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Miembros y simpatizantes del Partido Comunista Libanés ondean la bandera nacional, con el símbolo comunista de la hoz y el martillo, mientras se manifiestan en la carretera que conduce a la ciudad sureña de Naqura, en la zona de Al-Hosh, el 19 de diciembre de 2025, para protestar contra los ataques israelíes al Líbano. (Mohamoud Zayat / AFP vía Getty Images)

Los comunistas libaneses y el desarme de Hezbolá

Traducción: Natalia López

En el Líbano de los años 80, los comunistas solían ser blanco de las fuerzas islamistas en ascenso. Hoy en día, sin embargo, el debilitamiento de Hezbolá ofrece pocas oportunidades para la política de izquierda.

En el este y el sur del Líbano, Israel continúa su campaña de bombardeos. Tras los últimos ataques, en los que murieron varios miembros de Hezbolá, el grupo ha endurecido su retórica y ha prometido contraatacar, pese a estar muy debilitado tras la guerra de 2024.

Durante las últimas cuatro décadas, Hezbolá ha mantenido un monopolio efectivo sobre la resistencia libanesa contra Israel. Pero no fue el primero en tomar las armas ni en apoyar la causa palestina desde territorio libanés. Así me lo cuenta Hanna Gharib, secretario general del Partido Comunista Libanés (LCP), en la sede del partido en Beirut. «Nosotros iniciamos la resistencia», señala.

Incluso antes de la fundación de Israel en 1948, los comunistas libaneses lucharon codo con codo con los izquierdistas palestinos contra las milicias sionistas de derecha. Cuando estalló la guerra civil en el Líbano en 1975, los comunistas se unieron de nuevo a la lucha. «Liberamos tres cuartas partes del territorio cuando Israel invadió en 1982. Comenzamos en Beirut y luego continuamos hacia el sur», me cuenta.

Pero los comunistas libraban una batalla cuesta arriba. «Antes de la caída de la URSS, recibíamos nuestras armas de los soviéticos», continúa Gharib. Pero cuando cayó la Unión Soviética, se interrumpieron los suministros.

Al mismo tiempo, Irán había avanzado sus posiciones en el Líbano. Un grupo poco organizado llamado «Islamic Amal» llevó a cabo varias masacres de miembros del PCL. En 1985 se fundó oficialmente Hezbolá. En 1987, más de cuarenta comunistas fueron asesinados en diez días. «Primero mataron a nuestros líderes y luego a los intelectuales del partido. Nos atacaron porque éramos una resistencia nacional. Teníamos miembros de todas las religiones. Querían el monopolio de la resistencia e imponer sus ideas y valores a todo el mundo», afirma Gharib.

Resistencia vacilante

Cuando comenzó el genocidio en Gaza el 7 de octubre de 2023, Hezbolá era más poderoso que nunca. Desde 2006, cuando se desató una breve pero intensa guerra con Israel, se había fortalecido. Con confianza y armas pesadas, Hezbolá atacó a Israel en solidaridad con Hamás. Durante casi un año se libró una guerra de baja intensidad.

Pero a mediados de septiembre de 2024, Israel detonó miles de localizadores pertenecientes a miembros de Hezbolá. Poco más de una semana después, el líder Hassan Nasrallah fue asesinado con ochenta toneladas de bombas antibúnker en los suburbios del sur de Beirut. Barrios enteros quedaron sustituidos por profundos cráteres.

Desde entonces, las exigencias de desarmar a Hezbolá se han convertido en un plan oficial, tras la presión de Estados Unidos e Israel. Cuando las autoridades de Beirut anunciaron que la primera fase del desarme había concluido, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dijo que aquello estaba «lejos de ser suficiente». En esta fase se han desmantelado todas las armas y la infraestructura militar al sur del río Litani, lo que Hezbolá ha aceptado. El Gobierno libanés afirma que la siguiente fase ha comenzado, lo que significa que también se confiscarán las armas de Hezbolá al norte del río. Se prevé que esto lleve cuatro meses, aunque la falta de voluntad del grupo para seguir cooperando podría complicar las cosas.

Para los comunistas libaneses, la situación es complicada. Hanna Gharib evita dar una respuesta clara sobre la posición de su partido respecto a las armas de Hezbolá, incluso cuando se le pregunta varias veces. Recientemente, en el verano de 2025, el LCP condenó las continuas «agresiones sionistas» contra el Líbano. «Cuando el Estado no hace nada contra la ocupación, para liberar la tierra que está ocupada, la gente se resiste. Mantenemos un diálogo con Hezbolá. Estamos en contra de la ocupación y, en ese sentido, estamos de acuerdo, pero eso no significa que estemos con ellos». Añade: «Históricamente, somos un partido de resistencia, una resistencia nacional. Ellos son una resistencia islamista. Por lo tanto, no podemos estar juntos. Quiero que el Estado resista. Pero el problema es que no lo hace».

