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Fotograma de «Her socialist smile»

Los ojos no siempre quieren estar cerrados. Una conversación con John Gianvito

Una entevista a:

Durante enero y febrero de 2021 dialogamos por correo con John Gianvito, director de cine político, docente y programador, sobre su más reciente película Her socialist smile (2020), un retrato de la faceta socialista de la vida y obra de Hellen Keller, una figura indiscutible de la cultura estadounidense.

 

A veces, ¿sabe usted?, tengo también la sensación de no ser un verdadero ser humano, sino un pájaro, un animalillo cualquiera que hubiese tomado forma humana: interiormente, me siento mucho más en mi medio en un pedacito de jardín, como ahora, o en un campo, tendida sobre la hierba, rodeada de zumbidos, que en un congreso del partido.”

Carta de Rosa Luxemburgo a Sonia Liebknecht

Para Rosa Luxemburgo, el destino de un insecto luchando entre la vida y la muerte en una esquina, desconocido para toda la humanidad, tiene tanta importancia como el destino y el futuro de la revolución en la que ella creía.”

Jean-Marie Straub

 

Por Miguel Savransky

Her socialist smile o Su sonrisa socialista, el quinto largometraje en solitario de John Gianvito, es una de las películas más audaces, conmovedoras y radicales de 2020. En estos tiempos signados por el confinamiento en los que la posibilidad de congregarse en una sala de cine fue severamente reducida en buena parte del mundo a la vez que creció exponencialmente la oferta vía streaming, el film tuvo un recorrido mayormente virtual, entre otros espacios, por el Festival de Cine de Nueva York, la Viennale, Documenta Madrid, estuvo disponible en forma gratuita durante una semana en la Galería Nacional de Arte de EEUU, forma parte en estos días de la muestra Cinéma du réel (Francia) y tendrá también su estreno oficial en Latinoamérica en FICUNAM (México) esta semana.

Gianvito es un director verdaderamente independiente dentro del panorama del cine estodounidense contemporáneo, trabaja con un equipo muy reducido, maneja modestos presupuestos, realiza a la vez varias tareas (producción, cámara, sonido, edición y textos) y es, sobretodo, uno de los pocos cineastas de su país junto a Travis Wilkerson, Jon Jost o Thom Andersen que articulan una mirada anti-capitalista en sus películas y pelean a favor de un tipo de cine que resulta inasimilable en términos estéticos y políticos por el ala “blanda” y pseudo-progresista del sistema. Nunca lo vamos a encontrar en esas ampulosas listas tan cool y cánonicas que Barack Obama suele confeccionar en sus balances culturales hacia fin de año.

En 2001 hizo The mad songs of Fernanda Hussein, su única ficción hasta la fecha, en la que narra tres historias distintas que tienen como hilo conductor el malestar ante los efectos sociales negativos de la participación militar de su país en la Guerra del Golfo. Más adelante, en 2007, hizo Profit motive and the whispering wind, un recorrido meditabundo a contrapelo por las tumbas olvidadas de activistas y militantes de diversas causas sociales y políticas de la historia estadounidense. Luego hizo también un díptico de proporciones épicas por su duración y crudeza llamado For example, the Philippines, compuesto por Vapor Trail (Clark) (2010) y Wake (Subic) (2015), de cuatro horas y media aproximadamente cada una, centradas en la investigación de los ominosos daños ambientales y sanitarios producto de la contaminación llevada a cabo por las ex bases militares estadounidenses Clark Air y Subic Naval en Filipinas, como una muestra concreta y minuciosa de la barbarie de las políticas imperialistas de su país. En el interín, co-dirigió e impulsó junto a otros directores Far from Afghanistan (2012), suerte de ciné-tract coral anti-belicista, siguiendo los rastros de Loin du Vietnam (1967) con Chris Marker a la cabeza, no sólo por los ecos del nombre sino también retomando la idea misma de una película colectiva de intervención sobre la coyuntura.

