Los sucesos de los últimos meses en Bolivia, Ecuador y Venezuela deben ser leídos como un intento por instalar un modelo de disciplina fiscal, contractual y social. Reflejan la vuelta a la «seguridad jurídica» que exigen los inversores.
Notas publicadas en Bolivia
El nuevo gobierno de derecha de Bolivia aprobó por decreto ejecutivo un paquete de reformas neoliberales. Pero luego de la mayor movilización del movimiento sindical en los últimos cinco años, se vio forzado a dar marcha atrás.
Rodrigo Paz ganó la presidencia con el voto del bloque popular, pero su programa y alianzas se inscriben en la continuidad neoliberal. La derecha boliviana busca recomponer su hegemonía con un nuevo ropaje «populista».
Contradiciendo a la mayoría de las encuestras previas, finalmente el democristiano Rodrígo Paz derrotó en el ballotage al ultraderechista Tuto Quiroga. El resultado no sólo confirma el colapso del MAS sino que cierra toda una época de hegemonia de izquierda.
Pese al evidente giro a la derecha, las últimas elecciones bolivianas no modificaron la estructura de tercios electorales que viene de 2005. Pero el MAS, que conserva su núcleo duro, sufrió una gran pérdida de credibilidad en el histórico «tercio en disputa».
Los bolivianos acuden a las urnas este domingo en medio de una crisis económica en espiral y el colapso total del MAS. Una victoria de la derecha podría traer de vuelta la austeridad neoliberal, desencadenando un nuevo ciclo de malestar social.
Las elecciones del 17 de agosto se juegan en un terreno marcado por la implosión del MAS, la proscripción de Evo Morales y el avance de la derecha. Andrónico Rodríguez representa la única alternativa por fuera del bloque conservador.
Las elecciones generales del 17 de agosto en Bolivia se desarrollan en medio de la peor crisis económica en cuatro décadas y una división sin precedentes en el MAS. La derecha se perfila para capitalizar el descontento social y reabrir la senda neoliberal.
La fragmentación caníbal del MAS podría lograr que por primera vez en 20 años vuelva al poder una derecha sin más propuestas que clásicos neoliberales como la extranjerización y las privatizaciones.
Después de que la ultraderecha boliviana diera un golpe de Estado en 2019, un movimiento de masas restauró el gobierno socialista del país, prueba de que no son las élites las que protegen la democracia, sino los trabajadores organizados.








