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Una llamada a liberar la imaginación para cambiar el sistema y frenar el cambio climático.

El capital en la era del Antropoceno

Traducción: Ferran de Vargas

Marx no predijo el cambio climático, pero sabía que el capitalismo contenía la contradicción ecológica que terminaría generándolo. De aquel momento a hoy cambiaron muchas cosas, salvo una: para proteger la vida es necesario acabar con el sistema.

Entrevista por
Ferran de Vargas[1]

De camino al campus Komaba de la Universidad de Tokio, sentado en el tren de la línea Inokashira, me sorprendo al ver la cara de Kohei Saito en carteles publicitarios en las paredes del vagón anunciando su último libro. Atravieso el campus pasando por delante del auditorio donde Yukio Mishima debatió con los estudiantes revolucionarios en 1969 y llego a un edificio donde se encuentran los despachos de los profesores de Filosofía. Es sábado y me encuentro el edificio cerrado. Por suerte, pasa un profesor por delante y le pregunto si me puede abrir. Me pregunta con quién me he citado, y al oír el nombre, comenta: «¡Es muy famoso, Saito!».

Al llegar al despacho, me recibe un profesor joven, de mi generación, muy afable e incluso risueño. Me hace sentir acogido al instante. La formalidad de su forma de vestir, combinada con su reivindicación del comunismo, emana una forma de ver el mundo: para Saito la verdadera radicalidad no se encuentra en la estética o la simbología, sino en el análisis y el contenido de las propuestas. A pesar de tener montañas de libros esparcidos por todos lados, el más visible es uno sobre Stalin, encima del escritorio. Saito tiene claro que para saber qué comunismo ha de formar parte de la utopía que guía la acción, hemos de conocer en profundidad la distopía que la pervierte. Saito cree firmemente en el valor de la utopía, pero sospecha de las quimeras.

 

FV

Me consta que ha vendido más de medio millón de copias de El capital en la era del Antropoceno en Japón desde su publicación en 2020.

KS

Sí, es correcto. Y mi último libro, una introducción a El capital, ya ha vendido más de cien mil copias en menos de un mes.

 

FV

¿Cómo explica semejante éxito?

KS

El éxito de estos dos libros indica claramente que hay un interés creciente en un enfoque más radical a los problemas a los que se enfrenta la sociedad japonesa. Especialmente el gran éxito de El capital en la era del Antropoceno se debe a que apareció en plena pandemia.

Básicamente, en aquel momento había dos cuestiones que se hicieron muy visibles para el pueblo japonés. Una es la creciente desigualdad económica. La población japonesa se sintió muy indignada al ver lo mal que se trataba a los trabajadores esenciales. En la industria de los cuidados, como por ejemplo en los jardines de infancia o en los geriátricos, los trabajadores no tenían buena protección contra el virus y no podían teletrabajar, pero al mismo tiempo eran quienes recibían los salarios más bajos mientras había quien desde la distancia se lucraba enormemente en medio de la situación.

Entonces se celebraron los Juegos Olímpicos en plena pandemia, y algunas industrias consiguieron grandes beneficios mientras mucha gente sufría. Por lo tanto, mi crítica de que si seguimos en este capitalismo neoliberal las cosas irán empeorando, atrajo cierta atención.

Pero la otra cuestión es que la pandemia es algo muy típico del Antropoceno. La intervención humana en la naturaleza se ha hecho tan grande bajo el capitalismo global en los últimos treinta años, que ha aparecido este nuevo tipo de virus y se ha extendido muy rápido por todo el mundo. Entonces dije que esta crisis que sufrimos no es la última, sino que es el comienzo de una nueva era a la que llamo Antropoceno. Esta era se caracteriza por un estado de emergencia crónica relacionado especialmente con la crisis climática, que será mucho más larga y tendrá un impacto disruptivo en todas las esferas del día a día. Esto es consecuencia de la velocidad en continua aceleración de la producción capitalista.

Entonces, dije: de acuerdo, algunos intentan abordar estos dos problemas —la crisis económica y la crisis medioambiental— desde dentro del capitalismo, pero llevan fracasando los últimos treinta años. Ahora hablan de inversiones verdes y cosas por el estilo, pero estas propuestas son demasiado débiles ante la escala de esta crisis, son insuficientes y se utilizan como una especie de excusa o greenwashing.