La reciente Her socialist smile es un documental sobre Hellen Keller (1880-1968), una famosa escritora, ensayista, oradora y activista ciega y sorda, que logró aprender a hablar con la ayuda de su inseparable maestra Anne Sullivan y devino con el paso de los años una personalidad notoria y relevante en la arena pública de su época capaz de congregar multitudes en sendos mítines (incluso la fecha de su nacimiento fue promulgada como día nacional en EEUU). Lo que es menos conocido es que también fue una destacada e intensa militante socialista durante una rica parte de su vida y es precisamente sobre ese aspecto oculto y desatendido que Gianvito decide detenerse para construir el retrato de su derrotero político. Y lo hace a partir de algunas premisas formales singulares. En primer lugar, confiriéndole a la palabra un rotundo protagonismo a través de los dichos y escritos de la propia Keller exhibidos sobriamente en un simple diseño de letras blancas sobre fondo negro sin sonido durante una porción considerable de tiempo, así como también a través del grano de la voz de la poeta Caroly Forché, a quien vemos en tomas en blanco y negro leyendo frente al micrófono en un estudio de grabación unos textos escritos especialmente para la película que escanden la narración enmarcando los meandros políticos y los sucesos más importantes de la vida de Keller (incluso hay algunos destellos fugaces del “detrás de escena” de la repetición o la preparación de las lecturas, otras veces la voz permanece en off acompañando otra serie de imágenes). En segundo lugar, mediante una colección de delicados planos de hojas, ramas, pequeños animales en movimiento, brasas de fuego, piedras, plantas, texturas de esculturas y arquitecturas erosionadas, entornos naturales en los que se revela en todo su esplendor la presencia muda del sol, el agua, el hielo o la nieve. La película desafía los habituales convencionalismos de aquello que a veces se da en llamar “biopic” con síntesis disyuntivas entre el plano sonoro y el plano visual, largas parrafadas que obligan a una sostenida lectura y nos ponen en contacto directo, sin intermediarios, con las ideas y la pluma vehemente de Keller, y una propuesta perceptiva que arrastra a la mirada en una exploración sensible, como si se tratase de un paseo azaroso y sereno por los alrededores de un jardín. 

A esto se suman algunos materiales de archivo tales como documentos, papeles, fotografías y libros filmados: por ejemplo, hay una secuencia musicalizada con la versión punk interpretada por Pankrti del himno socialista Bandiera rossa que alterna unas escasas fotos e imágenes en movimiento de Keller con la escritura en pantalla de sus textos esta vez en letras rojas, algo que de alguna manera podría ser leído como un video-clip, una pieza de arte de propaganda. Una serie de escenas en un gran teatro vacío y majestuoso con jirones de preguntas y respuestas extraídas de entrevistas famosas de Keller para medios masivos de comunicación le confieren al film una discreta dosis de elegancia, ingenio y sentido del humor desenfadado.

A través de todos estos recursos, la película traza una fisonomía de la enorme inteligencia, sensibilidad y potencia retórica de Keller, de su perseverante subjetividad política antagonista y de sus grandes cualidades como cuadro político que sin dudas la vuelven una compañera que cualquiera querría tener a su lado en las luchas actuales. Desenterrar su legado y contribuir en darlo a conocer es un ejercicio de memoria histórica que ayuda también a imaginar y ensayar aquí y ahora otros mundos posibles. Por último, pero no menos importante, Her socialist smile acaso sea también uno de los títulos de película más hermosos de la historia del cine.

 

