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Retrato de un hombre cubano en su casa de Matanzas en 1991. (Lily FRANEY/Gamma-Rapho vía Getty Images)

¿Cómo vivieron la caída de la URSS los comunistas cubanos?

UNA ENTREVISTA CON
Traducción: Valentín Huarte

En 1991, la caída de la URSS sumergió a Cuba en una enorme crisis económica y debilitó a la isla frente a las agresiones de Washington. Para sobrevivir, la revolución tuvo que recurrir a su propia legitimidad y mostrar su independencia del modelo soviético.

Entrevista por
David Broder

Antes de las protestas del 11 de julio, la manifestación de disenso público más importante de Cuba fue la de 1994. Fue el comienzo del «período especial» marcado por las graves dificultades económicas que siguieron al colapso de la URSS. Poco tiempo después de la revolución de 1959, los países del Bloque del Este se convirtieron en aliados de La Habana, pero las reformas de Mijaíl Gorbachov y luego la crisis terminal de la URSS, que además coincidieron con importantes derrotas de la izquierda en América Latina, representaron un gran problema para Cuba. Con todo, la revolución sobrevivió, demostrando que había echado raíces sociales más profundas que los gobiernos del Bloque del Este.

Even Sandvik Underlid es autor de Cuba fue diferente. El derrumbe del socialismo euro-soviético visto desde el Partido Comunista de Cuba (1989-1992 y 2013), un estudio basado en largas entrevistas con miembros del Partido Comunista de Cuba (PCC) y en el análisis sistemático del Granma, su periódico oficial. Conversó con David Broder, de Jacobin, sobre la difusión de los acontecimientos de Europa del Este en la isla, la concepción de la «especificidad nacional» que tienen los miembros del PCC cubano y las transformaciones que atravesó el país durante el período especial.

DB

Durante el período de reformas iniciado por Mijaíl Gorbachov en la URSS a mediados de los años 1980, Cuba inició un proceso de «rectificación». ¿Qué significa esto?

SU

En muchos sentidos, fue un proceso que corrió en dirección opuesta a la Perestroika. Fidel Castro sabía que las relaciones entre Cuba y la URSS no podían continuar en los mismos términos y temía que las reformas de Gorbachov hicieran naufragar el sistema, sacando a luz sus fisuras. Propuso entonces un socialismo más «puro», más «cubano».

No era la primera vez que Cuba adoptaba una vía independiente. Desde 1959, la Revolución se definió en función del nacionalismo radical y comenzó a construir un tipo de socialismo singular bajo las complejas circunstancias que planteaban el bloqueo estadounidense y los violentos conflictos internos. Pero en los años 1970, completamente aislada en las Américas, Cuba se inclinó hacia Moscú y empezó a imitar muchos rasgos del modelo soviético, aunque hay que decir que nunca se convirtió en un satélite soviético. 

A mediados de los años 1980, Castro desarrolló, según la expresión de José Bell Lara, una «crítica práctica» de las políticas soviéticas. No podía criticar abiertamente a la URSS, de la que Cuba dependía, sobre todo en términos económicos. Era más diplomático, decía que Cuba adaptaría el socialismo a sus especificidades nacionales.

En parte se hacía eco de la crítica de los «métodos capitalistas» de la URSS elaborada por el Che Guevara en los años 1960. Castro pensaba que el sistema soviético se estaba convirtiendo en una cáscara vacía, una burocracia y un partido distantes de todo contenido popular.

Durante la rectificación, Cuba clausuró algunos de los espacios reservados a la economía de mercado. El proceso también priorizó a Castro sobre el partido: hubo más movilizaciones, populismo y liderazgo carismático, un poco como los primeros días de la revolución, aunque sin retomar los experimentos más radicales de fines de los años 1960, ni transformar el sistema establecido en los años 1970. 

Es probable que esto haya contribuido a que los cubanos se sintieran bastante distanciados de la URSS cuando colapsó. Pero la caída de la república de los sóviets hizo que Cuba perdiera casi todo su comercio exterior e interrumpiera el proceso de rectificación, y encausó a la revolución en una dirección que se oponía a los deseos de Castro.

DB

¿Cómo cubrieron la caída de la URSS los medios cubanos?

