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El presidente Donald Trump en una reunión de su «Consejo de Paz». El plan de Donald Trump para Gaza fue una idea terrible desde el primer día, con planes para condominios de lujo sobre los escombros tóxicos creados por los aviones y bombas suministrados por el propio Estados Unidos. (Saul Loeb / AFP via Getty Images)

El «Consejo de Paz» de Trump muestra el poder al desnudo

Traducción: Pedro Perucca

Reconstruir Gaza bajo el Consejo de Paz de Trump no es más que una maniobra diplomática a favor de los señores de la guerra, que se le impone a los palestinos.

Hace algunos días, Tony Blair amonestó al Consejo de Seguridad de la ONU por demorar la aprobación del plan de alto al fuego en Gaza propuesto por Donald Trump y su «Consejo de Paz». Blair lo pregonó como un «marco estratégicamente coherente» que de forma heroica «logró ponerle fin a la guerra en Gaza». Pero el plan de Trump para Gaza fue una idea terrible desde el primer día. La idea de que el país que habilitó y financió el genocidio israelí sea el encargado de conducir el barco de la paz nunca tuvo sentido, especialmente si se tienen en cuanta los desquiciados comentarios de Donald Trump sobre la construcción de condominios de lujo sobre los escombros tóxicos creados por los aviones y bombas suministrados por Estados Unidos.

Sin duda, la ONU acordó con este terrible concepto porque quizás parecía la única manera de hacerle llegar ayuda a corto plazo a las personas heridas, famélicas y sin hogar que dejaron los despiadados ataques de Israel sobre Gaza. Si Trump podía conseguir que los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Arabia Saudita se sumaran, al menos podrían disponer de algunos fondos para alimentos, refugio y reasentamiento. Pero los residentes desplazados de Gaza no serían, por supuesto, consultados sobre el lugar dónde serían reasentados, ni sobre si alguna vez podrían regresar a sus hogares destruidos en el marco del genocidio israelí respaldado por Estados Unidos.

Pero siempre hay que tener cuidado con los Estados del Golfo que ofrecen fondos de reconstrucción. En Yemen, los fondos ofrecidos por Arabia Saudita y los EAU eran para reparar el daño causado por su propia brutal guerra contra Yemen, que incluyó bombardeos indiscriminados contra infraestructura civil, hospitales, mercados, funerales e incluso un autobús escolar. En Sudán, los EAU, que le proporcionan ayuda humanitaria a las víctimas de la guerra, también le suministran armas a las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), un grupo que cometió crímenes de guerra de manera sistemática. Los EAU también financian un campo de entrenamiento administrado por Etiopía para combatientes de las FAR.

Representantes del Consejo de Paz mantuvieron recientemente conversaciones preliminares con DP World, el gigante logístico de los EAU, sobre un posible rol en la gestión de las cadenas de suministro para la reconstrucción de Gaza. Las conversaciones están en línea con la visión del Consejo de Paz para una «Nueva Gaza» en la que gran parte de los servicios e infraestructura del territorio se privatice. Una propuesta planteada durante las discusiones fue la creación de una zona de libre comercio en medio de las ruinas y escombros del territorio. Reconstruir bajo los auspicios del Consejo de Paz no apunta a la construcción de bienes públicos a través de instituciones multilaterales, sino a crear un marco en el que la recuperación se canalice a través de una infraestructura logística comercial.

Los representantes de los antiguos residentes palestinos de Gaza están llamativamente ausentes del Consejo de Paz de Trump. Si este consejo es sobre la paz, es sobre la paz del especulador y la paz del cementerio. Dado su rol para habilitar el genocidio del gobierno de Benjamin Netanyahu en Gaza y su amenaza de acabar con una civilización en su guerra ilegal contra Irán, Donald Trump debería estar en el banquillo en La Haya, siendo juzgado por crímenes de guerra y no al frente de un orwelliano «Consejo de Paz». Pero los juicios por crímenes de guerra siguen siendo, al menos por ahora, sólo una prerrogativa de aquellos casos que involucran a naciones más débiles, que cuentan con menor capacidad para frenar el avance de tales juicios.

Hasta ahora, el Consejo de Paz hizo poco o nada para reconstruir Gaza. En cambio, espera que Hamás se desarme, revele la ubicación de sus túneles y quede esencialmente indefenso frente a una nación que ya mató a más de setenta mil personas en el territorio que alguna vez controló. Incluyendo muertes indirectas y heridos, el número total de víctimas probablemente supera los doscientos mil. El ataque de Hamás contra civiles israelíes del 7 de octubre de 2023 fue criminal, pero también lo fue la respuesta desproporcionada de Israel. Y los «brillantes» estrategas militares que sugirieron que Hamás podía ser derrotado por la fuerza bruta aún no explicaron por qué sobrevive después de los horrendos ataques genocidas que se desarrollaron durante los últimos dos años y medio.

El trato, supuestamente, es que Israel se retirará de Gaza (o de su mayor parte) una vez que Hamás se desarme. Pero, ¿se puede confiar en Tel Aviv? Israel violó sistemáticamente el alto al fuego en Gaza y apoyó el aumento de la violencia de los colonos en Cisjordania. También emprendió una campaña de limpieza étnica y de ocupación militar en el sur del Líbano, que hasta ahora desplazó a un millón de personas. Hasta que haya un mínimo indicio de que el gobierno israelí actual está dispuesto a cumplir con su palabra o a cesar en la comisión sistemática de crímenes de guerra en violación del derecho internacional, ¿por qué cualquier organización le otorgaría confianza?

Sin embargo, como le dijo un refugiado palestino al New York Times, si Hamás necesita desarmarse para que fluya la ayuda para la reconstrucción, debería hacerlo, independientemente del riesgo. Hamás señaló su disposición para entregar miles de armas, pero anticipó que no disolverá sus batallones. Y esa concesión no alcanza para cumplir con la exigencia de desarme y desmilitarización del plan de paz de Trump. Así que no parecen existir buenas opciones en el corto plazo.

A largo plazo, necesitamos construir un movimiento lo suficientemente fuerte como para hacer responsables a Trump, a Netanyahu y a su banda de estafadores, especuladores y habilitadores del genocidio. Esto requerirá construir instituciones en las que las víctimas de la violencia estructural tengan voz en la construcción de un mundo nuevo y mejor. En ese mundo, organismos sin rendición de cuentas como el Consejo de Paz no tendrían lugar.

 

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Publicado en Artículos, Ciudades, Élites, Estados Unidos, homeCentroPrincipal, Imperialismo, Israel, Palestina, Política and Relaciones internacionales

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