En tiempos de policrisis, en los que el neoliberalismo sobrevive como dogma sin promesa, el lenguaje deviene campo de batalla y tecnología de poder. Comprender su gramática es condición para descifrar las mutaciones sociales y políticas en curso.
Notas publicadas en Argentina
Felipe Pigna, reconocido historiador y divulgador argentino, vuelve sobre la última dictadura militar y sus continuidades en el presente. Afirma que el genocidio de hace 50 años estuvo al servicio de imponer un modelo económico que es el mismo que hoy implementa Javier Milei.
En tiempos de amenaza del auge fascista, una izquierda que solo se limite a resistir está destinada a ser derrotada innumerables veces.
Algo cambió en los últimos meses en Argentina. No de manera definitiva ni irreversible, pero cambió. La pregunta ya no parece ser si el gobierno de Javier Milei puede ser derrotado, sino en qué plazos y, sobre todo, de qué forma.
La dictadura no solo impuso terror y neoliberalismo: también dejó una marca duradera en la forma en que el campo popular argentino concibe la democracia. A 50 años del golpe, recuperar la memoria implica también repensar los límites de esa herencia.
La reforma laboral de Milei prohibió las asambleas sin autorización patronal y, limitando el derecho a huelga, declaró esenciales sectores clave. El paro transfeminista del 8M respondió con desobediencia.
En nombre de la libertad y de una mayor calidad, el Gobierno de Javier Milei impulsa un proyecto para reorganizar el sistema educativo argentino en clave de mercado. Pero todos los ejemplos internacionales prueban que esto sólo profundiza las desigualdades.
Viejos estereotipos de la política argentina pintan al comunismo como esencialmente antiperonista. Una mirada más atenta muestra que el PCA consideró al peronismo un aliado estratégico, aunque para el peronismo la alianza nunca trascendió lo táctico.
La reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei no busca crear empleo sino disciplinar al trabajo. La flexibilización refuerza la asimetría entre capital y trabajo y consolida una redistribución regresiva del ingreso.
Pese a sus ambiciones autoritarias, la administración Trump comparte pocas de las condiciones características de las dictaduras militares del pasado en América Latina. Pero los ecos de una retórica sobre el «enemigo interno» siguen siendo peligrosos.