SU

Los medios cubanos estaban controlados por el PCC. No existía ninguna alternativa nacional al oficialismo. Pero la información y los productos culturales extranjeros, incluso occidentales, lograban penetrar en la isla. Esto no era tan así en los años 1970, pero en 1988, por ejemplo, la televisión cubana transmitió 288 películas estadounidenses. También había cierto contacto con inmigrantes, libros —aunque el Estado controlaba las importaciones— y programas de radio. El Estado bloqueaba las señales, pero a veces era posible sintonizar hasta la Radio Martí, de Miami. 

Se permitían las publicaciones soviéticas que difundían ideas reformistas siempre y cuando no criticaran a Cuba ni atacaran las relaciones entre Cuba y la URSS. A fines de los años 1980, un poco por accidente, aunque no exclusivamente, hubo una apertura parcial de los medios.

La cobertura de los asuntos cubanos siguió siendo muy propagandística. Pero la cobertura internacional era mucho más contradictoria. Las noticias llegaban a través de agencias de prensa extranjeras (incluso occidentales), pero muchas veces la descripción de los acontecimientos por parte de los corresponsales cubanos manifestaba, al menos durante la primera etapa, cierta simpatía por las transformaciones que acontecían en el Bloque del Este.

Los editores de La Habana claramente intentaban guiar ideológicamente al lector a través de comentarios y de trucos sutiles. Eso implicaba, por ejemplo, colocar historias importantes pero «incómodas» en lugares de menor impacto visual, no incluir fotos, escribir titulares con un tono diferente al del texto principal y colocar las noticias «molestas», que remitían a las reformas de los países socialistas, junto a historias de éxito de algún país que no aceptaba las reformas. Pero la información estaba ahí, y, más allá de algunas excepciones, era bastante confiable. Los lectores atentos que no se dejaban guiar por el periódico, no tenían dificultades para encontrarla.  

DB

¿Qué idea se hicieron los cubanos de la caída del Muro de Berlín?

SU

Había pocos análisis explícitos sobre esos países, probablemente porque el periódico no quería que se desarrollara un debate público y abierto sobre las causas que estaban operando detrás de los cambios. Además, está claro que el Granma, percibido como la voz del Estado cubano, quería evitar toda señal que pudiese ser interpretada como una falta de respeto hacia los países aliados.

Con todo, hubo algunas excepciones notables. La más famosa fue el discurso pronunciado por Castro el 26 de julio de 1989, en el que afirmó con claridad que la URSS podía desaparecer. También hubo algunos artículos que criticaban las perspectivas antisocialistas o «anticubanas» de las publicaciones reformistas soviéticas. 

Los editores y los periodistas también eran profesionales, y, a pesar de las distintas presiones que enfrentaban, hacían mención de los acontecimientos más importantes. Además, el Estado cubano no quería perder el apoyo de los socialistas reformistas de Europa del Este, ni enemistarse con los posibles gobiernos futuros por haberlos criticado con demasiada dureza. Entonces, las noticias se centraban en general en la descripción de los acontecimientos.

Por ejemplo, el Granma publicó información bastante detallada sobre las elecciones semidemocráticas de Polonia y cubrió las propuestas reformistas de Hungría, que pretendían desmantelar el sistema de partido único. En este sentido, llegó incluso a citar argumentos convincentes que habrían podido ser reutilizados en Cuba.

El Muro de Berlín fue un caso particular. En 1989 había una cobertura relativamente libre, incluso de países que hasta hace no mucho tiempo había sido cubiertos apologéticamente. Pero en el caso de la RDA, el Granma repitió prácticamente todo lo que decía el gobierno.

Hubo algunas menciones a la migración no autorizada de la RDA a través de los países del Bloque del Este y al fortalecimiento de las manifestaciones, muchas veces acompañadas de comentarios que sugerían que eran operaciones de Occidente. El Granma también publicó una breve historia sobre la conferencia de prensa en la que Günter Schabowksi anunció la apertura de las fronteras. Sin embargo, no se hizo ninguna mención de los hechos del 9 de noviembre de 1989, cuando los manifestantes empezaron a cruzar los controles fronterizos y a trepar al muro. Del mismo modo se omitió el aspecto festivo y el sentido histórico real de todos estos acontecimientos. 

DB

¿El Granma intentó sacar de todo esto algunas lecciones para Cuba?