Historia de represión

En la pared de la oficina de Nabih Awada cuelga un mapa de la Palestina histórica, que incluye lo que hoy se conoce como Israel. Tiene el cabello ralo, pero aún conserva la sonrisa de un niño cuando recuerda que a los trece años escuchaba a escondidas a través de la puerta de lo que él llama la «habitación secreta» de la casa de su infancia. Un día decidió entrar pese a que su madre se lo tenía prohibido: «¡La habitación estaba llena de comunistas! Después de ver esta escena, a los combatientes que se escondían allí, todo cambió para mí».

Era mediados de la década de 1980 y la familia huía de la guerra civil libanesa y de la ocupación israelí del sur del Líbano. Durante varias generaciones, su familia había pertenecido a la izquierda laica de la región. La comunidad de Aitaroun, de donde proceden, era conocida desde hacía tiempo como un bastión de la resistencia de izquierda. «Mi abuelo fue el primer comunista del pueblo en la década de 1930», explica.

A los dieciséis años, Awada llevó a cabo su primera misión para el PCL. La operación fracasó. «Cuando me arrestaron, se acercaron a mí con una luz muy intensa. Pensé que era una pesadilla, que ya me habían matado». Lo llevaron a Israel y no lo liberaron hasta una década después. Para entonces, había sido torturado, sometido a abusos sexuales y había pasado largos periodos en una celda de aislamiento completamente a oscuras. También se había convencido más que nunca de su ideología y había conocido a combatientes palestinos que más tarde se convertirían en los cerebros del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.

Awada pasó la mayor parte del tiempo en la prisión de Ashkelon, en el norte de Israel. «Solía jugar al ping-pong con Yahya y al baloncesto con Marwan. La relación entre los presos era muy fuerte, también entre los ateos y los islamistas. Teníamos el mismo objetivo, por lo que era fácil ser amigos». Tanto Yahya Sinwar como Marwan Issa fueron asesinados por Israel durante la guerra de Gaza. El video de los últimos momentos de Sinwar se difundió ampliamente. Gravemente herido, aparece sentado en un sillón en una casa bombardeada y agita un palo hacia el dron israelí. «Yahya era un tipo muy sociable. No solo era cercano a los musulmanes, sino a todo el mundo. A Marwan le gustaba debatir y hablar. Era un tipo muy divertido y siempre hablaba en voz alta».

Liberado de nuevo en 1998, Awada pronto se dio cuenta de que todo había cambiado. El Partido Comunista había dejado de resistir, pero la ocupación continuaba. «No lo entendía, porque cuando tu país está ocupado tienes que luchar. Vi que Hezbolá lo estaba haciendo. Eso fue suficiente para que dijera: “De acuerdo, los apoyo”».

Resistencia nacional

Hezbolá se fundó en medio de la guerra civil en el Líbano. «Irán comenzó a enviar combatientes al Líbano; a partir de 1982 lucharon junto con soldados libaneses y palestinos. Era una buena oportunidad para que el régimen iraní aumentara su influencia», afirma el analista político Amine Kammourieh.

Irán aumentó principalmente su presencia en las zonas musulmanas chiitas, que habían sido las más desatendidas desde la independencia del Líbano del poder colonial francés en 1943. También fue allí donde el PCL disfrutaría, y sigue disfrutando, de su mayor apoyo. Hezbolá y los comunistas han tenido, desde el primer día, una relación estrecha y complicada. «Se puede pensar en ello como pequeños grupos o células. Irán colocó a individuos fanáticos y adoctrinados en todos los grupos. Estas son las personas que más tarde fundaron Hezbolá y se convirtieron en sus primeros líderes», afirma Kammourieh.

Hasta finales de la década de 1980, fueron los comunistas quienes llevaron a cabo la mayoría de las operaciones contra Israel: «Puede que no fueran la resistencia más espectacular, pero fueron la base de la resistencia nacional y la más eficaz», añade el analista.

El politólogo estadounidense Robert Pape ha argumentado que los combatientes socialistas y comunistas fueron responsables del 75% de los atentados suicidas durante la guerra civil libanesa. También fueron los comunistas los que con mayor frecuencia fueron hechos prisioneros de guerra.

Poder regional

Ahmad Ismail fue liberado en el mismo intercambio de prisioneros que Awada en 1998. Se sienta frente a una pantalla verde en las oficinas de Janoubia News en Beirut. El periódico socialista en línea es un crítico abierto tanto de Israel como de Hezbolá.

Cuando la guerra civil estaba en pleno apogeo e Israel comenzó su ocupación del sur del Líbano, Ismail era un joven. «No recibíamos ningún salario, no teníamos coches ni lujos. Lo más importante era defender nuestro país». Ismail participó en varias batallas y llevó a cabo muchas operaciones antes de ser encarcelado a finales de la década de 1980. A menudo tenía miedo y vio cómo mataban a muchos amigos. «Cuando se fundó Hezbolá, todo cambió».