MS

Podríamos pensar que de acuerdo con su objeto –el retrato de Hellen Keller– la película es, formalmente hablando, manifiestamente anti-capacitista en su abordaje, en el sentido de que nos confronta como espectadores de diversas maneras con nuestros límites perceptivos y nos reclama un persistente esfuerzo cognitivo: al principio hay unas inscripciones en braille que no pueden ser decodificadas visualmente; a su vez, la holgada duración de sus propios textos en la pantalla con una banda de sonido silenciosa constituye uno de los pilares principales del relato; por otro lado, la profusión de planos con micro-percepciones de “bellezas naturales” filmadas la mayor de las veces con una cámara en mano pulsante tiene por momentos hasta un sentido háptico, como si el ojo de la cámara nos transmitiera una impresión táctil y nos permitiera “tocar” lo que vemos, algo que obviamente tiene cierta conexión con la manera en que una persona ciega organiza su experiencia perceptiva y motriz. Además sabemos por la narración que la película misma despliega que Keller era una amante de los paseos, del olor de las flores y que la exuberancia del contacto con la naturaleza hacía arder su imaginación. Tengo entendido que el desafío de hacer una película en torno a una personalidad histórica sobre la que prácticamente ningún material audio-visual se ha conservado fue una premisa del proceso de realización. ¿Cómo enfrentaste la paradoja de hacer una película –que es, en esencia, algo visible y audible– para dar cuenta de la experiencia vital de una persona ciega y sorda? ¿Cuáles fueron las ideas o las búsquedas que orientaron el proceso?

JG

En primer lugar, una pequeña aclaración: no es exacto que prácticamente ningún material audiovisual de Helen Keller se haya preservado. Aunque no haya exactamente una sobreviviente plétora de películas o grabaciones de audio, existen varios materiales de archivo. Estos incluyen desde el largometraje mudo Deliverance (1919) hasta unos pocos documentales realizados durante los últimos años de Keller, entre ellos el documental biográfico de una hora de duración The Unconquered, que ganó el Premio de la Academia al Mejor Documental en 1955. Sin embargo, ninguno de ellos relata abiertamente las creencias y actividades políticas de Keller. Dada la enorme celebridad de Keller y dado que durante casi 20 de sus 88 años se dedicó públicamente al activismo político y a la promoción de los ideales socialistas, existen múltiples teorías sobre por qué sobrevive tan poca documentación visual y sonora de esta dimensión de su vida. Algunas de ellas se abordan en la película. Mucho más revelador es el hecho de que, a pesar de esta ausencia, los escritos socialistas de Keller, sus ensayos, los textos de sus discursos, etc., siempre han estado disponibles y, sin embargo, esta dimensión crítica de su vida adulta sigue siendo en gran medida desconocida. Fue mi encuentro con estos escritos y mis sentimientos acerca de su continua pertinencia lo que impulsó el proyecto. Confiar tanto como lo hago en el texto en pantalla puede, por supuesto, parecer a algunos inherentemente anticinemático. Aunque puedo argumentar, como hago con mis estudiantes, que no hay de hecho reglas para hacer cine, era el riesgo que estaba dispuesto a correr. La palabra escrita era la forma predominante en que Helen Keller se comunicaba con el mundo. Por lo tanto, me sentí cómodo cuando el texto tuvo un papel central en la construcción de la película, aunque debo admitir que sólo después de comprometerme finalmente a aceptar el desafío del proyecto. Cómo otros ingredientes visuales y auditivos se abrieron paso en la película se produjo de forma orgánica a lo largo de los tres años que trabajé en el proyecto y me sumergí en los escritos de Keller y en su mundo.

MS

Una cosa que me resulta particularmente interesante de la manera que tenés de abordar al personaje y construir la narración de su vida como figura pública, es la decisión de rescatar del olvido la “parte maldita” de su militancia socialista, en contra de esas formas neoliberales lavadas de reabsorción de su legado como una referente del movimiento de personas discapacitadas en una clave más cercana al mundo de las ONG. Si sólo se tomara en consideración esa faceta de su activismo, habría un consenso unánime laudatorio sobre su semblante que sería perfectamente metabolizado por un sistema que clama ser tolerante con las diferencias. Sin embargo, elegís poner el énfasis precisamente en su aspecto políticamente más audaz y revulsivo, tanto para aquella época como para la nuestra. Es una decisión a la vez poética (narrativa) y política. Quisiera saber cómo se despertó tu interés en la figura de Hellen Keller y cómo te orientaste a la hora de establecer un recorte y determinar qué contar sobre ella.

