El Partido Liberal Democrático de Japón (PLD) es, sin duda, el partido político más exitoso del mundo capitalista desarrollado. Mientras otros partidos históricos de gobierno entraron en crisis o declive —desde los demócrata-cristianos italianos hasta el Fianna Fáil de Irlanda—, el PLD retuvo su posición al frente del Estado japonés a lo largo de todas las transformaciones que atravesó la sociedad del país durante las últimas siete décadas.
El PLD se fundó en noviembre de 1955, poco después de la reunificación del Partido Socialista Japonés (PSJ). Uno de los principales arquitectos de la fusión conservadora comentó que el nuevo partido, con sus diversas y conflictivas facciones, tendría suerte si sobrevivía diez años. En cambio, el PLD se convirtió en el partido de gobierno dominante durante la Guerra Fría y en la etapa posterior.
Después de mantenerse treinta y ocho años consecutivos como partido gobernante, el PLD fue desplazado del poder entre 1993 y 1994 y, más adelante, entre 2009 y 2012. En ambas ocasiones, los analistas proclamaron la esperada desaparición de un partido anacrónico y corrupto. Pero esos anuncios resultaron prematuros.
Gracias a sus propias adaptaciones exitosas y al fracaso de los partidos rivales para capitalizar sus mandatos, el PLD recuperó su dominio con más fuerza que antes. Sin embargo, los recientes escándalos provocaron un nuevo declive en su apoyo. Tras los reveses electorales de los últimos dos años, hoy el partido hoy es una fuerza minoritaria en ambas cámaras del Parlamento.
Orígenes
El nombre del PLD es engañoso. No es particularmente «liberal» ni «democrático», ni tampoco un «partido» típico con una conducción coherente. Nació como una alianza conservadora contra el socialismo y el comunismo, unida alrededor del grito de guerra de la Guerra Fría: «libertad y democracia».
El PLD fue, ante todo, una coalición pro–grandes empresas para frenar el ascenso del PSJ apoyado por los sindicatos. Pero evitó definirse de esa manera y remarcó que sería un «partido nacional» que promovería el bienestar de toda la nación, a diferencia de sus rivales de izquierda, centrados en intereses de clase.
El énfasis del PLD en su carácter «nacional» reflejaba una debilidad del campo conservador al momento de su fundación. Su apoyo a la alianza entre Japón y Estados Unidos provocaba críticas nacionalistas sobre una «independencia subordinada» que permitía la permanencia de tropas estadounidenses en territorio japonés. Durante toda la década de 1950, el PLD fue vulnerable a estas críticas provenientes de la izquierda nacionalista.
La postura «nacional» del PLD también surgía del hecho de que, si bien las grandes empresas podían brindarle apoyo financiero, no podían aportar votos como sí lo hacían los sindicatos. El PLD buscó expandir su base para abarcar a todos los votantes japoneses no sindicalizados.
Pese a su énfasis para convertirse en un partido nacional amplio, el PLD no pudo ocultar su agenda reaccionaria durante sus primeros cinco años de existencia. El partido intentó revertir las reformas destinadas a desmilitarizar y democratizar al país —implementadas bajo la ocupación estadounidense— mediante la revisión del Tratado de Seguridad entre Estados Unidos y Japón y de la Constitución de posguerra.
Nobusuke Kishi, ex criminal de guerra de clase A que asumió como primer ministro en 1957, encabezó el esfuerzo para revisar el Tratado de Seguridad. Pero su iniciativa desató una enorme ola de protestas populares. El tratado revisado fue ratificado, pero se canceló la visita de celebración de Dwight Eisenhower a Tokio. Kishi tuvo que renunciar, y el PLD archivó su objetivo de reformar la Constitución.
Crecimiento económico acelerado
Tras la renuncia de Kishi, Hayato Ikeda asumió como primer ministro y anunció su «plan de duplicación del ingreso». Ex burócrata con fama de arrogante y de hacer comentarios políticamente insensibles, Ikeda rehízo su imagen pública adoptando un estilo más suave y evitando el golf y las fiestas con geishas. Su transformación encarnó la plena adopción, por parte del PLD, de su identidad como partido nacional amplio.