Para el Frente Nacional de Resistencia Libanesa (FNRL), el objetivo era liberar al Líbano de la ocupación y luego construir un Estado fuerte y laico. Hezbolá era lo contrario: sectario y religioso. Ismail enciende un cigarrillo. El humo se eleva lentamente hacia el techo mientras compara a Hezbolá con otros movimientos de resistencia nacional. «Llevas a cabo operaciones, capturas a alguien y colocas una bomba en algún lugar. Pero no necesitas un arsenal tan poderoso como el de Hezbolá. Son más fuertes que el ejército libanés. ¿Y para qué necesitan misiles de largo alcance? Rápidamente comprendimos que el objetivo de Irán es dominar la región. Sus armas se utilizan en Siria, Irak y Yemen».

Según Ismail, Hezbolá es únicamente una extensión de Irán. «Se convirtieron en un ejército regional», afirma, y continúa: «El lema de Hezbolá es que son una resistencia contra Israel. Pero es una tapadera».

Paz sectaria

Cuando terminó la guerra civil en el Líbano, muchos comunistas seguían detenidos en cárceles israelíes. En la oficina de Gharib, es como si el tiempo se hubiera detenido. «Todavía tenemos nueve miembros presos en Israel», dice. Siguen afiliándose nuevos miembros, pero los comunistas se ven afectados por las mismas tendencias que el resto del Líbano: «Todos los jóvenes que pueden se marchan del país», me cuenta Gharib. El estancamiento político, la crisis económica y las repetidas guerras sin final a la vista contribuyen a ello.

Los acuerdos que pusieron fin a la guerra civil, el Acuerdo de Taif, dividieron el poder político en función de las sectas religiosas. En la práctica, muchos señores de la guerra se convirtieron en políticos. Los partidos laicos quedaron aún más marginados que antes de la guerra. «Los comunistas no entendían adónde debían ir; no había lugar para ellos», dice Kammourieh.

Al igual que otras milicias sectarias, Hezbolá se convirtió en un partido político. Pero, a diferencia de otros grupos, se negaron a desarmarse y continuaron la lucha contra Israel. No fue hasta el año 2000 cuando Israel se retiró del Líbano.

La retirada ha sido descrita como un «momento culminante» para Hezbolá. Esto a pesar de que, cuando los israelíes se marcharon, las disputadas granjas de Shebaa siguieron ocupadas. En 2006, estalló una nueva guerra entre Hezbolá e Israel. Terminó después de treinta y cuatro días, con la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Tanto Hezbolá como Israel se declararon vencedores. Hezbolá se convirtió en una de las milicias más poderosas del mundo.

Pero la salida de Israel del Líbano en 2000 también fue el resultado de una promesa electoral, no solo de la resistencia de Hezbolá. El primer ministro israelí Ehud Barak había prometido, antes de ser elegido, «traer a los chicos de vuelta a casa». Nadie mencionó a los comunistas, pioneros de la resistencia. «Son los grandes perdedores», afirma el analista Kammourieh.

Al igual que los comunistas, Hezbolá ha dependido del apoyo de poderosos aliados. La caída de la dictadura de Bashar al-Assad en Siria ha sido un duro golpe, y los gobernantes iraníes, cada vez más desesperados, luchan por sobrevivir tras las recientes protestas.

En las últimas semanas, Estados Unidos ha trasladado una cantidad sin precedentes de recursos militares y personal a la región. Al igual que cuando cayó la Unión Soviética, el ataque estadounidense contra Irán tendrá importantes consecuencias en el Líbano, según Kammourieh. «Tenemos que esperar y ver hasta qué punto. Pero está claro que no hay vuelta atrás».

Punto muerto

El líder de Hezbolá, Naim Qassem, dijo esta semana que es un «grave pecado» que el Gobierno libanés se centre en desarmarlos mientras continúan los ataques de Israel. Israel alega una amenaza continua de Hezbolá. Después de la última guerra en 2024, cinco colinas en el sur del Líbano han permanecido bajo ocupación. Israel no parece tener prisa por abandonar estos lugares «estratégicos». La situación ha llegado a un punto muerto, pero, en realidad, ni Hezbolá ni el Gobierno libanés tienen el poder para dar el siguiente paso.

Ismail y Awada lucharon por el mismo partido y fueron liberados en el mismo intercambio de prisioneros. Pero, desde entonces, han hecho análisis completamente diferentes. Ismail acoge con satisfacción un Hezbolá sin armas. «Reducirá el riesgo de guerra», dice.

Awada ha pedido un whisky en el Abo Elie, a menudo llamado el «bar comunista». La bandera del PCL cuelga del techo, pero hace mucho tiempo que dejó el partido. Señala el alcohol que tiene delante: no está de acuerdo con Hezbolá en todo. Pero está convencido de que la resistencia armada sigue siendo necesaria. La sala en la que entró por casualidad cuando era adolescente se ha convertido en una metáfora:

La «sala secreta» aún no se ha cerrado. La naturaleza de Israel implica que debo seguir manteniendo abierta una «sala secreta» dentro de mí. Incluso cuando liberamos el sur del Líbano [en 2000], sabíamos que no había terminado. Hemos seguido esperando la próxima guerra. La «sala secreta» se ha trasladado de un lugar a otro. Mientras la naturaleza de Israel no cambie, necesitaremos salas secretas de resistencia.

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