El capital en la era del Antropoceno.
FV

Al inicio de El capital en la era del Antropoceno afirma de forma provocadora que el foco que se dirige sobre el consumo responsable y el reciclaje es el nuevo opio del pueblo. ¿Qué le diría a quienes ven este planteamiento demasiado radical?

KS

Especialmente en Japón los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) han sido muy populares; se han hecho virales y se pueden ver por todos lados, todo el mundo mira programas y anuncios en los que se habla de los ODS cada día, también e inculcan en las escuelas, pero al mismo tiempo nada ha cambiado. Mi afirmación es una provocación radical, sí, pero captó la atención de los medios de comunicación y de mucha gente.

El tipo de alternativa que yo propongo se basa en cambiar el sistema y no el comportamiento individual a través de reciclar más o comprar botellas de agua sostenibles. Este chocó a muchas personas que realmente creen ingenuamente que el que están haciendo es en realidad algo muy bueno, pero al final no es más que una mera ilusión. Pero mucha gente se sintió atraída por esta advertencia porque la pandemia y la crisis climática se convirtieron en problemas urgentes.

 

FV

¿Cuál cree que es el perfil de sus lectores?

KS

Escribí El capital en la era del Antropoceno para el público general, no académico, como un libro de bolsillo. El público japonés que acostumbra a comprar este tipo de libros es gente del mundo de los negocios de mediana edad. En realidad empecé hablando de los ODS porque la gente del mundo de los negocios habla mucho de ello, y cuando lo critiqué les chocó y pensaron que tenían que leerlo. Es por eso que compraron mucho mi libro y lo leyeron con entusiasmo, y recibí muchas invitaciones para dar conferencias incluso por parte de las grandes empresas.

Por otro lado, mucha gente que ahora tiene más de sesenta años fue muy activa en el movimiento estudiantil cuando eran universitarios y es la generación que ha leído a Marx y El capital. Ellos también han comprado mucho mi libro.

Más recientemente percibo que la gente joven también está comprando y leyendo el libro. Hoy en día la gente joven tiene poco dinero y está muy ocupada con YouTube, TikTok y cosas por el estilo, y no leen este tipo de libros teóricos. Pero gracias al éxito del libro, los estudiantes empezaron a leerlo. Y sorprendentemente, ellos son quienes aceptan más fácilmente mi propuesta radical. Cuando hablo de Marx y de comunismo, la gente que tiene aproximadamente mi edad expresa dudas o incluso menosprecio por considerarlo caduco y relacionarlo con la Unión Soviética y la dictadura. Cuando hablo de decrecimiento, la gente del mundo de los negocios dice que entiende mi crítica al capitalismo, pero que el decrecimiento todavía empeorará más la situación. Pero la generación más joven se plantea que quizás esta es la vía.

 

FV

¿Qué papel juega el Partido Comunista de Japón (PCJ)?

KS

Dentro del PCJ no hay elecciones democráticas y Kazuo Shii lleva más de veinte años al frente del partido. Un militante que se llama Nobuyuki Matsutake publicó recientemente un libro en el que proponía que el partido adoptase el sistema de elecciones democráticas internas, y ha sido expulsado fulminantemente. Los líderes del partido argumentan que este militante traicionó la organización y rompió sus normas. En este sentido, el PCJ mantiene el estilo antiguo de los partidos comunistas. Por otro lado, también ha ignorado totalmente mi libro. Tienen su periódico, Akahata, y nunca se han referido en él a mi libro, ni siquiera para escribir una crítica. Esto se debe a que mi interpretación de Marx, el comunismo decrecentista, contrasta con su defensa del crecimiento verde. Ellos defienden una especie de Green New Deal.

Las propuestas del PCJ son más socialdemócratas que comunistas, pero el partido mantiene algunos de los rasgos de los partidos comunistas antiguos, como la expulsión de los críticos. Yo soy marxista y hablo de comunismo. Por lo tanto, el núcleo de mis lectores es gente de izquierdas. Pero la gente de izquierdas en Japón normalmente es vieja y no puede aceptar la idea del decrecimiento. Mi única esperanza es la generación más joven.

 

FV

¿Podríamos decir que ahora es usted más influyente que el PCJ?

KS

(Ríe) Es interesante que ahora en Japón en los metros, los medios de comunicación, los periódicos e incluso la televisión se habla de Marx. Están abiertos a nuevas ideas. Pero la gente del PCJ se mantiene en silencio respecto a mis nuevas propuestas.