JG

La primera vez que me enteré del hecho de que Helen Keller había sido una socialista muy ardiente fue hace más de veinte años por un escrito del historiador Howard Zinn. Intrigado, esto me llevó a rastrear algunos de sus escritos políticos y enseguida me sorprendió no sólo la fuerza de su prosa, sino también cuánto resonaban sus palabras en la actualidad, como si hubiesen podido ser escritas esta misma semana. No sólo había un claro sentido de conciencia de clase, sino una firme comprensión de los profundos pasos que habría que dar para lograr un cambio sistémico. Me pareció que esto tenía potencial para ser desarrollado en un proyecto cinematográfico. Sin embargo, fue en ese momento que empecé a descubrir la escasa o nula documentación que parecía haber sobre este aspecto de la vida de Keller más allá de los textos escritos. Al buscar en los archivos no pude encontrar material cinematográfico de los eventos en los que Keller impartía sus discursos socialistas, ni fotografías, ni grabaciones de audio. Aunque existen materiales en todo tipo de lugares, los principales archivos de Helen Keller se encuentran en la Fundación Americana para Ciegos de Nueva York (AFB), organización en la que Keller trabajó durante unos cuarenta años. Como es sabido que el director ejecutivo de la AFB era bastante conservador en una ocasión escribió a uno de los administradores de la organización que “el hábito de Helen Keller de enredarse con comunistas y filo-comunistas ha sido durante mucho tiempo una fuente de vergüenza para sus amigos conservadores”, es posible que no se sintiera ningún incentivo para preservar inicialmente materiales que reflejaran ese espectro de la vida de Keller. Entonces me enteré de que existía otro archivo adicional, el Internacional Helen Keller, situado en el centro de Manhattan. Sin embargo, antes de que pudiera visitarlo, y como se menciona en la película, fue destruido por la caída de escombros de la destrucción de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. En ese momento llegué a la conclusión de que, si bien era un tema cautivante, para un director de cine no había realmente forma de abordarlo, salvo una dramatización en la que no tenía interés. Avancemos rápidamente hasta hace unos 4 años. Acababa de terminar una película y estaba buscando un nuevo proyecto y la idea del proyecto de Keller empezó a resurgir. Como suelo contar, fue como si oyera una voz en mi cabeza que me decía: “Bueno, así que quieres hacer una película sobre la mujer ciega y sorda más famosa, no tienes imágenes ni sonidos, ese es un problema creativo realmente interesante. No deberías evitarlo”. Fue entonces cuando empecé a trabajar en el proyecto en serio.

Durante un tiempo leí las principales biografías de Keller, leí sus propias autobiografías, colecciones de sus cartas, ensayos, discursos, leí decenas de artículos periodísticos en los archivos existentes de Keller. Siempre me centré en su imaginación política. Mi interés nunca fue hacer un documental biográfico y los detalles biográficos que contiene la película son tangenciales al enfoque principal sobre la evolución y la relevancia del pensamiento político de Keller. No pretendía subrayar su lado militante a toda costa. Estas convicciones eran manifiestas y consistentes.

MS

Por otro lado, hay una cierta sencillez en la “belleza natural” registrada, como si las cosas más cercanas del entorno pudiesen adquirir una cualidad estética a partir de un cierto trabajo de la mirada (tengo entendido que una parte de esas imágenes fueron filmadas en tu propio jardín o en las inmediaciones de tu lugar de residencia en Boston, mientras que la otra parte fue filmada en los alrededores de una de las casas donde vivió Hellen Keller), y a la vez como si esa riqueza sensible fuese un patrimonio de la humanidad, como si el placer de la contemplación estética fuese un derecho y una práctica que puede ser ejercida por cualquiera, algo que de algún modo enraíza la película en una tradición poética democrática de los Estados Unidos que tiene a Whalt Whitman como una referencia ineludible. Por último, si bien se trata de una película decididamente materialista, en la que lo que vemos no es símbolo o metáfora de otra cosa, como resultado del montaje de lo que vemos, lo que escuchamos y lo que leemos, es imposible disociar la “belleza natural” de la singular cualidad moral increíblemente arrolladora que posee la propia Keller. Según tu perspectiva, ¿cómo se conecta esta exploración sensible con el imaginario socialista de una sociedad post-capitalista?