La transición de Kishi a Ikeda fue la primera de muchas en las que el PLD reemplazó a un primer ministro impopular por una figura fresca que simbolizaba el cambio. Esta habilidad camaleónica para adaptar su imagen fue clave para la longevidad del PLD como partido gobernante.
Las primeras elecciones generales bajo Ikeda se celebraron en noviembre de 1960, y su promesa de duplicar el ingreso nacional en diez años capturó la imaginación pública. Incapaz de oponerse al objetivo consensuado de mayor prosperidad, el PSJ intentó contrarrestar al PLD proponiendo niveles de ingreso aún más altos. También criticó que las medidas del PLD eran insuficientes para proteger a los agricultores que quedarían desprotegidos.
Con victorias sucesivas en elecciones a gobernadores desde fines de los años cincuenta, parecía que una alianza obrero–campesina consolidaría al PSJ como bloque opositor. Ante una serie de fuertes recortes presupuestarios, los agricultores temían que las prioridades nacionales estuvieran girando en su contra. La promulgación en 1961 de la Ley Básica de Agricultura, que promovía una mayor productividad en el sector, alarmó aún más a los pequeños productores, que sentían que los estaban empujando a desaparecer.
Sin embargo, negociaciones entre la JA (Cooperativas Agrícolas de Japón) y legisladores del PLD llevaron a un acuerdo para sostener los precios del arroz y así manejar el creciente desbalance entre ingresos urbanos y rurales. En un contexto de crecimiento acelerado, el PLD logró cooptar con éxito a la oposición izquierdista en zonas rurales mediante un generoso apoyo presupuestario.
El apoyo estable en las regiones rurales se volvió un pilar central del poder del PLD. Esta ventaja se reforzó por la subvaluación efectiva del voto urbano en relación con el rural, debido a normas de distritación que no se ajustaron pese al cambio demográfico hacia las grandes ciudades.
Después del crecimiento rápido
El crecimiento económico acelerado permitió la hegemonía del PLD, pero también generó cambios sociales que la socavarían. Su porcentaje de votos en elecciones generales cayó de forma continua y bajó del 50 % por primera vez en 1967.
Un factor clave fue el desplazamiento masivo desde los sectores primarios hacia los secundarios y terciarios, y el consecuente traslado poblacional hacia las ciudades. Aunque el PSJ, cada vez más radicalizado, no pudo capitalizar esto, un nuevo partido, Kōmeitō, obtuvo veinticinco bancas y más del 5 % del voto en las elecciones de 1967. El Partido Comunista Japonés (PCJ) obtuvo casi la misma cantidad de votos, aunque solo consiguió cinco bancas.
Los triunfos progresistas más notables se dieron en el ámbito regional. En abril de 1967, Ryōkichi Minobe ganó la gobernación de Tokio con apoyo del PSJ y el PCJ. Minobe se convirtió en un referente progresista, prometiendo combatir los problemas urbanos generados por las políticas de crecimiento acelerado del PLD. Su victoria fue seguida por triunfos de otros alcaldes progresistas en grandes ciudades, inaugurando una era de «gobiernos locales progresistas».
El líder del PLD a cargo de su comité de política urbana era Kakuei Tanaka, un político hecho a sí mismo, de origen rural, vinculado a la industria de la construcción y conocido como el «bulldozer computarizado». Respondió a la victoria de Minobe prometiendo construir un nuevo PLD capaz de conquistar a los votantes urbanos, cada vez más importantes.
Tanaka insistía en promover un modelo de desarrollo más equilibrado que aliviara simultáneamente los problemas urbanos y rurales. En 1972, poco antes de asumir como primer ministro, publicó un bestseller promoviendo esa visión. Propuso inversiones masivas en trenes rápidos y autopistas, además del traslado de instalaciones industriales fuera de las ciudades, hacia zonas rurales.
Inspirándose en políticas progresistas implementadas por gobiernos municipales, el libro de Tanaka también defendía una regulación más estricta para combatir la contaminación. Esta adopción reactiva de políticas progresistas se volvió un patrón en el PLD durante los últimos años del crecimiento acelerado y después. Los ejemplos incluyen la legislación antipolución del gobierno de Satō, la reforma previsional progresista del gobierno de Tanaka y la gratuidad de la atención médica para personas mayores. La capacidad del PLD para acomodar y cooptar demandas progresistas fue otra clave de su permanencia en el poder como partido nacional.
