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(Unsplash)

¿Puede existir una red social latinoamericana?

Las redes sociales se han convertido en un elemento central de la vida política moderna y son demasiado poderosas para que unos cuantos multimillonarios las dirijan. Por eso, surgen en América Latina algunas propuestas regulatorias.

En su conferencia de prensa matutina del 20 de enero, AMLO advirtió a los mexicanos sobre los vínculos de Twitter con la derecha en el país. “El director de Twitter en México era militante o simpatizante muy cercano al PAN (…) esto es importante porque no son sólo las instituciones o los organismos, o decir Twitter o Face, sino ver quiénes manejan estas instituciones, quienes son, porque ustedes que son periodistas saben que es muy, muy difícil que haya neutralidad”, reveló el presidente.

Tras la declaración de AMLO, el “Rey Tuitero”, una cuenta simpatizante del gobierno, denunció que cuando se abre una nueva cuenta en Twitter, la plataforma sugiere seguir políticos del PAN.

Las represalias no se hicieron esperar. En los días siguientes, Twitter no sólo suspendió la cuenta del “Rey Tuitero” sino también la de dos otras personas afines al gobierno con decenas de miles de seguidores, supuestamente por “por violar las reglas de spam y manipulación de la plataforma”. Estas clausuras desataron la indignación por parte de los usuarios partidarios de AMLO, quienes viralizaron los hashtags #TwitterEsPanista y #Twitter censura.

Las redes sociales ya no parecen ser tan “benditas” como las calificó AMLO cuando celebró su triunfo en las elecciones presidenciales la noche del 1 de julio de 2018. En aquel entonces, AMLO había agradecido a las redes por permitirle eludir la censura de los consorcios mediáticos para dirigirse directamente a su electorado durante su campaña. Tres años después, el romance se acabó. En una de sus mañaneras, AMLO acusó a las redes de haberse convertido “en la Santa Inquisición de nuestros tiempos.

Esta no es la primera vez que las redes sociales han callado voces progresistas en la región. El 12 de abril del 2019, la plataforma cerró definitivamente la página del expresidente ecuatoriano Rafael Correa (1,5 millones de seguidores). En septiembre del mismo año, Twitter bloqueó a varios periodistas y medios en Cuba sin justificación. Un año antes, la red también suspendió momentáneamente la cuenta del excandidato de izquierda a la presidencia colombiana, Gustavo Petro, (1,4 millones de suscriptores).Y estos tan sólo son algunos ejemplos.

El progresismo dividido frente a la opción regulatoria

La censura de las cuentas pro-AMLO por fin despertó al progresismo sobre el creciente poder de las redes. Sin embargo, no existe un acuerdo sobre qué estrategia adoptar para frenarlo.

El 1 de febrero, Ricardo Monreal, líder de MORENA (el partido de AMLO), propuso un proyecto de ley para regular las redes que tienen más de un millón de usuarios en México (Twitter, Facebook, Instagram, YouTube y TikTok). “La única forma correcta de proteger el derecho humano de libertad de expresión en el ciberespacio, es la vía legislativa”, aseguró.

La iniciativa prevé que cualquier persona cuya cuenta sea bloqueada pueda objetar la decisión y reclamar una respuesta por parte de la red en un plazo de 24 horas. Si los usuarios no reciben una respuesta positiva en su caso, podrían apelar al Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) y después a los tribunales mexicanos. En caso de que la suspensión sea considerada arbitraria, la red podría pagar una multa de hasta 4,4 millones de dólares.

Sin embargo, a AMLO no le convenció la propuesta. “Estos temas [la regulación] son polémicos”, comentó en una de sus mañaneras.

¿Se referirá AMLO a la experiencia de los gobiernos de Cristina Kirchner en Argentina y Rafael Correa en Ecuador con la regulación de medios? Ambos gobiernos apostaron por leyes (la Ley de Medios en Argentina y la Ley de Comunicación en Ecuador) para para quebrar el monopolio de los medios de comunicación por el sector privado. En ambos casos, estas fueron tildadas de “mordaza” y los gobiernos de ser “enemigos de la libertad de expresión”, pese a que las leyes nunca llegaron a ser totalmente aplicadas.