JG

En el proceso de leer las autobiografías de Helen Keller, una de las cosas que más me llamó la atención fue su pronunciada conciencia y ardor por su entorno natural. Está claro que disfrutaba de cada oportunidad de pasar tiempo en los bosques y jardines que rodeaban su casa, que describe de forma muy vívida y de los que obviamente sacaba mucho provecho. Aunque no encontré a Keller hacer explícita la relación entre estos sentimientos y sus ideales políticos, para mí las conexiones intersticiales no son difíciles de trazar. Hace tiempo que sostengo que gran parte de lo que nos aqueja como sociedad es que percibimos los encuentros con la Naturaleza, si es que los percibimos realmente, como artículos de lujo y no como necesidades. Los factores son muchos, entre ellos las consecuencias históricas de largo plazo de la privatización y explotación de los bienes comunes, así como los efectos entumecedores de la servidumbre capitalista que privan a muchas personas del tiempo, la energía o la oportunidad de tales experiencias. Hay impactos literales en los propios sentidos. Recuerdo una conversación que escuché hace años con el poeta W.S. Merwin en la que hablaba de la erosión de nuestros sentidos olfativos en el mundo contemporáneo hasta tal punto que la mayoría de nosotros sólo somos conscientes de nuestro sentido del olfato en presencia de algo displacentero.

Como una pequeña ilustración más, crecí en la ciudad de Nueva York y si no hubiera tenido el privilegio personal de una familia con la posibilidad de ir de vacaciones a las Montañas Rocosas de Colorado, mi experiencia de ver las estrellas en el cielo sólo habría sido a través de los libros ilustrados. Creo que tener la sencilla experiencia nocturna, como hice en las montañas, de contemplar la inmensa extensión de la Vía Láctea, te cambia. En una época de este planeta esta maravilla estaba al alcance de todos y, sin embargo, hoy en día, a menos que uno sea lo bastante afortunado de vivir alejado de la luz urbana y la contaminación ambiental, o posea los medios para viajar a esos lugares, este impresionante y humilde espectáculo cotidiano es invisible.

No soy partidario de una cultura o una política en la que los seres humanos se postulen como el centro del universo. Por lo tanto, si bien es cierto que mi tentativa era evocar imaginería casi táctil de la naturaleza de maneras que resonaran con la propia relación de Keller con su entorno, también es cierto que personalmente creo que cada uno de nosotros está hecho para tener una comunión diaria y activa con el así llamado mundo natural, cuya ausencia y alienación enferma al espíritu contribuyendo al mundo tal como lo encontramos. Lo creo profundamente.

MS

Hacia el tramo final, en un momento en que el film se concentra en la compleja y matizada lectura de Keller sobre la Revolución Rusa y el incierto porvenir del socialismo en la Unión Soviética, aparece un clip de cuatro minutos con Chomsky disertando sobre esos mismos procesos históricos con una mirada hipercrítica sobre el leninismo, así como una breve pero crucial cita de Bertrand Russell sobre su encuentro con el líder bolchevique. Es el único tramo en toda la película en que irrumpe explícitamente una voz y un pensamiento distintos a los de la propia Keller, lo cual permite conjeturar que se trata de una forma de “editorializar” y proponer una interpretación sobre dichos sucesos más cercana a la tuya. ¿Es esto así? ¿Por qué consideraste necesario introducir ese material?

