Las manifestaciones contra el establishment en todo Irán se intensificaron este fin de semana, a medida que surgieron informes de violencia a gran escala tanto por parte de los manifestantes como de las fuerzas de seguridad. Más de la mitad de las treinta y una provincias del país están convulsionadas por protestas que estallaron a partir del 28 de diciembre en el sector de electrónica del bazar central de Teherán.
Los comerciantes salieron a las calles tras una repentina caída del 16% del rial, cuya cotización se desplomó un 84% en el último año. La moneda iraní atraviesa una fuerte volatilidad desde la imposición de sanciones estadounidenses en 2011, que recortaron los ingresos petroleros del país y privaron a su banco central del acceso a buena parte de los recursos que aún conserva. La ruina económica destruyó a gran parte de la clase media iraní y empujó a alrededor de un tercio de la población a la pobreza. El aumento del gasto en rearme, tras el ataque israelí de junio, solo agravó la crisis.
Esta es la sexta vez que la República Islámica enfrenta levantamientos populares de magnitud en su historia. En cada ocasión, la chispa se encendió a partir de una combinación de problemas económicos y culturales. Las protestas actuales tienen una escala comparable a la de muchos episodios anteriores, pero son singulares porque ocurren en un momento en que Teherán está involucrado en lo que describe como una «guerra total» con Estados Unidos, Israel y Europa.
Dentro de Irán crece la sensación, a lo largo de todo el arco político, de que se alcanzó un punto de inflexión. Ahmad Naghibzadeh, profesor jubilado de Ciencia Política de la Universidad de Teherán, afirmó que el sistema —la forma abreviada en farsi para referirse al orden gobernante— en los hechos desapareció, y que el vacío que dejó recuerda al existente en los últimos días del régimen del sha.
En los últimos días circularon videos de miles de iraníes marchando pacíficamente contra la corrupción y la mala gestión gubernamental. En Abdanan, una empobrecida capital provincial de mayoría kurda, manifestantes asaltaron una sucursal de una cadena de supermercados vinculada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), la poderosa fuerza paramilitar del país, y desparramaron arroz por las calles.
En un primer momento, Teherán intentó apaciguar las protestas. «La gente está insatisfecha, la culpa es nuestra», dijo el presidente iraní Masoud Pezeshkian el 31 de enero. «No busquen a Estados Unidos como responsable», añadió. Pero el 8 de enero estalló la violencia. Edificios estatales, patrulleros y mezquitas fueron incendiados.
El alcalde de Teherán afirmó que solo esa noche se prendieron fuego más de cincuenta bancos y treinta mezquitas. Se impuso un apagón nacional de internet, mientras la televisión estatal transmitía funerales colectivos de miembros de las fuerzas de seguridad. A través del bloqueo, comenzaron a circular imágenes estremecedoras de manifestantes sin vida en salas de hospitales iraníes, posiblemente subidas mediante Starlink, habilitado por Elon Musk. Un informe de la revista Time señaló que un médico de Teherán afirmó que cientos de jóvenes murieron por heridas de bala.
El líder supremo Ali Khamenei encabezó la oración del viernes en Teherán y sostuvo que agentes extranjeros se infiltraron en las protestas, denunciando el «vandalismo generalizado» en todo el país. El gobierno iraní responsabilizó a Estados Unidos e Israel por la violencia.
Como prueba, el canciller iraní Abbas Araghchi citó un tuit del 2 de enero del exdirector de la CIA Mike Pompeo: «Feliz Año Nuevo a todos los iraníes en las calles. También a cada agente del Mossad que camina a su lado…». Capturas de pantalla de un grupo israelí de Telegram, popular entre exfuncionarios y miembros de think tanks, muestran discusiones febriles sobre el rol de Israel en las protestas: «Israel debería ayudar, pero no de manera directa, sino indirecta: apoyo mediático, ayuda financiera e incluso el traslado de insumos tales como armas». El gobierno difundió imágenes de cámaras de seguridad no verificadas que muestran a personas dentro de la multitud disparando armas y arrojando bombas caseras contra edificios oficiales.
Sería extraño que Israel no estuviera alentando la violencia en el marco de las protestas. El 2 de enero, Trump tuiteó: «Si Irán dispara [sic] y mata violentamente a manifestantes pacíficos, como es su costumbre, los Estados Unidos de América acudirán en su rescate. Estamos listos para actuar». Israel, que evalúa retomar su guerra contra Irán, busca sumar a Estados Unidos y se beneficiaría estratégicamente si Teherán cruza la línea roja de Trump, como ya ocurrió.
Al inicio de su guerra «de doce días» con Irán, Israel reveló que contaba con más de un centenar de agentes en el país, algunos de los cuales utilizaron drones para atacar las defensas aéreas iraníes. Aunque la República Islámica afirmó haber desmantelado células del Mossad en todo el territorio, resulta poco probable que Israel no tenga agentes sobre el terreno listos para actuar como provocadores.
























