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Puede que muchos no tengan idea del alcance y la profundidad del poder que el movimiento ganó en todo Estados Unidos, ni de las políticas que esos avances ya produjeron. Ambas cosas quedaron plenamente a la vista en la edición de este año de la conferencia How We Win. (Foto: Francesca Hong para gobernadora)

Los socialistas estadounidenses no se cansan de ganar

Traducción: Natalia López

Más de cien funcionarios electos socialistas democráticos, asesores legislativos y organizadores de todo Estados Unidos se reunieron el fin de semana pasado en Nueva Orleans para la conferencia How We Win. El encuentro mostró la creciente influencia y confianza de los socialistas estadounidenses.

La victoria de Zohran Mamdani en la elección a la alcaldía de Nueva York obligó a muchos observadores políticos a pensar, por primera vez, en los Democratic Socialists of America (DSA) como una fuerza seria y potencialmente formidable en la vida política estadounidense.

Para los más de cien miembros de DSA que se reunieron en Nueva Orleans el fin de semana pasado para la segunda conferencia nacional How We Win [Cómo ganamos], ese hecho estaba claro desde hace tiempo. Organizado por primera vez en 2023 por el DSA Fund, Jacobin y The Nation, el evento se convirtió en una cita clave de funcionarios socialistas electos, asesores legislativos y organizadores, que exhibe la amplitud y la profundidad del creciente peso político de DSA.

«Para mí, a esta altura es un dato que el poder de este movimiento no se puede subestimar», dice Willie Burnley Jr., concejal de Somerville por dos mandatos, que venía de una candidatura fallida a la alcaldía de esa ciudad de Massachusetts. «Se ve a nivel local, estatal y en todo el país».

También se ve mucho más allá de las costas del país, a las que muchos comentaristas suelen afirmar que se limita el atractivo de los socialistas. Entre quienes circulaban por el salón St. Charles del hotel Hilton Riverside el fin de semana pasado había funcionarios electos de los estados montañosos, el Medio Oeste, Nueva Inglaterra, el Noroeste del Pacífico e incluso, de manera destacada, del Sur, una región que no es precisamente conocida por su simpatía hacia el socialismo.

Solo Texas aportó tres funcionarios electos de DSA, todos de concejos municipales: Mike Siegel, de Austin, electo en 2024; Sylvia Campos, de Corpus Christi, reelecta el año pasado; y el recientemente electo Ric Galvan, de San Antonio, que pudo asistir pero estuvo representado por su jefe de gabinete.

La segunda funcionaria socialista en la historia de Georgia, Kelsea Bond, intervino en un debate sobre cómo los socialistas en el poder deberían abordar la cuestión de las fuerzas de seguridad, mientras que los únicos dos funcionarios socialistas electos de todo Carolina del Norte ofrecieron reflexiones sobre cómo trabajar en lo que la programación de la conferencia llamó estados «hostiles», donde el Partido Republicano domina electoralmente y las leyes estatales de preempción, que anulan la capacidad regulatoria de los municipios, vuelven imposibles en el corto plazo objetivos socialistas como gravar a los ricos o estabilizar los alquileres.

«Los obstáculos se sienten como absurdos y desmoralizantes. Me hizo sentir mejor saber que eso pasa en todos lados», dice Danny Nowell, que en noviembre pasado ganó un segundo mandato en el concejo municipal de Carrboro, Carolina del Norte.

«La primera ronda de comentarios fue algo así como tener un grupo de apoyo», dice Siegel. «Después avanzamos en la conversación hacia el aprendizaje de lecciones valiosas. Una idea que escuché fue la de hacer más accesibles los servicios públicos a través de campañas de energía pública y estrategias de reducción de tarifas».

Varios funcionarios recientemente electos de Kentucky asistieron al encuentro, entre ellos J. P. Lyninger, que, tras años de esfuerzos infructuosos de los socialistas locales, se convirtió el año pasado en el primer concejal socialista de Louisville. Un lugar destacado en la agenda estuvo reservado para Gabriela Biro, miembro local de DSA en Nueva Orleans, que el año pasado ganó un escaño en el Consejo Escolar del distrito de Orleans. Allí pelea por la única escuela pública de la ciudad, cuya apertura el año pasado puso fin a la ambición del consejo de ser un distrito gestionado exclusivamente por escuelas chárter.

«Intenté presentarme con un ethos de cercanía y calidez popular, al estilo Dolly Parton», dice, aunque también se inspiró en una fuente inesperada: Moms for Liberty. Biro cuenta que adoptó el manual de ese grupo de derecha, pero con fines ideológicos opuestos, contactando directamente a madres y padres para preguntarles si querían un cambio. Y, dado el descontento generalizado con el sistema de chárter, lo querían.