JG

En la medida en que el encuentro del público con la adopción y la comprensión por parte de Keller de los ideales socialistas ayude a despertar o a impulsar su propio interés por esos ideales, la película cumple para mí su propósito. Como ya dije, desde el principio mi interés no fue simplemente el deseo de ofrecer un correctivo histórico, ni tampoco promover una forma diferente de hagiografía. La convicción que Keller mantiene durante mucho tiempo en las glorias del experimento soviético era para mí un problema. Dado su acceso a publicaciones periódicas extranjeras en braille que no estaban censuradas, su red de aliados políticos, es algo sorprendente. Ciertamente, en 1923 habría conocido las experiencias de primera mano de Emma Goldman, documentadas en la publicación Mi desilusión con Rusia. Pero también en este caso, mi intención no era señalar una limitación. Más bien, dada la persistente confusión generalizada en la arena pública del socialismo con lo que se desarrolló tanto bajo Lenin como bajo Stalin, no quería contribuir a la persistencia de esa asociación. En mi opinión, las observaciones de Chomsky sobre este tema aclaran de forma bastante lúcida y sucinta cómo el concepto de socialismo adquirió estas asociaciones distorsionadas.

MS

Por otro lado, uno como espectador aprende mucho viendo la película, que puede ser descripta con precisión como lecciones de historia, en tanto hay un riguroso tratamiento del archivo y de la masa discursiva atribuida a Keller que resulta muy característico de la práctica historiográfica. En ese sentido, el film no renuncia a la meticulosidad del saber académico ni a los pormenores de la investigación metódica. A su vez, Keller de alguna manera puede ser recuperada como un faro de una política interseccional, en la medida en que no sólo problematiza el capacitismo y las relaciones de clase sino que también fue una activista por el derecho al sufragio femenino consciente del poder patriarcal que pesa sobre lo que hoy llamaríamos “cuerpos feminizados” y también tuvo una visión crítica del racismo imperante en su propia época. Todo esto hace que su pensamiento tenga una actualidad inusitada: las opresiones estructurales permanecen en buena medida inalteradas, así como los blancos de contestación de los movimientos sociales y políticos. La película pareciera abrazar la idea de que no es posible rearmar a una izquierda radical capaz de hacer frente a la brutalidad y atrocidad del capitalismo contemporáneo sin “elaborar” de alguna manera la historia de las luchas del pasado, no para repetir o imitar sus tácticas y estrategias (lo que sería anacrónico, dogmático y obsoleto) pero sí para evitar la ingenua sensación de “tener que empezar de cero”. Es el mismo gesto de rescatar del olvido una tradición soterrada que ya había tenido lugar en tu otra película histórica, Profit motive and the whispering wind (2007). Me gustaría entonces saber qué pensás sobre la utilidad de la historia para las luchas del presente.

JG

Uno de los desafíos continuos en la construcción de movimientos sociales es cómo mantener la presión y el compromiso con una causa. Dada la escala y la ferocidad de las fuerzas oponentes, los riesgos de desmoralización son altos. Cuando el cambio en torno a un tema concreto no se produce después de uno o dos años de esfuerzos conjuntos, es comprensible que la gente se desanime e incluso abandone la lucha. Entre otros usos, el estudio de la historia proporciona una perspectiva, una visión del juego a largo plazo. Uno ve, por ejemplo, que prácticamente todos los derechos que cualquier sociedad posee fueron la consecuencia de una lucha considerablemente larga y dolorosa, a menudo plagada de reveses en el camino. Uno llega a comprender que el presente se basa en los éxitos y fracasos de estas batallas. Incluso en los momentos más desalentadores, puede ser instructivo mirar el pasado para encontrar sustento para seguir adelante. Uno de mis mentores en Boston, además de Noam Chomsky, fue el difunto historiador y activista radical Howard Zinn, cuya obra fue la inspiración directa de mi película Profit motive and the whispering wind. Una de las historias que Howard contaba tenía que ver con su estancia en el sur de Estados Unidos a principios de la década de 1950. En esa época, cuando hablaba con hombres y mujeres afroamericanos y les preguntaba si podían imaginar el fin de la segregación, Howard nos decía que la respuesta solía ser: “Bueno, tal vez mis nietos lo vean”, o se sentía todavía como un sueño distante. Y sin embargo, en un giro aparentemente repentino de los acontecimientos, en 1954 se produce el histórico caso Brown contra el Consejo de Educación del Tribunal Supremo, que declara inconstitucional la segregación racial en las escuelas públicas. Al año siguiente, la acción de Rosa Parks, que se negó a ceder su asiento en el autobús a un hombre blanco, desencadenó el boicot a los autobuses Montgomery, que no sólo condujo a otra decisión del Tribunal Supremo que eliminó la segregación de los autobuses Montgomery, sino que de esa protesta emergió Martin Luther King en la escena nacional y el rápido florecimiento del movimiento por los derechos civiles durante la década de 1960, que trajo consigo algunas leyes y conquistas sociales significativas. El punto de Howard era que incluso cuando el panorama para el cambio parece improbable, si se está fomentando por abajo, las circunstancias pueden, de repente, alinearse para permitir que ese malestar se abra paso y genere impulso y tracción hacia el progreso. La historia puede alimentarnos con estas lecciones. También puede proporcionarnos otros tipos de perspectivas.