El PLD buscó parecerse más a sus adversarios progresistas no solo por las políticas que adoptó, sino también por su organización interna. La forma laxa y ad hoc en que coordinaba sus diversas facciones preocupaba a los líderes del partido desde su fundación. Con el apoyo electoral en declive, la conducción volvió a plantearse cómo reorganizar el partido para convertirlo en una fuerza coherente.
Cambiar las reglas
Los líderes del PLD veían el sistema de distritos plurinominales como una causa importante de las divisiones faccionales que acosaban al partido. En un sistema donde los propios candidatos del PLD competían entre sí dentro de los distritos, la conducción partidaria tenía un rol reducido y los candidatos dependían del apoyo de sus facciones.
Cuando el PLD intentó aprobar una ley para establecer distritos uninominales en 1956, el PSJ se opuso, denunciando la propuesta como «una conspiración para reformar la constitución y mantener el dominio conservador». De hecho, se esperaba que el modelo de mayoría reforzara considerablemente la representación del PLD, ampliando su mayoría más allá del umbral de dos tercios necesario para reformar la Constitución.
El intento de 1956 fracasó tras la indignación pública provocada por la exposición de maniobras de manipulación distrital. Incluso organizaciones empresarias que apoyaban el nuevo sistema pidieron revisar ese plan claramente partidista. Facciones minoritarias dentro del PLD también se opusieron, temiendo que la reforma fortaleciera la autoridad central y silenciara la disidencia.
Cuando la administración Tanaka volvió a intentarlo en 1973, ocurrió lo mismo. El rediseño propuesto era abiertamente partidista, provocando la férrea oposición de los partidos minoritarios y una cobertura crítica en los medios. Voces cautelosas dentro del PLD advirtieron que forzar la reforma sería contraproducente.
Al final, Tanaka evitó presentar el proyecto en el parlamento. Un grupo de intelectuales pro–PLD se alarmó tanto que envió una carta al partido, advirtiendo que la adopción del sistema uninominal era «el único medio legal disponible» para proteger eficazmente el poder del PLD contra el «avance sorprendente» del PCJ y el PSJ.
Los problemas estructurales del PLD continuaron profundizándose con los años, mientras el shock petrolero ponía fin al crecimiento acelerado y desataba una hiperinflación. Tanaka se jugó todo en la elección de la cámara alta de 1974, prometiendo «proteger la sociedad libre» del avance de la izquierda. Usó un helicóptero para recorrer el país promoviendo más autopistas y trenes bala, distribuyó enormes cantidades de fondos públicos y movilizó empresas enteras para garantizar votos. Pero los resultados fueron mediocres.
Mientras el PLD lidiaba con otro mal desempeño electoral, una revista popular publicó un artículo bomba que detallaba la corrupción de Tanaka. El texto explicaba con minuciosidad algo que muchos sospechaban vagamente: la existencia de dos tipos de fondos políticos —el dinero «abierto» (omote) y el dinero «secreto» (ura)—, y demostraba cómo Tanaka había acumulado enormes sumas de ura para usarlas sin pudor. La revelación provocó indignación pública y obligó a Tanaka a renunciar, siendo reemplazado por Miki Takeo, su antagonista faccional, con fama de honesto. De todos modos, Tanaka siguió ejerciendo un poder considerable como «shogún en las sombras».
El efímero sistema bipartidista
En 1988 salió a la luz que Recruit, una empresa de búsqueda laboral, había entregado acciones previas a su oferta pública a políticos influyentes. El primer ministro del PLD, Noboru Takeshita, protegido de Tanaka, estaba entre los implicados.
Takeshita intentó cerrar el tema publicando que había recibido donaciones directas e indirectas por ¥151 millones de Recruit, afirmando que «no esperaba en absoluto» revelaciones adicionales. Una semana más tarde, un diario informó que Recruit había prestado ¥50 millones a su campaña en las elecciones generales de 1987. Takeshita renunció días después.
El escándalo Recruit involucró a casi todas las figuras importantes del PLD y llevó a reformas del sistema electoral pensadas para erradicar la corrupción estructural. Los críticos señalaban el sistema plurinominal como una causa central de la corrupción endémica, dado que alimentaba la competencia faccional basada en dinero. El sistema fue abolido y reemplazado por distritos uninominales.