Creciente influencia socialista

En no pocos casos, los socialistas no solo ganaron bancas, sino que ascendieron a posiciones prominentes. En Toledo, Ohio, una ciudad demócrata en territorio trumpista, Nick Komives es el concejal con más antigüedad, lo que le otorga un estatus de figura veterana que le da mayor influencia. «Mi equipo ahora está integrado en las funciones del Partido Demócrata local», dice.

En St. Louis, Megan Green se desempeña como presidenta del Concejo Municipal desde 2022, desde donde deriva proyectos de ley a los poderosos comités que también designa. Rachel Miller, como presidenta del Concejo Municipal de Providence, Rhode Island, también fija la agenda de ese cuerpo desde 2023, favorecida por la entrada en vigencia de límites a los mandatos, lo que le abrió las puertas a la bancada más joven y diversa en la historia de la ciudad. «Había una tendencia conservadora de larga data, simplemente porque la gente se quedaba en sus bancas durante mucho tiempo», dice. «El Concejo estuvo durante años un poco atrasado, tanto política como demográficamente, respecto del resto de la ciudad».

Providence no es el único lugar donde los funcionarios socialistas vieron cambiar el panorama político en los dos años desde la primera conferencia How We Win. En Nashville, el nuevo alcalde es más receptivo al tipo de política habitacional que el único concejal socialista de la ciudad, Sean Parker, que cursa su segundo mandato, quiere impulsar. Parker atribuye el giro a una dura pelea por un nuevo estadio subsidiado con fondos públicos, un despilfarro contra el que ayudó a organizar la oposición y que, según dice, también atrajo a más gente a la política municipal.

Mientras tanto, Wisconsin vio la elección del primer socialista al Concejo Municipal de Milwaukee desde 1948, quien prometió «traer de vuelta el socialismo del alcantarillado» a la ciudad, y el bloque socialista en la asamblea estatal, formado hace dos años (el primero en noventa y dos años), duplicó su tamaño hasta llegar a cuatro integrantes. Eso ocurrió en parte gracias a la incorporación el año pasado de la representante estatal Francesca Hong, electa por primera vez en 2020, a quien el socialista Ryan Clancy describe como miembro «de facto» del bloque desde su fundación. Hong ahora entró en la carrera por la nominación demócrata a gobernadora y actualmente lidera el nutrido pelotón, gracias al amplio espacio que dejó la jubilación del gobernador Tony Evers.

«Me gusta llamar a Zohran el Fran Hong de Nueva York», bromea Clancy. Con más de 1.300 voluntarios y un aluvión de apoyo de pequeños donantes, Hong espera replicar a nivel estatal el éxito impulsado por la gente que logró Mamdani, con la promesa de cuidado infantil universal y una visión que apunta a ampliar el electorado. «A la gente trabajadora la están exprimiendo. Está estresada y exige un cambio de liderazgo», dice Hong, que además de ser madre soltera alquila su vivienda y trabaja como bartender. «Son las mismas cosas que vive la gente, ya sea urbana, rural o suburbana».

No sorprende que los asistentes a la conferencia contaran que las ondas expansivas del terremoto político de Mamdani se sentían en todo el país, incluso en algunos lugares inesperados. «No vi que una elección a la alcaldía de Nueva York penetrara así en Nashville», dice Parker. Durante el reciente cierre del gobierno, él y sus colegas del concejo retomaron el reclamo de colectivos rápidos y gratuitos como medida de alivio temporal. «Creo que ese fue el efecto Mamdani», dice.

«Inspiró muchas conversaciones entre mi equipo y mis pares progresistas en el concejo municipal sobre cómo formular una agenda de asequibilidad similar», dice Siegel, aunque advierte que las enmiendas constitucionales estatales contra los impuestos municipales implican que en Austin esto no se financiaría con un gravamen a los ricos al estilo Mamdani.

Victorias de la política socialista

Probablemente, el cambio político más dramático haya ocurrido en Portland, Oregón, donde, tras años de organización, los miembros de DSA ahora ocupan un tercio de las bancas del concejo municipal, algo inédito en una ciudad de ese tamaño.