Para mí es útil que el público, especialmente aquí en los EE.UU., sepa que el socialismo tuvo un lugar respetado y, a veces, incluso robusto dentro del discurso político de la historia de nuestra nación. A medida que los estudios revelan que hoy en día cada vez más jóvenes expresan su apoyo a alguna concepción del socialismo, el Partido Republicano y los medios de comunicación conservadores se esfuerzan por promover un nuevo “miedo rojo”. Dejando a un lado que muchos de los políticos y de las políticas atribuidas como socialistas no se ajustarían en lo absoluto con una definición honesta del término, se siente que basta con blandir el epíteto socialista para mancillar a cualquier individuo o iniciativa progresista. De hecho, incluso dentro del Partido Demócrata hay muchas personas que se apresuran a distanciarse de cualquier sugerencia de que puedan ser vistos como socialistas, incluyendo a nuestro actual presidente y vicepresidente.

Cuando Helen Keller escribe en 1912 sobre el Partido Republicano y el Demócrata como las meras dos caras del “gran Partido Capitalista”, es fácil sentir que poco ha cambiado. Pero el panorama está cambiando. La imprevisible popularidad del autodenominado socialista democrático Bernie Sanders es sólo un indicador, revelador de cómo sus mensajes encontraron el apoyo de los votantes más allá de las líneas divisorias tradicionales de los partidos.

Además, ya que hablábamos de Chomsky, y dada mi inclinación a las citas, he aquí una suya que me viene a la mente: “La amnesia histórica es un fenómeno peligroso no sólo porque socava la integridad moral e intelectual, sino también porque sienta las bases para los crímenes que aún están por venir”. En los esfuerzos por privar a la gente de su propia historia, esfuerzos que se pueden encontrar en todos los rincones del mundo, la narrativa dominante se convierte en la de aquellos que están en el poder, narrativas que sirven a los intereses del poder. Se eliminan las experiencias y la sabiduría de todos los que vinieron antes, particularmente cuando se trata de las lecciones de quienes contribuyeron a la larga lucha histórica por una sociedad más justa e igualitaria. Y cuando no se borra del todo, entonces se suaviza decididamente, se eliminan todos los bordes duros y radicales, como se atestigua en la imagen popular de Martin Luther King, Rosa Parks y Helen Keller. Me complace decir que veo que esto también está cambiando.

MS

Y para terminar, ¿qué otros cineastas, estadounidenses o de cualquier otro lugar, hacen hoy en día un cine político que consideres valioso y relevante?

JG

Sin duda, hay una gran cantidad de trabajos significativos que se me escapan. Dicho esto, entre los vivos, una lista inicial de favoritos personales incluiría a Patricio Guzmán, Rithy Panh, Lav Diaz, Tran Van Thuy, Peter Watkins, Jean-Marie Straub, Ken Loach, Avi Mograbi, Amar Kanwar, Pin Pin Tan, Raoul Peck, Alanis Obomsawin, Rakesh Sharma, Jafar Panahi, Peter Nestler, Travis Wilkerson, Minda Martin, Abderrahmane Sissako, Nina Menkes, Jonathan Perel, Sylvain George… y disculpas a los compañeros que olvido o paso por alto.

Cierre

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