A diferencia de intentos anteriores del PLD por cambiar el sistema, esta vez no se trataba solo de reforzar su dominio. Ichirō Ozawa, secretario general del PLD a cargo de la reforma, buscaba establecer un sistema bipartidista competitivo. En su visión, el PLD sería uno de los partidos, mientras el otro sería un partido conservador rival liderado por figuras competentes como él. Durante un breve período tras las reformas, pareció que ese sistema bipartidista podía echar raíces.
En 1996 se creó el Partido Democrático de Japón (PDJ), que rápidamente se volvió el partido más popular en las ciudades, donde el PLD era más débil. El PLD parecía retroceder hacia el pasado, con el primer ministro Yoshirō Mori proclamando que Japón era un «país de los dioses centrado en el emperador». Sus dichos generaron rechazo y llevaron a un duro revés electoral, donde los votantes urbanos y suburbanos apoyaron al PDJ, pese al mensaje de Mori de que era mejor «quedarse en la cama» el día de la elección.
La suerte del PLD cambió temporalmente con el liderazgo posterior de Jun’ichirō Koizumi, un político mediático conocido como «Corazón de León» por su melena ondulada. Koizumi declaró que iba a «destruir el PLD». En concreto, buscaba destruir sus facciones y el gasto clientelista que venía sosteniendo a regiones e industrias no competitivas desde el período de crecimiento acelerado.
Koizumi tenía un mensaje simple: estaba a favor de reformas que impulsaran el crecimiento económico, y quienes se oponían eran «fuerzas de resistencia» que querían arrastrar al país de vuelta al estancamiento. Su reforma emblemática fue la privatización del sistema postal japonés, una poderosa máquina de acopio de votos y una fuente de gasto clientelista creada por Tanaka.
Cuando algunos miembros del PLD se opusieron, Koizumi disolvió el Parlamento y nominó candidatas «asesinas» (como se las llamó en los medios) para derrotar a los «rebeldes postales» del PLD. Apeló directamente al electorado para que viera esa elección como un referéndum sobre sus reformas. El PLD de Koizumi logró una victoria aplastante.
El PDJ parecía marginado ante la performance dominante de Koizumi. Pero, tras bambalinas, el partido opositor estaba expandiendo su base en las zonas rurales que el PLD de Koizumi estaba abandonando. Dirigentes postales de todo el país dejaron el PLD y se movilizaron en apoyo del PDJ. Ichirō Ozawa, que se había incorporado a la conducción del PDJ en 2003, aprovechó las conexiones que había tejido durante sus años en el PLD para fortalecer al partido.
Estos esfuerzos dieron frutos en las elecciones de la cámara baja de 2009, cuando el PDJ derrotó al PLD por amplio margen, ganando tanto en distritos urbanos como rurales. Si bien el PLD había sufrido derrotas anteriores, nunca había dejado de ser el partido más grande. Esta fue la primera vez.
El PLD del nuevo primer ministro Shinzō Abe parecía retroceder respecto de las reformas de Koizumi, permitiendo el regreso de los «rebeldes postales» y alienando a votantes urbanos atraídos por la agenda reformista. Al mismo tiempo, el partido ya no podía contar con la base rural que había descuidado.
El PDJ parecía haberse convertido en un partido nacional capaz de poner fin a la hegemonía del PLD. Pero sus pocos años en el poder estuvieron marcados por fallas y crisis: algunas autoinducidas, otras producto de factores externos.
La más grave fue la incapacidad para responder eficazmente al colapso nuclear de Fukushima tras el terremoto y tsunami de marzo de 2011. Aunque la respuesta del PLD posiblemente no hubiera sido mejor, el desencanto público con un liderazgo percibido como incompetente se profundizó. Tras el regreso de Abe al poder, en 2012, este invocó repetidamente el «pasado pesadillesco» del gobierno del PDJ.
Durante su primer mandato, el mensaje conservador de Abe de «recuperar Japón» no tuvo demasiado impacto. En su segundo mandato, lideró con su «Abenomics», centrado en política monetaria y fiscal agresiva y reformas procrecimiento. Con el público mayormente convencido, Abe impulsó su agenda política, aprobando legislación controvertida que ampliaba la capacidad de las Fuerzas de Autodefensa para operar en el exterior. Aunque la ley generó protestas frente al parlamento, su aprobación se mantuvo estable.
