1971 Chile sancionó la nacionalización de la minería del cobre. Pablo Neruda intervino con protagonismo en el debate, defendiendo el derecho soberano de Chile a proteger sus recursos ante lo que calificó de «un acto de piratería internacional».








