La política socialista del siglo XXI no puede basarse en los mismos principios que la guiaron a inicios del siglo XX. En lugar de tratar de acelerar el tren capitalista, debemos orientar nuestros esfuerzos a tirar del freno de emergencia.

La proliferación del «capitalismo verde» encubre la renuncia a confrontar realmente con el gran capital y a establecer un diálogo con las bases populares.

Ante la brutalidad del genocidio palestino, algunos sectores de la intelectualidad crítica han caído en una deriva apocalíptica que llama a «tirar la toalla». Aquí creemos lo contrario: en el valor de la esperanza como afirmación política de una humanidad aún posible.
Si queremos evitar que el tren desbocado del capitalismo nos lleve al desastre, no podemos conformarnos con cambiar patrones insensibles por patrones con sensibilidad, ni gobiernos malos por gobiernos menos malos.
Desde la negligencia presupuestaria a la inacción climática, pasando por los monopolios privados, las decisiones políticas avivaron las llamas de los devastadores incendios de California.
El presidente de izquierda de Colombia, Gustavo Petro, ha situado la justicia medioambiental en el centro de su agenda, uniéndola a la lucha contra la pobreza y la desigualdad.
Marx no predijo el cambio climático, pero sabía que el capitalismo contenía la contradicción ecológica que terminaría generándolo. De aquel momento a hoy cambiaron muchas cosas, salvo una: para proteger la vida es necesario acabar con el sistema.
Por qué la crisis de los precios es también una crisis ecológica, y cómo podemos combatir ambas mediante sistemas de abastecimiento público.