 

FV

Los socialdemócratas y grandes capas del marxismo ven el Estado como el principal espacio de resistencia frente al capital, pero usted propone menos dependencia respecto al Estado y más asociacionismo. ¿Cree que el Estado es peligroso para la sociedad y para el comunismo?

KS

No es que sea un anarquista total y rechace toda intervención estatal. Creo que una de las lecciones que hemos aprendido de la pandemia es que el Estado todavía juega un rol importante incluso bajo las condiciones de la globalización. Una vez más se remarcaron las fronteras nacionales, y la importancia de diversos tipos de ayudas a la gente más pobre o los hospitales evidenció que se necesitaba intervención estatal para proteger la vida de todo el mundo. Por otro lado, pese a que critico el Green New Deal, soy consciente de que para conseguir una rápida descarbonización necesitamos una intervención, regulación y gasto estatales masivos.

El hecho de no enfatizar la importancia del Estado en mi libro responde más a razones estratégicas, porque aquí en Japón cuando se escucha hablar de Marx y de comunismo la gente tiende a asociarlo con totalitarismo de Estado. Lo que quería era redefinir la imagen del comunismo y de Marx para la era del Antropoceno. Para hacerlo, tenía que separar estrictamente a Marx y la Unión Soviética o China. Es por eso que mi visión del poscapitalismo se basa en el común («común-ismo») y en crear una asociación de asociaciones que restrinja el poder de reificación del capital.

 

FV

¿Podría hablar un poco más de su idea del comunismo?

KS

Yo defino el capitalismo como una expansión constante de capital, y el capital es un proceso de valorización que se expande sin parar. Para conseguirlo, el capital lo ha de mercantilizar todo. Por lo tanto, la idea básica es que el proceso de acumulación capitalista va de la mano de la disolución del común a través de la mercantilización de las cosas. En las sociedades precapitalistas no teníamos que comprar muchas cosas porque compartíamos muchas incluyendo tierras, agua, bosques, etc. Pero con la acumulación originaria de capital muchas cosas empezaron a ser monopolizadas por unos pocos. Este proceso se ha acelerado en los últimos treinta años con la privatización de hospitales, transportes públicos, agua, etc. porque el capitalismo ya no puede encontrar nuevos espacios de acumulación. Por este motivo ha de crear un «afuera» que bien puede ser el espacio exterior, como hace Elon Musk, pero también puede destruir aquellos bienes comunes.

Así pues, mi propuesta es muy simple: si queremos proteger nuestras vidas, hemos de restringir esta expansión infinita de capital porque está invadiendo los fundamentos básicos de nuestra existencia, y para hacerlo hemos de rehabilitar el común desmercantilizando el agua, la atención médica, la electricidad, los transportes públicos, las escuelas, y todo lo que ha estado bajo ataque del capital en los últimos treinta o cuarenta años de neoliberalismo.

Pero el caso es que no propongo simplemente la nacionalización, sino que mi idea del común, influida por Antonio Negri y Michael Hardt, más bien enfatiza el principio de participación a nivel horizontal. El modelo burocrático de arriba abajo del Estado del Bienestar y por supuesto del tipo de socialismo de la Unión Soviética trataba de proteger la vida y el bienestar de las personas pero no funcionó.

Yo propongo desmercantilizar pero de otra manera, no solo contra la privatización sino también contra la propiedad estatal, a través del asociacionismo y una red descentralizada de cooperativas.

Kohei Saito.
FV

¿Cómo se puede pasar de la sociedad capitalista a una sociedad basada en el asociacionismo? ¿Cree que sería necesaria una revolución?

KS

Creo que en el mundo complejo de hoy en día tal cosa como la Revolución Rusa es imposible. Incluso si nos alzamos y tomamos el poder, esto no cambiará el sistema complejo del mercado financiero, el mercado de valores, etc. En este sentido, gente como Andreas Malm habla de leninismo ecológico pero este tipo de estrategia no es demasiado efectiva. Ya no podemos tumbar el capitalismo como a comienzos del siglo XX.

En este sentido, soy más cercano al reformismo radical o «reformunismo». Hemos de reformar para transformar radicalmente el modo de producción capitalista. Creo que si podemos desmercantilizar muchos ámbitos de nuestra vida, habrá más espacio para involucrarnos en actividades no comerciales y no capitalistas y se expandirá más la esfera del común. También podemos introducir una jornada laboral más corta, como por ejemplo un sistema de cuatro días laborales a la semana, la gratuidad del transporte público y la educación, o más vivienda pública.