SU

Hubo algunas sugerencias implícitas, pero no un debate detallado ni autocrítico. El Granma se concentraba sobre todo en problemas que no existían en Cuba, y en los problemas sociales que planteaban las transiciones en términos generales, sugiriendo siempre que un socialismo imperfecto era mejor que un socialismo inexistente. Predominaba, sobre todo después de la disolución de la URSS, la idea de que Cuba era más sólida, su revolución más auténtica y popular, y que debía ser defendida a toda costa. 

Una de las «lecciones» fue la necesidad de mantener la guardia en alto frente al imperialismo, es decir, se sugería que la gente había sido engañada por sus políticos o por Occidente, y que no había que «ablandarse» en términos ideológicos. En una publicación interna, dirigida a los militares, hubo algunas valoraciones más críticas, que reconocían, no solo los errores, sino algunos aspectos más generales, especialmente delicados incluso en el caso de Cuba, como el crecimiento de la burocracia, el envejecimiento de la dirección y las violaciones de la legalidad socialista. 

En 1989, la cobertura de los países del Bloque del Este ya era un poco distante. Casi no se hablaba de la cultura ni de la vida cotidiana, tal vez con la intención de sugerir que no eran relevantes para Cuba. Pero, en cualquier caso, tampoco debe aceptarse la visión unilateral postsoviética, según la cual Cuba siempre fue crítica y se vio forzada a trabar relaciones económicas con Moscú solo a causa del bloqueo estadounidense. Aunque esto es parcialmente cierto, también hubo mucha admiración e influencia ideológica, política, económica y hasta cultural, como bien muestra el libro Caviar with Rum.  

DB

A comienzos del período especial de los años 1990, los acontecimientos del Bloque del Este y las derrotas de la izquierda en América Central claramente debilitaron a Cuba. Dijiste que el Granma evitó discutir el significado general de estos acontecimientos, pero, ¿qué sensación te queda luego de haber entrevistado, en 2013, a algunos miembros del PCC? ¿El relato oficial era creíble para la base del partido o para la población en general? 

SU

Hay que recordar que hubo algún que otro debate público sobre estos acontecimientos. No fue exactamente un tema tabú. Hubo algunos análisis desde arriba, de Castro y otros dirigentes, y también esa extraña autocrítica de haber copiado demasiado a otros países. Pero, en general, el público recibió un relato que explicaba el colapso y las crisis de los movimientos mundiales en términos adecuados a las necesidades políticas del momento. 

Castro había advertido el posible colapso de la URSS dos años antes de que sucediera, y esto contribuyó a reforzar su legitimidad. Y las políticas estadounidenses efectivamente habían presionado a Cuba y la habían llevado a estrechar el vínculo con Moscú tal vez más de lo que Castro hubiese querido.

Algunos de los miembros del PCC que entrevisté sugirieron que la gente tenía otras cosas de las que ocuparse, especialmente en Cuba, que entonces sufría las consecuencias de un shock económico extremo: había muy poca comida y combustible y los cortes de electricidad duraban a veces 18 horas. Un periodista extranjero me contó que se sentaba en el Malecón durante una hora entera y apenas veía pasar dos o tres autos. Tal vez exageraba un poco, pero no tanto. Aun cuando había escuelas y hospitales, muchas cosas funcionaban a medias, los salarios no valían casi nada y las góndolas estaban vacías. 

En este sentido, la situación permitió que el gobierno planteara posponer el debate. Es probable que algunas personas —o tal vez muchas, es difícil saber— también hayan temido una invasión estadounidense.

Estoy seguro de que muchos hubiesen preferido desarrollar un debate mucho más abierto sobre la URSS, o al menos que el gobierno publicara análisis más matizados y diversos, pero es verdad que había temas más urgentes. 

Incluso muchos de los que se consideraban revolucionarios, sintieron una enorme frustración por el hecho de que Cuba no hubiese logrado desarrollar su propia economía, más allá de los tímidos intentos de los años 1980, es decir, la apertura de una industria de biotecnología y el desarrollo del turismo. Pero me parece que Castro y el sistema contaron con mucho apoyo, aun durante los peores años de la crisis. Por ejemplo, Marifeli Pérez-Stable escribe que, en las elecciones de 1993, cerca de un tercio de los cubanos emitieron un «voto de protesta». Aun en el caso de que esto sea cierto, en realidad demuestra que la mayoría apoyaba al gobierno.

DB

Cuando comenzaste a pensar las entrevistas con los miembros del PCC, ¿qué esperabas escuchar?