Una clave fue el programa de fondos de contrapartida para pequeños donantes aprobado en 2016 y modelado sobre el mismo sistema de financiamiento público que llevó a Mamdani a la victoria en Nueva York. Otra fue la adopción por parte de la ciudad, aprobada de manera abrumadora por los votantes en 2022, de un sistema electoral de voto preferencial con distritos plurinominales, del tipo que se usa en Irlanda. En la ciudad de Oregón eso implica tres concejales por cada uno de cuatro distritos de alcance municipal, lo que en la práctica permite ganar cargos con una minoría amplia de votantes de cualquier distrito, sean progresistas o conservadores.

«Miramos el sistema irlandés, miramos a Sinn Féin y a otros con quienes DSA tiene vínculos, y vimos que en este sistema de salir a golpear muchas puertas gana elecciones», dice Benjamin Gilbert, copresidente del comité Socialistas en el Cargo de Portland DSA.

Esas victorias electorales se convirtieron en victorias de políticas públicas. El nuevo concejo impulsado por socialistas en Portland aprobó una prohibición del uso de algoritmos para la fijación de precios, reasignó 2 millones de dólares del presupuesto policial a parques y ahora trabaja para sancionar una Carta de Derechos de los Inquilinos, respaldada por cinco de los doce concejales y modelada sobre una medida aprobada por los votantes en la cercana Tacoma, Washington, hace dos años. Entre sus disposiciones figuran topes a las comisiones, la exigencia de seis meses de aviso previo para los aumentos de alquiler y la obligación de que los propietarios paguen los costos de mudanza cuando suben el alquiler más de un 5 por ciento.

En Nashville, Parker señala un referéndum respaldado por los votantes para aumentar medio centavo el impuesto a las ventas y financiar el transporte público, y un paquete de reforma de zonificación que él encabeza y que abrirá la puerta a una mayor densidad habitacional en la ciudad. Providence, que en un momento ostentó el dudoso honor de ser la ciudad con los alquileres que más rápido crecían en el país, bajo el liderazgo de Miller vio a su concejo municipal ponerle límites a una táctica usada por fondos de capital privado para comprar propiedades en masa, prohibir la fijación algorítmica de precios como hizo Portland y reformar las normas de zonificación para incentivar una mayor densidad y asequibilidad.

Las medidas muestran el potencial cruce productivo entre la izquierda y el tan denostado movimiento «Abundance», así como sus límites. «En Nashville lo llamamos, medio en broma, ‘la alianza izquierda-lib’», dice Parker. «Gente más cercana a las ideas de Abundance trabajó con nosotros en temas como el aumento de densidad y la vigilancia». «Hay un grupo de Abundance en Providence, y apoya medidas que hacen posible construir más viviendas», dice Miller. «Pero apenas empezamos a hablar de regulación de precios, de mantener la asequibilidad, o de cualquier cosa que no sea ‘podemos salir de la crisis habitacional construyendo’, ahí es cuando aparece mucho miedo y angustia».

Esas son las medidas por las que Soli Alpert pudo pelear como presidente del Consejo de Estabilización de Alquileres de Berkeley, integrado por nueve miembros, cargo para el que fue electo por primera vez en 2018 cuando todavía era estudiante. Pero el objetivo de Alpert no es solo defender los derechos de los inquilinos y la asequibilidad de la vivienda, incluida la prohibición del uso de algoritmos de fijación de precios por parte de los propietarios, sino también reconstruir el otrora poderoso movimiento de inquilinos del Área de la Bahía.

Alpert señala la exitosa iniciativa electoral que impulsó en 2024, que no solo amplía las protecciones a los inquilinos sino que también protege el derecho a organizar sindicatos de inquilinos, permitiéndoles solicitar una reducción del alquiler ante el consejo si se determina que un propietario violó ese derecho. El resultado fue «un boom de organización», dice.

No todas las victorias de política pública involucraron el tema vivienda. En Austin, Siegel encabezó la finalización del programa local de lectores automáticos de patentes (ALPR) de la policía, una forma perniciosa de vigilancia masiva que volvió a generar polémica por los esfuerzos de deportación masiva de Trump. En Toledo, Komives lideró un esfuerzo local para convertir el gas de los rellenos sanitarios en energía renovable y venderlo, para tapar el agujero presupuestario que dejó la austeridad a nivel federal.

Y no todo el cambio político benefició a los socialistas. En Missoula, Montana, los dos socialistas del concejo municipal se redujeron a uno, después de que Daniel Carlino, que me contó por primera vez sus dificultades para avanzar con políticas socialistas en la ciudad durante la conferencia inaugural How We Win de 2023, perdiera su reelección por cuatro puntos. Kristen Jordan, que sí logró reelegirse y quedó como la única socialista en el concejo, atribuye el resultado a una campaña deliberada de desprestigio por parte de un establishment demócrata local implacablemente hostil.