Las reformas serían introducidas bajo el capitalismo, pero entonces la influencia de estas medidas abriría un nuevo modo de vida en el sentido de que no tendríamos que preocuparnos tanto por el dinero y por tanto podríamos decidir si estamos dispuestos a trabajar duro o a dedicarnos más a otras actividades. Esto generaría más espacios para nuevas iniciativas, creatividad, cooperación y ayuda mutua.

Al mismo tiempo, entiendo la propuesta de [Andreas] Malm de que necesitamos una transformación fuerte y rápida, porque esta expansión del común parece muy lenta. Hemos de reducir a la mitad las emisiones de CO2 y tenemos solo seis o siete años. Así pues, entiendo que esta gente hable más en términos de disrupción del sistema. Creo que este es el punto más difícil. Por supuesto sé que existen distintas vías —no solo la mía— y necesitamos poner todas las propuestas sobre la mesa.

El problema es que las propuestas radicales han sido marginadas e ignoradas porque mucha gente del establishment solo sabe hablar sobre capitalismo verde. Pero creo que ahora la situación está cambiando un poco y hay un interés creciente en el decrecimiento.

 

FV

Uno tiene la sensación de que la recuperación del común puede ser demasiado lenta teniendo en cuenta que el capital es muy rápido y global, y que cuando destruye lo común lo hace a través de medios violentos.

KS

Sí, pero el estalinismo viene exactamente de la misma lógica: «el capitalismo es tan fuerte y grande que hemos de luchar contra él y necesitamos el partido de vanguardia, una disciplina de hierro, no podemos discutir todos los problemas con calma, hemos de decidir por ti, etcétera». Este es el camino del maoísmo climático. Por desgracia existe el peligro creciente del totalitarismo.

Cuando las crisis se profundizan, incluso la gente de izquierdas desea líderes fuertes y transformaciones muy radicales, y eso comporta el peligro de repetir los antiguos fracasos. Creo que incluso si sabemos que estas propuestas no cambian la situación de forma tan efectiva, necesitamos un movimiento de base y democrático. Esto es un principio que no podemos abandonar nunca.

 

FV

¿Qué les diría a aquellos que son tan pesimistas ante la crisis climática que ya se han rendido?

KS

Escribí El capital en la era del Antropoceno porque quería proponer otro futuro. Por supuesto que hay muchos libros que critican el capitalismo, el neoliberalismo y el cambio climático, pero desde mi punto de vista no clarifican qué tipo de sociedad tendríamos que perseguir. Naomi Klein dijo que necesitamos una visión más concreta del futuro, y es por este motivo que propongo el comunismo decrecentista como una especie de nueva utopía. Evidentemente soy consciente de que no es algo que podamos conseguir fácilmente, pero sin esta utopía la dicotomía es el maoísmo/estalinismo climático o el pesimismo de los que dicen «Ok, estamos jodidos».

Soy consciente de que la situación de la crisis climática empeorará, y especialmente después de la COP 27 no creo que podamos conseguir el objetivo de 1,5 grados, creo que nos dirigimos hacia más de 2 grados y eso es muy peligroso. Pero eso no significa que podamos rendirnos, hemos de seguir haciendo todo lo posible para minimizar los daños. Si no conseguimos el objetivo de 1,5, hemos de hacer lo posible para conseguir el 1,6, y si fracasamos hemos de intentar conseguir el 1,7, y así.

Más que esperanza, es muy importante tener una visión. Mi deseo es que el comunismo decrecentista se convierta en un nuevo punto de referencia y discusión útil. No digo que las cosas sean simples, pero creo que este tipo de discusión tendría que generar un nuevo espacio de imaginarios y políticas.

 

FV

¿Por qué cree que el marxismo es la mejor herramienta intelectual para abordar la crisis climática?

KS

Creo que la crisis del Antropoceno es generada por este sistema de valorización infinita del capital, y por tanto hemos de criticar el capitalismo. Pero ha habido mucha gente durante la historia que ha criticado de alguna forma el capitalismo. De hecho la mayoría de académicos habla de cómo regular el capitalismo o de cómo vivir mejor y más eficientemente dentro del capitalismo, sin intentar superar o ir más allá de este sistema.

