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¿En qué consiste la forma «ensayo» en el caso de Mariátegui? Mitad ciencia, mitad literatura, pero también mitad filosofía, mitad cultura, mitad política, mitad periodismo.

Mariátegui y el romanticismo revolucionario según Michael Löwy

Traducción: Valentín Huarte

La obra de José Carlos Mariátegui conquistó una posición inamovible en el campo del «marxismo latinoamericano». Ahora tal vez convenga asignarle el lugar que merece en el marxismo a secas.

El artículo que sigue, inédito en castellano, es el prefacio de Michael Löwy a O labirinto periférico: aventuras de Mariategui na América Latina, de Deni Alfaro Rubbo.

 

Me siento un poco cohibido escribiendo el prefacio a un libro en el que uno de los capítulos está dedicado a mis obras. Intentaré ignorar esa parte y hacer abstracción de este pequeño obstáculo… 

Este bello libro, edición revisada y actualizada de una tesis que su autor defendió hace algún tiempo, es un punto de referencia en la historia de los estudios mariateguianos en Brasil y en América Latina. Mi amigo Deni Rubbo no se limita a bosquejar el recorrido intelectual y político de José Carlos Mariátegui, sino que elabora, por primera vez, una cartografía de la recepción que hicieron de sus escritos los investigadores de las ciencias sociales latinoamericanos y brasileños.

Por lo tanto, se trata de un trabajo pionero: el primer intento de reconstituir, en sus momentos principales, la historia de las múltiples lecturas e interpretaciones del Amauta. Por supuesto, no se trata de las lecturas partidarias, de las múltiples tentativas que hicieron partidos, movimientos o grupúsculos —sobre todo en Perú, aunque no exclusivamente— de apropiarse, muchas veces al precio de incurrir en falsificaciones groseras, de la obra del fundador del Partido Socialista Peruano (1928). El objeto de esta investigación, imponente por la riqueza de sus documentos, por la erudición y por el rigor analítico de los que da cuenta, son las interpretaciones en el campo de lo que denominaré —sirviéndome de un término un poco anacrónico, pero que utilizaba mucho mi maestro, Lucien Goldmann— las «ciencias humanas» en América Latina.

Deni propone el concepto de ensayo como definición de los escritos de Mariátegui. Creo que es una caracterización muy acertada. Pero también propone un adjetivo: ensayos periodísticos. Esto no tiene nada de peyorativo: el periodismo puede ser una ocupación noble. Y, sin duda, varios artículos de Mariátegui —por ejemplo, sus comentarios sobre los acontecimientos de política nacional e internacional— son periodísticos.

Pero sinceramente, no creo que esto pueda decirse del conjunto de sus escritos: no solo sus libros —los Siete ensayos… y Defensa del marxismo—, sino también muchos de sus ensayos, no admiten de ninguna manera la definición de «periodísticos». Por ejemplo, artículos como «Dos concepciones de la vida» (1925), «El hombre y el mito» (1925), o incluso «Aniversario y balance» (1928) son verdaderos manifiestos culturales y políticos. Por lo tanto, sugiero el concepto de «ensayos militantes», que define con más precisión la mayoría de sus escritos, sobre todo a partir de 1923.

Ahora bien, ¿en qué consiste la forma «ensayo» en el caso de Mariátegui? Según Deni, mitad ciencia, mitad literatura. Es cierto, pero agregaría otras mitades: mitad filosofía, mitad cultura, mitad política, mitad visión del mundo, sin olvidar, por supuesto, el periodismo. Entonces, una combinación de distintas formas de expresión, que varían con cada escrito, pero que siempre tienen un carácter «híbrido» que hace a la riqueza y a la singularidad de la escritura mariateguiana.

Por supuesto, el objetivo principal de este libro no es la relectura de Mariátegui, sino su recepción, en particular su recepción latinoamericana (aunque también cuenta con un hermoso capítulo sobre el descubrimiento de Mariátegui en Europa). Nuestro autor analiza con lucidez y profundidad los aciertos y los límites de las lecturas de Aníbal Quijano, Enrique Dussel, Walter Mignolo, entre otros, y critica, en particular, las tentativas de disociar a Mariátegui del marxismo. Por ejemplo, según Mignolo, el anticolonialismo de Mariátegui no era marxista, puesto que «el colonialismo no era un elemento crucial en el análisis del capitalismo hecho por Marx». Todo indica que Mignolo nunca leyó el capítulo sobre la acumulación originaria del libro primero de El capital, una de las denuncias del colonialismo europeo más virulentas que se haya escrito…

La recepción de Mariátegui en Brasil es bastante tardía. Puedo dar testimonio de que, a fines de los años 1950, durante mis años de estudiante de Ciencias Sociales en la USP, tuve excelentes profesores de formación marxista (Fernando Henrique Cardoso, Octávio Ianni, Florestan Fernandes, etc.), pero ninguno de ellos mencionó jamás el nombre de José Carlos Mariátegui. Lo mismo vale, como constata Deni, en el caso del famoso seminario de El capital dictado en esa misma época.

En realidad, como sugiere Antônio Cândido, los intelectuales de izquierda brasileños «descubrieron» América Latina a partir de la Revolución cubana socialista (1960-1961) y del exilio, en la época de la dictadura. En efecto, el «descubrimiento» de Mariátegui sucedió en el exilio. Si Octávio Ianni fue uno de los primeros en interesarse por el Amauta a comienzos de los años 1970, Florestan Fernandes fue quien introdujo de hecho el pensamiento de Mariátegui en Brasil, como bien muestra Deni en un brillante capítulo dedicado al sociólogo.

José Carlos Mariátegui ocupa sin duda un lugar fundamental en la historia del marxismo latinoamericano, como constatan la mayoría de sus lectores, tanto en América Latina como en Europa. Pero, ¿no sería justo situarlo en la historia del marxismo tout court?

Como observa con razón Deni, en comparación con el marxismo occidental, el «marxismo latinoamericano» es percibido implícitamente como algo inferior, marginal, «periférico». Por mi parte, estoy convencido de que Mariátegui es un autor comparable, en más de un sentido, con algunos de los «marxistas occidentales» más importantes de su época, con quienes tiene múltiples afinidades: me refiero a los jóvenes Georg Lukács, Ernst Bloch, Antonio Gramsci y Walter Benjamin. De hecho, como nota Deni, Aníbal Quijano ya había constatado analogías significativas entre Mariátegui y Benjamin: los dos imaginaban la emancipación revolucionaria bajo el ángulo de la redención.

Mi hipótesis es que todos comparten, bajo formas evidentemente distintas, una visión del mundo romántica revolucionaria. Pero este es un tema para otra discusión…

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Publicado en América Latina, Fragmento, homeCentro4, Ideas, Perú, Política and Teoría

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