SU

Mucha gente de la isla no está dispuesta a hablar de política con académicos extranjeros, especialmente si su anonimato no está garantizado. Pero, habiendo vivido en Cuba desde 2007 hasta 2009, sabía que lograría hacer las entrevistas. Sin embargo, tenía poca experiencia con el PCC y me preocupaba la posibilidad de que los participantes simplemente repitieran la línea del partido. 

En el caso que estudio, en realidad no hubo una posición oficial, sino que fue algo más bien difuso. El gobierno permitió que la gente sacara sus propias conclusiones, que variaban de acuerdo a su formación y a la comunicación a la que accedían. Además, 2013 era un muy buen momento para emprender un proyecto de este tipo, pues Cuba atravesaba una relativa apertura y el partido estaba siendo un poco más permeable a perspectivas distintas.

La mayoría de las personas con las que me contacté, aceptaron participar de las entrevistas, tal vez porque querían contarle su historia al mundo. Sentían que existe una representación muy distorsionada de Cuba, y tal vez también simpatizaban con el proyecto, pues habían querido plantear un debate público sobre las transformaciones del Bloque del Este y el colapso.

DB

Muchos de tus entrevistados visitaron los países del Bloque del Este. ¿Los comparaban con Cuba? ¿Qué importancia le asignaban a formar parte del «campo socialista»? 

SU

Variaba mucho, dependiendo del momento en el que viajaban, el tiempo que se quedaban, el conocimiento que tenían de la lengua que se hablaba en el lugar, etc. 

Una mujer trabajadora recordó que la premiaron con unas vacaciones a la URSS y percibió solo las cosas buenas. Viajó antes de la crisis. Otros describieron un país en completa decadencia, especialmente aquellos que fueron durante la segunda mitad de 1980. 

Un entrevistado, piloto de avión, me dijo que estuvo en Kiev durante la crisis de los misiles. Es cierto que cuando Moscú retiró los misiles sin consultar a Castro, se generaron muchas tensiones, pero mi entrevistado señaló que las relaciones entre Cuba y la URSS volvieron a encaminarse al poco tiempo. También habló del resentimiento que reinaba en Checoslovaquia hacia los rusos luego de 1968. Contó que los empleados del hotel trataban muy mal a los cubanos porque eran aliados de Moscú.  

Pero la mayoría de los cubanos ni siquiera viajó, no hablaba esas lenguas y estaba preocupada por su propia realidad. Las relaciones se tejían más bien de Estado a Estado. Algunos entrevistados se sentían poco preparados para hablar sobre la realidad soviética o sobre las relaciones entre Cuba y la URSS y realmente parecían no recordar ni saber mucho del tema. Estaban más preocupados por sus propias vidas y por su país.

Al parecer, había una perspectiva bastante idealizada, pero la URSS era efectivamente un país muy poderoso, es decir, no era solo fruto de la propaganda. Algunos me dijeron que sintieron una enorme admiración por la conquista espacial de los soviéticos y por la capacidad que tenían los soviéticos de desafiar a Estados Unidos. Muchos concebían a la URSS como un país industrializado, sofisticado, solidario, etc., pero también como un mundo muy distante del suyo.

DB

Tus entrevistados manifiestan concepciones distintas del sistema político cubano. Algunos afirman que el partido de vanguardia está inspirado en el ejemplo de José Martí y otros que simplemente fue algo inevitable dadas las circunstancias. Aun cuando a veces se diga que Martí fue leninista antes que Lenin, ¿hasta qué punto el enfoque sobre la tradición revolucionaria «nacional» estuvo motivado por la situación post-1991?

SU

Efectivamente, antes de 1959 existía una tradición revolucionaria nacional inspirada en Martí. Hay un libro muy interesante de Louis Pérez Jr., La estructura de la historia de Cuba, que describe cómo Castro, al igual que muchos políticos y dirigentes sociales que lo precedieron, logró conectar con un mito sobre la revolución incompleta. 

