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El lunes, los ataques israelíes en Gaza mataron a veinte personas, de las cuales diez eran niños. (Foto: AFP)

Israel es un Estado de apartheid

En Jerusalén no hay «enfrentamientos» entre israelíes y palestinos. Lo que estamos viendo es la brutal realidad de una potencia ocupante que, envalentonada por el apoyo incondicional de Estados Unidos, ejerce su poderío militar sobre un pueblo despojado de sus derechos humanos básicos.

Ha sido una semana brutal para los palestinos de Jerusalén. 

Mientras los colonos israelíes de línea dura preparaban un provocador desfile por el barrio musulmán de la Ciudad Vieja, las fuerzas de seguridad israelíes apuntaron con sus armas a los pacíficos manifestantes y fieles palestinos que realizaban las oraciones del Ramadán en la mezquita de Aqsa, hiriendo a cientos de personas en otra brutal represión. Los videos que han circulado por las redes sociales en los últimos días muestran a policías israelíes lanzando granadas de aturdimiento y disparando balas de goma en el interior de la mezquita, atacando con bombas de gas lacrimógeno y golpeando con saña a un palestino en el recinto de la mezquita. El lunes, los ataques israelíes en Gaza mataron a veinte personas, de las cuales diez eran niños. 

Una vez más, Israel ha convertido sus celebraciones del Día de Jerusalén –una fiesta nacional israelí que conmemora la reunificación de Jerusalén y el establecimiento del control israelí sobre la Ciudad Vieja– en una ocasión para reprimir a los palestinos y recordar al mundo que, en los hechos (y como lo reconoció un informe de Human Rights Watch la semana pasada), es un Estado de apartheid.

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha elogiado a la policía por «actuar con mano dura» contra los palestinos: «Jerusalén es la capital de Israel y al igual que toda nación construye en su capital y construye su capital, nosotros también tenemos derecho a construir en Jerusalén y a construir Jerusalén. Eso es lo que hemos hecho y lo que seguiremos haciendo». 

Esto no es más que un plan descarado de acaparamiento de tierras, un plan expansionista tramado a plena luz del día y respaldado por colonos violentos. La visión del «Gran Jerusalén» de Netanyahu planea anexionar Jerusalén, donde cientos de miles de palestinos –que constituyen casi el 40% de la población de la ciudad, con miles viviendo más allá de la «barrera de separación» en Jerusalén Este– se enfrentan a la perspectiva diaria de ser desplazados. Los colonos de extrema derecha, armados hasta los dientes y envalentonados por los políticos de derechas, insisten en que el Tribunal Supremo israelí lleve a cabo el desalojo de las familias palestinas de Jerusalén Este. 

Lo que está ocurriendo en Jerusalén, por tanto, no son «enfrentamientos» entre israelíes y palestinos, como quieren hacer creer los principales medios de comunicación. Lo que está ocurriendo es la brutal realidad diaria de una potencia ocupante que, envalentonada por el apoyo incondicional de Estados Unidos y la apatía internacional, ejerce su poderío militar contra un pueblo apátrida que vive bajo su control, despojado de sus derechos humanos y civiles básicos. Lo que está ocurriendo es un gobierno de Netanyahu envalentonado por el ensordecedor silencio de Washington, donde el gobierno de Biden aún no ha adoptado una postura clara sobre la continua violación de los derechos palestinos. 

En Washington, las pocas excepciones al silencio cobarde o a los vítores proisraelíes han venido de los políticos de izquierda. Entre ellos se cuenta el senador Bernie Sanders, quien se pronunció firmemente contra la brutalidad desenfrenada de los colonos israelíes respaldados por el gobierno: «Estados Unidos debe pronunciarse firmemente contra la violencia de los extremistas israelíes aliados del gobierno en Jerusalén Este y Cisjordania, y dejar claro que los desalojos de familias palestinas no deben seguir adelante». 

La representante Alexandria Ocasio-Cortez, por su parte, expresó en un mensaje de Twitter: «Nos solidarizamos con los residentes palestinos. Las fuerzas israelíes están obligando a las familias a abandonar sus hogares durante el Ramadán e infligiendo violencia. Es inhumano y Estados Unidos debe mostrar liderazgo para salvaguardar los derechos humanos de los palestinos».

La congresista Rashida Tlaib compartió en Twitter un vídeo en el que se ve a las fuerzas israelíes disparando granadas aturdidoras contra un centro médico palestino y dijo: «No hay ninguna razón, ninguna, para atacar a la gente mientras está rezando o buscando atención médica, salvo para deshumanizarla y aterrorizarla». Al pedir al presidente Joe Biden que intervenga e impida que Israel entre en el Monte del Templo, donde sus fuerzas han estado atacando a los fieles palestinos, Tlaib advirtió además que «demasiados guardan silencio o se desentienden mientras el dinero de nuestros impuestos en Estados Unidos sigue utilizándose para este tipo de inhumanidad. Estoy cansada de que la gente actúe desde el miedo en lugar de hacer lo correcto debido a la intimidación de los grupos de presión proisraelíes. Esto es apartheid, simple y llanamente».

El representante Ilham Omar también tuiteó en solidaridad: «Esto está ocurriendo mientras los musulmanes rezan el tarawih y el tahajud en Palestina. Para las familias que rezan toda la noche durante el Ramadán, la mezquita es como su casa. Los palestinos merecen encontrar refugio en una mezquita y paz en el Ramadán».

Durante décadas, las administraciones consecutivas han dado a Israel un cheque en blanco para que prosiga con sus políticas expansionistas y segregacionistas contra los palestinos, dándole miles de millones de dinero público y respaldándolo hasta el final, prodigando dinero a un gobierno de apartheid que está matando y desplazando a los palestinos cada día. 

Estados Unidos no debe ser cómplice de estas continuas atrocidades. El gobierno de Biden debe presionar a Israel para que ponga fin a su ocupación, desmantele sus asentamientos ilegales y reconozca los derechos de los palestinos. Debe seguir el ejemplo de los senadores Sanders y Elizabeth Warren, que han pedido repetidamente que se impongan condiciones a la ayuda militar estadounidense a Israel. 

No se puede permitir que Israel actúe con impunidad, que mate y desplace sin consecuencias. La ocupación y el apartheid deben tener un coste.

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