Marx es uno de los pocos pensadores de la historia que ha profundizado de forma realmente sistemática no solo en los problemas del capitalismo sino también en cierta visión del poscapitalismo.

Pero, lamentablemente, durante el siglo XX Marx ha sido interpretado como una especie de productivista prometeico. Después de la caída de la Unión Soviética se trató a Marx como un pensador desfasado, y entonces llegaron los movimientos verdes y decrecentistas, que no han sido demasiado explícitos sobre la necesidad de ir más allá del capitalismo.

Si puedo contribuir a entender que Marx era un pensador realmente ecologista e incluso no-productivista y decrecentista, se abre un nuevo espacio donde la gente proveniente del ecologismo político, el decrecentismo y el marxismo puede pensar junta en una nueva manera de vivir más allá del capitalismo.

 

FV

Usted contrapone el Marx de el Manifiesto comunista y el de El capital. ¿Puede explicar este salto de un Marx al otro? ¿Qué rol juegan los cuadernos de notas de Marx para entender este salto?

KS

El paso de el Manifiesto comunista a El capital es en parte el paso hacia el reformunismo. En el Manifiesto, Marx era más optimista y pensaba que una revolución sería suficiente para tumbar el capitalismo. Pero entonces la revolución fracasó, después estalló una crisis que no dio paso a ninguna otra revolución, y Marx reconoció lo fuerte que es el capitalismo. Si lees El capital, especialmente el volumen primero, habla de acortar la jornada laboral, establecer escuelas taller y casas de oficios donde los trabajadores puedan aprender determinadas técnicas, o de reformas muy importantes bajo condiciones capitalistas. Al mismo tiempo, también se acercó a las posturas del asociacionismo.

Pero Marx también se volvió más ecológico. En las décadas de 1840 y 1850 era más optimista respecto al progreso tecnológico, pero en la de 1860 adoptó una mirada más crítica, especialmente al observar cómo los trabajadores habían sido degradados a una especie de accesorio de la máquina y cómo en la agricultura las tierras habían sido destruidas por la tecnología. Así pues, Marx ve que el capitalismo en realidad no conduce al progreso. Creo que esta transformación es muy importante. En cambio, John Bellamy Foster cree que Marx siempre fue ecológico.

Observando sus cuadernos de notas, que han sido ignorados durante mucho tiempo, podemos ver cómo Marx desarrolla estas ideas a principios de la década de 1860. Podemos descubrir nuevos aspectos de Marx que pueden ser muy útiles para trazar su pensamiento después de El capital, porque después de esta obra no publicó demasiado y en cambio se puso a estudiar a consciencia las ciencias naturales y las sociedades precapitalistas porque a menudo eran más sostenibles. Estas sociedades imponían muchas restricciones en lo que se podía producir y cómo se podía consumir. Las regulaciones comunales sobre las tierras, los bosques y otros recursos hacían que estas sociedades fuesen no solo igualitarias sino también ecológicas.

Finalmente, en la década de 1880, Marx dijo que la sociedad rusa podía saltar al socialismo sin pasar por el capitalismo, pero también dijo que la sociedad occidental tenía que aprender a volver a este tipo elevado de sociedad arcaica. En este sentido, creo que Marx se convirtió en un comunista decrecentista, tomando como modelo a aquellas sociedades precapitalistas como ideales para la sociedad poscapitalista.

 

FV

Querría hacerle una pregunta más personal: ¿cómo se interesó por el marxismo?

KS

Entré en la Universidad de Tokio en 2005 e hice algunos amigos que estudiaban el marxismo relacionado con problemas contemporáneos de la sociedad japonesa, como la desigualdad, el trabajo precario y la responsabilidad de guerra (como por ejemplo la cuestión de las mujeres de consuelo). Me puse a estudiar estos problemas con mis amigos y me di cuenta de que muchas cuestiones estaban relacionadas: por ejemplo, la guerra está relacionada con el imperialismo y el imperialismo es una forma de capitalismo; o la precariedad laboral tiene que ver con las reformas neoliberales que son también una forma de capitalismo. Progresivamente tomé conciencia de que muchos problemas actuales tienen su origen en el capitalismo, y quise saber más sobre este sistema. Entonces leí a Marx y a académicos marxistas, pese a que al principio me resultaba muy difícil de entender.