Está claro que Martí no era leninista, pero sí advirtió el peligro del imperialismo estadounidense. Hasta donde sé, nunca defendió el gobierno de partido único, pero sugirió que los patriotas debían evitar las rupturas que frustraron las alternativas cubanas durante la guerra de liberación. Entonces, hasta cierto punto la cuestión está sujeta a debate, aunque el Martí de los cubanos se adecúa demasiado bien a los intereses políticos contemporáneos. No era socialista. Escribió sobre la libertad de prensa y otros temas que, por decirlo de alguna forma, suscitan bastante controversia en Cuba. Pero, aunque no soy un experto en el tema, no creo que Martí haya sido el antisocialista que pretenden presentarnos a veces.

Es probable que algunos revolucionarios se identificaran más con una tradición derivada de Martí y que hayan sido escépticos frente a la ideología soviética que invadió Cuba en los años 1970. En aquel momento, aun si era posible notar ciertas prácticas y discursos rivales, el debate abierto era prácticamente inexistente. Castro muchas veces intentó «negociar» con ideas diferentes, pero lo hacía un poco para validar las grandes transformaciones utilizando su legitimidad personal como líder de la revolución. 

DB

El libro de Helen Yaffe, We Are Cuba!, destaca que la mitad de las seis décadas de historia que tiene la revolución cubana, transcurrió sin apoyo soviético. Sugiere entonces que hay que prestar más atención a la experiencia particular. ¿Qué sensación te queda luego de las entrevistas sobre las diferencias que perciben los cubanos entre su socialismo y el «modelo» soviético? 

SU

Todavía no pude leer el libro de Yaffe, pero obviamente lo tengo pendiente. Pienso que hay muchos elementos que indican que la experiencia cubana fue mucho más participativa y sensible a las demandas populares que los países socialistas de Europa del Este.

Aun en los primeros y caóticos días de la revolución, existía esa forma de «democracia directa» que eran las reuniones públicas donde el líder de la revolución respondía a gritos de «Sí» o «No». También existió el «gran debate» del socialismo de los años 1960, del que incluso participaron algunos extranjeros. Los Comités de Defensa de la Revolución, organizados en los barrios, fueron fundados con fines de control y vigilancia, pero en aquel momento contaban con un gran apoyo de la mayoría dados los frecuentes ataques terroristas que azotaban la isla. También hay movilización y participación, mucho más que en el caso de la URSS. Es probable que las célebres misiones internacionalistas deban ser interpretadas en este mismo sentido, aunque también representan una fuente de ingresos.

El sistema electoral del Poder Popular cubano no es nada pluralista: es cierto que los individuos votados no deben pertenecer necesariamente al PCC, pero la mayoría son del partido y estas instituciones operan efectivamente siguiendo sus directivas. Es difícil, prácticamente imposible, que un opositor resulte electo. Pero como muchos representantes son nombrados primero en sus barrios, y debe haber al menos dos candidatos, a veces uno puede votar contra alguien que no quiere que lo represente. De esta manera, una persona que no es querida por los vecinos tiene muchas menos probabilidades de ser electa.

El mecanismo de ingreso al partido también es distinto, y en teoría busca evitar el arribismo: primero, uno debe ser nominado por los compañeros, etc. Mientras que la élite del partido vive de forma bastante holgada, la verdad es que la mayoría de los miembros del partido no tienen muchos privilegios y hasta es probable que enfrenten ciertos inconvenientes por su militancia. 

Durante los últimos años se realizaron consultas populares que involucraron a millones de personas, pero muchas veces las políticas no cambian en la dirección que surge de estos procesos. También existe la preocupación de saber lo que piensa la gente para intentar ajustar las políticas de una manera acorde. Hasta se recurre a veces a votaciones secretas, pero «el pueblo» que participa no incluye a la oposición ni a los exiliados. Muchas personas critican abiertamente al gobierno sin problemas, pero la oposición organizada sigue siendo perseguida: incluso antes de las protestas actuales, había detenciones y despidos.

Entonces, la revolución cubana no es pluralista, pero fue y es percibida por muchos cubanos como una forma adecuada a la lógica de la mayoría. Tiene muchos rasgos autoritarios, pero también muchos elementos de democracia radical.

También es cierto que el modelo nunca fue estático. Entre las cosas positivas, deben mencionarse la apertura del partido a los creyentes (1990) y la remoción de los odiados permisos de viaje para abandonar el país (2013), aunque el partido sigue teniendo potestad de negar el pasaporte a alguna gente. En fin, sí, un proceso mucho más sensible a las demandas de la población, pero evidentemente no lo suficiente.  