El apoyo público al gobierno de Abe cayó en 2017 tras una serie de escándalos de corrupción. Aun así, un grupo de «conservadores de base dura» siguió apoyando al gobierno. Ya no eran los grupos rurales que habían formado la base del PLD durante el crecimiento acelerado, sino conservadores culturales de derecha, cuya movilización había sido clave para que el PLD regresara al poder después de 2009.
Mientras tanto, la oposición del PDJ sufría divisiones por la ley de seguridad de Abe y por su cooperación con el PCJ. Pasó por varias rupturas que la debilitaron significativamente y hoy se presenta rebrandeada como el Partido Democrático Constitucional de Japón (PDC).
Los reveses recientes del PLD
Desde que Abe dejó el cargo en 2020, hubo dos grandes revelaciones que dañaron el apoyo al PLD. La primera tuvo que ver con los estrechos vínculos del partido con la Iglesia de la Unificación, que salieron a la luz después de que Abe fuera asesinado por un hombre cuya familia había sido víctima de la secta. El PLD se negó a llevar adelante una investigación sustantiva sobre el tema y avanzó con un controvertido funeral de Estado para Abe, lo que provocó una caída en el apoyo al gobierno.
La segunda revelación fue otro escándalo de dinero. A fines de noviembre de 2022, el diario del PCJ, Akahata, informó sobre las prácticas ilegales de recaudación de fondos políticos de la facción de Abe. Pasó cerca de un año hasta que el problema se transformó en un escándalo en toda regla que captó toda la atención de los medios tradicionales. Cuando eso ocurrió, el público quedó atónito al enterarse de que las reformas políticas posteriores al escándalo Recruit hicieron poco para erradicar la corrupción sistémica dentro del PLD.
El PLD intentó salvar la situación con otro cambio de liderazgo. Shigeru Ishiba, un dirigente del partido que había quedado cada vez más aislado por negarse a alinearse con las políticas de Abe, fue elegido para sacar al PLD del pozo. No logró hacerlo, en un contexto de creciente frustración social por la inacción del gobierno frente a la inflación en alza. Derrotas electorales sucesivas en 2024 y 2025 dejaron al PLD como un partido minoritario en ambas cámaras.
Fue significativo que la derrota electoral más reciente del PLD no derivara en un triunfo de la oposición liberal. El PCD tuvo dificultades, lo mismo que el PCJ, mientras que dos nuevos partidos populistas de derecha emergieron como los grandes ganadores. El Partido Democrático por el Pueblo ganó apoyo entre votantes en edad laboral con su promesa concreta de «aumentar el ingreso neto». El partido ultraderechista Sanseitō tuvo un salto, pasando de dos a quince bancas, y logró vender su mensaje de «Japón primero» a un número creciente de votantes que se sienten abandonados por una dirigencia desconectada.
Siguiendo la práctica habitual, Ishiba anunció su renuncia después de sus dos derrotas electorales —aunque solo después de resistirse y demorarla durante más de un mes—. Si bien se lo podía criticar por su falta de decisión, estaba claro que Ishiba no era el principal responsable de la caída del PLD. Cuando los políticos de la facción de Abe y otros caciques del partido empezaron a presionarlo para que diera un paso al costado rápidamente después de la elección a la Cámara Alta, para quienes están fuera del partido parecía que un dirigente relativamente limpio y confiable estaba siendo culpado de manera injusta.
Las encuestas mostraron que el apoyo público a la administración Ishiba aumentó tras las elecciones de 2025. Incluso hubo manifestantes —muchos de ellos no votantes del PLD— que se reunieron frente al Parlamento para «alentar» a Ishiba a no renunciar. Una preocupación compartida entre quienes se movilizaron era que un PLD pos-Ishiba giraría nuevamente a la derecha para recuperar el apoyo de los «conservadores duros» que había perdido bajo su conducción. Con partidos opositores ubicados a la derecha del PLD ganando impulso, y con los «extranjeros» convertidos en el principal blanco de agitadores populistas, esta no es una preocupación menor.





























