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(Sebastião Ribeiro Salgado)

El MST: un movimiento social clasista y socialista

Traducción: Valentín Huarte

El 1° Congreso del MST fue celebrado un día como hoy en 1985. Recordamos la fecha con este agudo análisis de Leo Panitch, donde se resalta el carácter socialista y clasista de los Sin Tierra.

El militante e intelectual socialista Leo Panitch estudió de cerca la genesis y desarrollo del Movimiento de los Sin Tierra. En el texto que publicamos a continuación, Panitch reseña el libro de Rebecca Tarlau, Occupying Schools, Occupying Land: How the Landless Workers’ Movement Transformed Brazilian Education y sintetiza loaprendizajes estratégicos que se desprenden del movimiento.

La desaparición de los regímenes comunistas y la colaboración de tantos partidos socialdemócratas con la globalización capitalista y neoliberal, llevaron al surgimiento de una fuerte sensibilidad anarquista en la izquierda radical, que fue muy influyente durante un período considerable de tiempo. De las protestas intercontinentales contra la globalización a comienzos del milenio a la rápida difusión de Occupy Wall Street desde Nueva York hacia otras ciudades internacionales de Estados Unidos, el estado de ánimo dominante reflejaba cierta desconfianza, si no desprecio, frente a cualquier estrategia política que implicara volver al Estado.

Y luego, de repente, la gente pareció comprender que es posible protestar hasta que el infierno se congele, pero que eso no basta para cambiar el mundo. Esta comprensión llegó durante el corto período de tiempo que llevó de las plazas de Madrid y Atenas al rápido crecimiento electoral de Podemos y Syriza. También fue el germen de las insurgencias de Corbyn y Sanders al interior de los partidos de centroizquierda más importantes del Reino Unido y de los Estados Unidos.

Cambiar el mundo sin tomar el poder, obra de John Holloway inspirada en los Zapatistas de Chiapas, sintetizó de manera célebre el estado de ánimo de la izquierda previo a la disputa electoral. Un nuevo libro muy importante, inspirado por un ejemplo latinoamericano muy distinto, logra capturar el Zeitgeist opuesto que caracteriza nuestro presente. Se trata de Occupying Schools, Occupying Land: How the Landless Workers’ Movement Transformed Brazilian Education de Rebecca Tarlau.

Tarlau es militante de DSA (Democratic Socialists of America). Es profesora de la Universidad Estatal de Pensilvania y es la hija de Jimmy Tarlau, que fue durante mucho tiempo el líder del sindicato de los trabajadores de telecomunicaciones de Estados Unidos (CWA). Presenta la «larga marcha a través de las instituciones» del sistema educativo brasileño que hizo el MST con gran detalle, desde las escuelas hasta las universidades y desde Rio Grande do Sul hasta Pernambuco, en el Nordeste, apoyándose más en su formación previa como antropóloga en la Universidad de Michigan que en su formación universitaria en Educación en la Universidad de Berkeley. El resultado es uno de los análisis más profundos jamás escritos de lo que significa estar «adentro y en contra del Estado» como práctica estratégica.

Forjados en la lucha crucial contra el régimen militar brasileño durante los años 1970, los cuadros del Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) siempre estuvieron muy vinculados con el Partido de los Trabajadores (PT). La orientación estratégica del PT en aquel entonces podría resumirse así: «Nosotros organizamos a la gente. Somos buenos haciendo eso. Pero debemos entrar al Estado. Una vez que estemos en el Estado, tenemos que seguir organizando a la gente. Tenemos que usar los recursos estatales para ayudar a organizar a quienes todavía no se organizaron».

Fue esta orientación la que inspiró el famoso experimento de presupuesto participativo en Porto Alegre, en donde un alcalde del PT había sido electo a fines de los años 1980. Puedo dar testimonio de que, cuando activistas de todas partes asistían a las distintas ediciones del Foro Social Mundial a comienzos del milenio y se enteraban de este experimento, la mayoría salía de Porto Alegre hablando como Lincoln Steffens luego de visitar la URSS en 1919, cuando declaró: «He visto el futuro, y funciona».