Mientras tanto, en Somerville, Massachusetts, que fue durante mucho tiempo un semillero de esfuerzos electorales socialistas, el concejal Willie Burnley Jr. dejará la banca que ocupó por dos mandatos tras quedarse corto en la carrera por la alcaldía en noviembre pasado. A pesar de la derrota, mira su gestión con orgullo, tras haber liderado con éxito iniciativas para condonar deudas médicas y fortalecer los derechos de los inquilinos, y cree que su campaña deja al capítulo local bien posicionado. «Mi campaña ayudó a sumar gente a DSA que de otro modo nunca habría sido parte de la organización, incluyendo activistas desde los 16 años», dice. «De verdad ayudamos a construir una estructura que ninguna de nuestras campañas de Boston DSA había tenido antes, y que será útil de acá en adelante».

Conversaciones difíciles

Con decenas de funcionarios electos, sus asesores y organizadores de capítulos locales reunidos bajo un mismo techo, el evento brindó una oportunidad clave para que socialistas habitualmente dispersos intercambiaran ideas y trazaran estrategias.

En una sesión sobre la protección de comunidades inmigrantes, el concejal de Chicago Anthony Quezada explicó a los asistentes cómo transformó su oficina en un «centro de organización» para resistir el despliegue acelerado de las Immigration and Customs Enforcement impulsado por Trump en la ciudad de Illinois durante el verano pasado. En otra, participantes de media docena de estados hicieron presentaciones sobre las respectivas peleas por los ingresos que encabezaron, detallando las coaliciones que construyeron, las estrategias adoptadas y los vientos contrarios en contra que enfrentaron. Uno de ellos pidió ideas para recolectar firmas para una iniciativa electoral para gravar a los ricos prevista en Michigan e instó a miembros de DSA de otros estados a viajar para apoyar esta campaña.

El grupo de discusión más grande se centró en la cuestión de la «cogobernanza»: las estructuras que conectan a los funcionarios electos con sus capítulos locales de DSA, y cómo garantizar que los socialistas sigan impulsando las prioridades políticas de la organización una vez en el poder.

Los capítulos debían preparar a quienes ingresaban a cargos electivos para las realidades de su nuevo estatus, dijo un participante, incluidas las demandas de recursos humanos y la nueva relación con asesores a quienes antes podían considerar amigos y compañeros. No alcanzaba con que los capítulos construyeran candidatos, sostuvo otro; también debían construir un banco profundo de asesores y asegurarse de que el valioso conocimiento institucional no se perdiera por la rotación.

En Portland, esa cogobernanza toma la forma de reuniones regulares y comunicación frecuente entre los funcionarios electos y el comité Socialistas en el Cargo (SIOC) del capítulo local, según Gilbert, su copresidente, que subraya que la estructura, creada relativamente hace poco, sigue en desarrollo. A su vez, los miembros del SIOC actúan como lobistas registrados y no remunerados ante la ciudad, de acuerdo con las leyes de Oregón. «Creo que más organizaciones que avalan candidatos deberían acompañarlos después, no solo ponerles un logo», dice Gilbert.

Esto también implica usar la acción de masas, boletines y otras herramientas para difundir las peleas y victorias legislativas hacia adentro, con el objetivo de construir impulso para el socialismo hacia afuera. Gilbert señala la sanción de la prohibición de la fijación algorítmica de precios en Portland, que DSA acompañó llevando a sus miembros al ayuntamiento para presenciarla, seguida de un mensaje masivo a la membresía del capítulo local anunciando su aprobación. «Leí respuestas a ese mensaje que decían: “No tenía idea de que esto había pasado. Es increíble”, y preguntaban cómo volver a involucrarse», dice. Y añade: «Si tenemos una victoria legislativa y no llevamos a los militantes de base a nuestras organizaciones, estamos resignando poder».

El fin de semana no estuvo exento de desacuerdos, ya que el encuentro cara a cara ofreció la oportunidad de discutir temas que dividieron al movimiento. Un debate giró en torno a cómo los socialistas electos deberían orientarse frente a los políticos del establishment con los que se ven obligados a trabajar.

Quienes defendían una postura más antagonista argumentaron que apoyar legislación mayormente objetable solo para intercambiar favores era una traición a las comunidades que habían sido elegidos para defender, y que los socialistas electos debían estar dispuestos a perder sus bancas para mantener la línea en ciertos asuntos. Del otro lado, los asistentes sostuvieron que hacía falta cierta flexibilidad para trabajar dentro del sistema y cumplir con los electores, y que los socialistas debían demostrar a sus colegas más centristas que trabajar con ellos no era una pérdida de tiempo, además de darles el espacio y la oportunidad para cambiar su forma de pensar.