DB

La última gran ola de protestas se produjo en 1994, a comienzos del período especial. ¿El PCC aprendió algo de aquel proceso? ¿Cuáles son las diferencias con lo que sucede hoy?

SU

Pienso que sí, pero las acciones valen más que las palabras. Y, de nuevo, el cuadro es bastante contradictorio.

Desde los años 1990, se implementaron grandes transformaciones, algunas a causa de los cambios geopolíticos, tecnológicos y sociales en general. Las transformaciones políticas muchas veces llegan lentamente: hubo períodos donde no sucedía nada o incluso algunas transformaciones que se revirtieron, completa o parcialmente, como la política respecto a los pequeños comercios. Todavía hay grandes reivindicaciones populares que el gobierno no quiso priorizar o que fue incapaz de cumplir. 

Soy un poco renuente a hacer comentarios sobre las últimas protestas: otros, especialmente los cubanos, tienen más autoridad para hablar. 

Pero sí advertiría contra la idea de que el proceso resulta exclusivamente de un plan maligno y coordinado. Hace mucho tiempo que la pobreza, las restricciones y el descontento afectan a una parte significativa de la población. Incluso algunos de los miembros del PCC y un exmiembro, que participaron de las entrevistas en 2013, sugirieron que les gustaría implementar transformaciones más radicales, pero que el partido estaba debilitado y la revolución corría peligro. 

Más allá de los disparadores inmediatos de las protestas del 11 de julio, se cuentan treinta años de crisis. Eso no significa que todos siempre la hayan pasado mal. Al menos cuando hice las entrevistas, no era solo una pequeña parte de la población la que vivía más o menos cómodamente. Pero las dificultades incrementaron considerablemente durante los últimos años y, al parecer, todavía más durante los últimos meses. Y ciertos elementos del sistema nunca fueron aceptados con unanimidad. 

Los errores del gobierno y las restricciones juegan su parte. Pero también el bloqueo, reforzado violentamente durante el gobierno de Trump. Las crueles sanciones que Estados Unidos aplicó a Venezuela también afectan a Cuba, pues Caracas solía ser una fuente importante de apoyo. El COVID se cobró muchas vidas y paralizó la industria del turismo, fundamental para la economía de la isla. Cualquier país sufre en circunstancias como estas.  

Con todo, independientemente de las causas, hay mucha gente que simplemente está harta y tiene una mala experiencia con el sistema. Como en otros momentos de crisis, se fortaleció la represión, hubo muchos arrestos y violencia, desplegada a veces por agentes directamente estatales y otras veces por agentes movilizados por el Estado.

Aun así, espero que sea una oportunidad para el diálogo. Muchos piden que se normalicen las protestas sociales. Es un derecho básico y, aunque no soy cubano, creo que esto debería haberse hecho hace mucho tiempo. 

También hay muchos cubanos que todavía apoyan el sistema y piensan que tienen mucho que perder. Temen perder las conquistas de la revolución, como la salud, la educación, la seguridad y la independencia nacional. Algunos temen convertirse en otro de los países subdesarrollados de la región. Eso por no decir nada del temor a las intervenciones militares, al conflicto civil o a que los exiliados reclamen sus propiedades. Sin un gran apoyo popular, el sistema habría desaparecido hace mucho tiempo.  

El bloqueo fue diseñado para generar descontento y hacer que la gente salga a las calles. El gobierno cubano responde que tiene que limitar ciertos derechos para proteger el Estado, y una parte significativa de la población lo acepta. Hay quienes piensan que las protestas podrían abrir espacio a una «revolución de color» y la violencia sería utilizada como pretexto para una intervención militar estadounidense, como sucedió en Libia. Como historiador y activista antimperialista, soy consciente de que estos miedos obedecen a causas reales y no son ilógicos. – Los últimos días vi en Facebook una cantidad espantosa de noticias falsas, muchas diseñadas con total seguridad para promover la violencia. No sé quién está detrás de todo esto. 

Deberíamos construir puentes con todos los cubanos, no contentarnos con excusas unilaterales para explicar todos los males de Cuba y apoyar a aquellos que luchan por sus derechos. Pero algo en lo que casi todos los cubanos están de acuerdo —algunos dirán que no es muy importante; pienso que se equivocan— es que debe levantarse el bloqueo. Pienso que nosotros, como extranjeros que nos preocupamos por Cuba, debemos priorizar sobre todo esta reivindicación.

 

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