En todo caso, los nuevos gobiernos progresistas descartan firmemente la opción regulatoria. “Yo soy partidario de que no se regule lo que tiene que ver con los medios de comunicación (…) que no haya ningún mecanismo de regulación, ninguna censura”, declaró el AMLO para justificar su oposición a la propuesta de Monreal. “Está prohibido prohibir”, agregó.

Asimismo, el presidente argentino Alberto Fernández consideró que la Ley de Medios “no fue el camino” para promover más pluralidad en los medios. Según el presidente, “Para multiplicar [voces] hay un montón de remedios y no necesitan una ley de medios: está la defensa de la competencia, defensa del consumidor, son mecanismos que permiten multiplicar voces“. Esta retórica mercantilista marca una ruptura con la visión de su predecesora, quien definió a la información como una actividad “de interés público” que no podía ser confiado únicamente a empresas.

¿Hacia una red social regional ?

La oposición de AMLO a la ley de Montreal no significa que el presidente piensa quedarse de brazos cruzados ante el creciente poder de las redes. En alternativa a la regulación, el mandatario planteó otra iniciativa que podría reconciliar ambos bandos del progresismo en la región: la creación de una red social pública.

El diseño de la nueva aplicación fue encargado a finales de enero al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), así como a las secretarías de Gobernación y Relaciones Exteriores. El gobierno no especificó para qué fecha está prevista la red, ni proporcionó más detalles sobre la forma que tomaría.

¿Una idea ingenua? Las redes sociales son empresas monopólicas en su esencia. Para que una red social pueda competir con Facebook, necesita alcanzar una masa crítica de usuarios que luego abandonen la plataforma de Zuckerberg. Sin embargo, el éxito de la red social pública rusa VK creada en 2007, conocida como “el Facebook Ruso”, prueba que no es imposible. En 2020, VK se convirtió en la red social más popular del país por mensajes intercambiados.

Eso sí, para aumentar el número potencial de usuarios de la red propuesta por AMLO, “sería mejor que la iniciativa sea regional”, considera Luis Ángel Hurtado, experto en redes sociales de la UNAM.

Según el investigador, durante una reunión con otros líderes de la región, la expresidenta de Brasil Dilma Rousseff hizo un llamado a favor de la creación de una red social para el Cono Sur poco antes de ser destituida. Pero la propuesta nunca se concretó, pues “(…)perdió atención por el proceso de destitución de Dilma Rousseff y la renovación del gobierno en Brasil”, lamentó Hurtado.

La propuesta de AMLO podría ser una oportunidad para retomar esta iniciativa. De esta manera, el progresismo podría llegar a garantizar un espacio de discusión libre, lo que el primer “giro a la izquierda” no consiguió.

En efecto, las leyes de comunicación de Kirchner y Correa no sobrevivieron al giro conservador. A las pocas semanas de estar en el poder, los gobiernos neoliberales de Lenín Moreno y Mauricio Macri derogaron sus artículos más importantes. Ambos mandatarios desmantelaron los medios públicos creados por sus predecesores. Estos atropellos a la libertad de expresión no causaron mayor conmoción, puesto que dichas plataformas no lograron alcanzar altos ratings y tenían la reputación de ser “voceros del gobierno”.

La creación de una red social pública regional podría evitar que estas historias se repitan. Llegar a tener una masa crítica de usuarios en una red social es un verdadero desafío, pero en caso de ser alcanzada, esta también permitiría garantizar su perennidad. En otras palabras, sería más difícil para los gobiernos de turno deshacerse de ella. ¿Quién puede imaginarse una vida sin Facebook o Twitter? La fuerza de las redes radica en que, aunque no nos gusten, las seguimos usando porque dependemos de ellas.

 

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