Especialmente después del desastre nuclear de Fukushima de 2011, llegué a reflexionar sobre el problema de la desigualdad entre Tokio y las zonas rurales. Las plantas nucleares de la zona rural de Fukushima producen electricidad para la gente de Tokio, pero los principales peligros de esta energía los padecen los habitantes de Fukushima. Yo me preguntaba cómo se explica la desigualdad y destrucción de la naturaleza causadas por estas tecnologías, y me fui interesando por la cuestión de la sostenibilidad y la relación entre el ser humano y la naturaleza mediada por la tecnología.

Marx tenía reputación de productivista, y en aquel momento yo no estaba seguro de que fuese un punto de referencia demasiado útil más allá de cuestiones como la lucha de clases y la explotación. Pero entonces conocí el proyecto MEGA y algunos académicos que ahora conozco muy bien eran miembros que se dedicaban a editar los cuadernos de notas de Marx, y resulta que los cuadernos en los que trabajaban los académicos japoneses eran sobre ciencias naturales. Entonces pensé que sería una buena manera de estudiar los temas que me interesaban, y la verdad es que funcionó muy bien e hice mi tesis doctoral sobre esto, pese a que había hecho mi tesis de máster sobre Hegel. Al principio tenía que hacer el doctorado también sobre Hegel, pero en el momento en que escribía la tesis del máster sucedió el desastre de Fukushima y no estaba del todo seguro de si tenía que hablar de cuestiones tan filosóficas y abstractas.

Samezō Kuruma.
FV

Teniendo en cuenta la importancia del marxismo japonés pese al relativo desconocimiento que se tiene de él en Europa, querría preguntarle si hay algún teórico marxista japonés que haya tenido una influencia especial en el desarrollo de sus propias ideas.

KS

Uno de los marxistas japoneses más famosos es Kōzō Uno. Pero yo no pertenezco a la Escuela Uno, nunca he estado muy influido por sus ideas. Él tuvo una gran influencia sobre Kojin Karatani, otro marxista japonés bastante famoso de tendencias más posmodernas con quien no comparto muchas cosas pese a ser también asociacionista. Mi tradición proviene de Samezō Kuruma, de quien Teinosuke Ōtani fue discípulo. También he de mencionar a mi buen amigo Ryuji Sasaki.

Una de las características de nuestra escuela o enfoque, a diferencia de Uno y su escuela, consiste en leer El capital u otros textos de Marx en alemán y prestar atención a los manuscritos, cartas y cuadernos de notas. Uno consideraba que El capital era una mezcla de ideología y ciencia, y que se podía eliminar la parte ideológica y extraer la ciencia pura de los principios de la economía política. Así pues, él reconstruía las cosas y omitía muchas partes para hacer su propio sistema.

Nosotros más bien intentamos trazar por qué Marx escribe como escribe. En lugar de decir simplemente que se equivocaba o estaba confundido intentamos pensar con Marx y por qué tenía que escribir de tal o cual manera, incluso cuando es confusa. Cuando es confusa, ha de haber alguna razón por la cual lo es. Así pues, somos más empáticos con Marx. Algunos malentienden que nosotros lo dogmatizamos o intentamos protegerlo buscando en los cuadernos de notas y manuscritos para encontrarle una defensa, pero no es nuestra intención.

Creo que es obvio que la teoría de Marx es limitada, que no lo explica todo, especialmente en el siglo XXI. Además, El capital es una obra inacabada, y especialmente el volumen tercero es bastante inmaduro. Pero hemos de clarificar hasta qué punto llegó Marx, y para hacerlo hemos de seguir su propio pensamiento. Reconocemos los límites, pero al mismo tiempo tratamos de clarificar estos límites con más cuidado. Por ejemplo, Marx no predijo el cambio climático, pero sabía que el capitalismo contenía la contradicción ecológica que ha acabado generando el cambio climático.

 

Sobre el entrevistador:

[1] Ferran de Vargas es politólogo y doctor en Estudios Interculturales especializado en Japón. Actualmente forma parte del grupo de investigación ALTER de la Universitat Oberta de Catalunya. Es autor del libro Izquierda y revolución. Una historia política del Japón de posguerra (Edicions Bellaterra, 2020). Tuitea en @ferranidus.

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Publicado en Ambiente, Desigualdad, Entrevistas, homeCentro5, Japón and Teoría

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