«No creo que mis colegas me hubieran elegido como presidenta si yo adoptara una postura totalmente confrontativa», dice Miller, que transformó su experiencia como organizadora en una reputación dentro del concejo como constructora de consensos y como «la adulta en la sala». «Tiendo a pensar que parte de esto lo tenemos que hacer trabajando con la gente, sumándola y llevándola con nosotros», dice.

«Tenemos que posicionarnos de modo tal que no nos vean simplemente como actores hostiles que quieren derribar el sistema», dice Burnley:

Aunque tengamos una política transformadora, tiene que estar presentada de una manera que permita decir que buscamos mejorar todas las cosas buenas que ya existen, y que incluso aunque no provengas de la clase trabajadora o no seas socialista, puedes verte reflejado en nuestra visión compartida. Para eso, tenemos que poder mantener relaciones con otros funcionarios electos, que tal vez no comparten nuestra visión general del mundo.

Sin embargo, quienes estaban en el lado más conciliador también consideraron valiosos los argumentos del sector más confrontativo. «Hasta esa conversación con gente más proclive a ser antagonista no se me había ocurrido qué oportunidad representan nuestras líneas duras como socialistas», dice Nowell. «Si sabemos desde dónde no podemos movernos, eso le da al establishment una idea de hasta dónde puede moverse para encontrarse con nosotros: si puedes cumplir esta condición de solidaridad, entonces podemos intercambiar en otras cuestiones».

Ambos lados parecieron coincidir en términos generales en que el enfoque adecuado dependía de las condiciones políticas más amplias: si se trataba de un estado azul o rojo, si eran mayoría o minoría legislativa, o si eran la única representación socialista en el cuerpo electivo o formaban parte de un bloque. Para muchos, los dos enfoques no eran excluyentes.

En la asamblea de Wisconsin, dice Hong, construyó relaciones tanto con demócratas centristas como con quienes podrían ser progresistas pero no se consideran socialistas, porque ella y el bloque socialista se ven a sí mismos ante todo como organizadores y «la organización se basa en construir relaciones». Pero también mantuvieron la línea en ciertos principios y votaron en contra de legislación que los violaba, preservando las coaliciones que construyeron con organizadores progresistas por fuera y liderando todo, según ella, con coraje moral y fijando expectativas, mientras impresionaban a otros miembros con sus reuniones regulares para discutir proyectos y su infraestructura de comunicación. «Así que yo diría que aportamos el tipo de liderazgo y de estructura que permite gobernar de manera más efectiva», dice.

Para Kristen Jordan, de Missoula, los movimientos necesitan todo eso, tanto quienes empujan los límites como quienes construyen relaciones. Recuerda a una amiga que se ve a sí misma como negociadora y le dijo que no podría hacer su trabajo sin quienes estiran la cuerda, un rol que Jordan asume con comodidad en lo que describe como un Concejo Municipal conservador que prioriza acumular capital político entre colegas por encima de los principios y del bien común. «Les hablo a los votantes en el oído en lugar de tratar de agradar al concejo», dice.

A lo largo de su gestión, Jordan afirma que recibió mucha más resistencia del establishment demócrata del Concejo, una queja nada infrecuente entre los asistentes a la conferencia, que de los pocos integrantes conservadores, con quienes construyó buenas relaciones de trabajo. Pero algo curioso pasó después de que ganó un segundo mandato con un contundente margen de trece puntos en noviembre pasado. «La reelección consolidó mi posición», dice. «La gente se me acercó diciendo que quería trabajar conmigo».

No conviene subestimarlos

Los tres días del evento socialista en Nueva Orleans mostraron la creciente madurez y sofisticación de una organización y la realidad de un movimiento político más amplio, que a menudo fue descartado durante la última década, tanto por el establishment político como, a veces, por sus propios adherentes.

En lugar de faccionalismo, poses y conflictos interpersonales, la edición 2025 de How We Win mostró un movimiento serio y unido, concentrado con precisión en ganar poder estatal y municipal, en usar ese poder para beneficiar a la clase trabajadora estadounidense y en seguir fortaleciéndose, ansioso por intercambiar estrategias y tácticas para lograrlo y capaz de procesar desacuerdos potencialmente ásperos de manera productiva. El establishment puede seguir subestimándolos, incluso hasta su propia derrota.

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Publicado en Artículos, Ciudades, Estado, Estados Unidos, homeIzq, Ideas, Partidos, Política and Políticas

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