En realidad, el proceso de presupuesto participativo estuvo lleno de contradicciones y limitaciones. Esto estuvo claro desde un comienzo para quienes impulsaron el experimento hace aproximadamente una década. Uno de los problemas fue que quienes participaban en las bases nunca llegaban a decidir las cuestiones estratégicas más importantes con las cuales el gobierno local del PT debía lidiar. Sí, a los representantes de las favelas se les permitía dirigir recursos para construir cloacas en vez de una nueva ruta, pero nunca se involucraron en las cuestiones estratégicas que implicaba lidiar con los terratenientes que reclamaban los terrenos una vez que las rutas y las cloacas habían sido construidas. Por el contrario, el MST se comprometió activamente en el desarrollo de las capacidades políticas y estratégicas de las personas que participaban de sus campamentos y tomas de tierra (sosteniendo a su vez una escuela nacional de cuadros en São Paulo). Los activistas del MST también se dedicaban, como muestra bien Rebecca Tarlau, a fomentar estas capacidades por medio del sistema de la educación pública.

Cuando el PT eligió sus primeros alcaldes a fines de los años 1980, el partido descubrió que debía enfrentar acusaciones de clientelismo cada vez que decidía contratar un colectivo para llevar a los manifestantes a Brasilia para desafiar la manera en la que se distribuía el gasto del Estado federal. Dado que los líderes del partido se habían comprometido a eliminar las prácticas clientelares, no supieron cómo responder a esas críticas. Entonces simplemente dejaron de hacerlo. El MST no tenía que enfrentar la misma contradicción política. La misma larga marcha a través de las débiles estructuras educativas del Estado clientelar y de los gobiernos municipales llevó rápidamente a que los gobiernos deban apoyarse en el MST para poner hacer funcionar las escuelas. Y el MST logró radicalizar a muchos docentes que al principio desconfiaban de la organización.

Lo que hizo distinto al MST como un movimiento social fue –y sigue siendo– su estatus explícito de movimiento de clase y de movimiento socialista. La mayor parte de la literatura sobre los movimientos sociales de las últimas décadas se desarrolló en una relación de hostilidad con los análisis de clase, por no decir nada de su oposición a la «gran narrativa» de reemplazar al capitalismo por el socialismo. El logro de Tarlau está en devolverle al análisis del movimiento social una perspectiva de clase. También pone en primer plano el tipo de estrategia socialista que implica trabajar «adentro y en contra» de las instituciones del Estado para transformarlas, en vez de simplemente protestar desde afuera o «aplastarlas» en el sentido insurreccional clásico.

Sin embargo, este libro extraordinariamente serio no está destinado simplemente a levantarnos el ánimo. En efecto, el análisis detallado que hace Tarlau del compromiso del MST con el «cogobierno conflictivo» de las instituciones educativas de Brasil contrasta agudamente con la mayor parte de la literatura existente sobre las instituciones de presupuesto participativo de Brasil, presentadas a menudo como «utopías reales». El MST no ha transformado completamente el sistema educativo brasileño. Solo ha cambiado los aparatos educativos que están más cerca de sus propios espacios de ocupación y de sus asentamientos, y las instituciones de educación superior directamente involucradas en la formación de maestros y maestras para las áreas rurales. Tal como muestra Tarlau, el Ministerio de Educación prácticamente no ha cambiado.

Esto nos plantea la cuestión de lo que implicaría ir más allá en la transformación de las estructuras estatales que cumplen un rol fundamental en la reproducción social, poniendo en cuestión aquellas instituciones que están involucradas en la reproducción económica del capitalismo, como los bancos centrales y los departamentos de finanzas y comercio. Y, en la medida en que se trata de las diferentes experiencias del MST y del PT en Brasil, todo esto nos plantea otra cuestión: A saber, ¿qué cualidades estratégicas debería intentar desarrollar un partido político de masas si su objetivo es ocupar todo el terreno del Estado para transformarlo? Esta es la cuestión clave que enfrenta la izquierda socialista en nuestra época. Que el libro de Rebecca Tarlau nos lleve a considerarla es otro de sus grandes méritos.

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Publicado en Brasil, Categorías, Educación, Estrategia, Formato, homeCentro5, Política, Posición, Reseña and Ubicación

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