Press "Enter" to skip to content
David Graeber en marzo de 2015, durante una conferencia en Maagdenhuis (Ámsterdam). (Foto: Guido van Nispen / Wikimedia Commons)

David Graeber: no podemos seguir soñando después de la pandemia

Traducción: Valentín Huarte

En un ensayo escrito poco tiempo antes de su muerte, David Graeber argumentó que durante la pospandemia no podemos volver a pensar que una sociedad organizada para servir a cada uno de los caprichos de un pequeño puñado de personas ricas mientras rebaja y degrada al resto es sensata o razonable. Publicamos ese ensayo por primera vez.

Antes de morir trágicamente a la prematura edad de 51 años en septiembre de 2020, el antropólogo y militante anarquista David Graeber escribió este ensayo aventurando algunas ideas sobre la vida y la política después de la pandemia del COVID-19. Jacobin se enorgullece de publicar el ensayo de Graeber por primera vez. 

 

En algún momento durante los próximos meses, se declarará el fin de la crisis y seremos capaces de volver a nuestros trabajos «no esenciales». Para mucha gente, esto será como despertar de un sueño. 

Los medios y las clases políticas fomentarán esta idea. Esto es lo que sucedió después de la crisis financiera de 2008. Hubo un breve momento de confusión y cuestionamientos. (Al fin y al cabo, ¿qué son las «finanzas»? ¿Acaso son otra cosa más que deudas? ¿Y qué es el dinero? ¿También es deuda? ¿Qué es una deuda? ¿No es solo una promesa? Si el dinero y la deuda son solo un conjunto de promesas que nos hacemos unos a otros, entonces, ¿no podríamos hacernos otras promesas distintas?) La ventana se cerró casi inmediatamente gracias al esfuerzo quienes insistieron en que nos calláramos, en que dejáramos de pensar y volviéramos al trabajo, o al menos empezáramos a buscar uno. 

La última vez, la mayoría de nosotros compró este cuento. Pero esta vez es importante que no lo hagamos. 

Porque en realidad, la crisis que experimentamos fue el despertar de un sueño, una confrontación con la verdadera realidad de la vida humana, que es que somos una colección de seres frágiles que nos cuidamos unos a otros, y aquellos a quienes les toca la mayor parte de ese trabajo de cuidados que nos mantiene con vida están sobrecargados, cobran mal y son humillados a diario. Por otro lado, una gran parte de la población no hace más que tejer fantasías, cobrar rentas y generalmente obstaculiza el camino de aquellos que producen, arreglan, mueven y transportan las cosas, o se ocupan de las necesidades de otros seres vivos. Es imprescindible que no volvamos a una realidad en la que todo esto se vuelva una especie de discurso absurdo, tal como suele suceder con las cosas que no comprendemos en los sueños. 

Pongámoslo en estos términos: ¿Por qué no dejamos de considerar como algo completamente normal el hecho de que la medida en la que el trabajo de una persona beneficia evidentemente a otros es inversamente proporcional a la retribución que obtiene por él? ¿Por qué no dejamos de insistir en que los mercados financieros son la mejor forma de dirigir las inversiones a largo plazo cuando nos están empujando a destruir la mayor parte de la vida en la Tierra? 

Una vez que se declare el fin de esta emergencia, ¿por qué no recordamos lo que hemos aprendido? Es decir, que la «economía» lo es todo, que es la forma en la que nos damos unos a otros lo que necesitamos para estar vivos (en todos los sentidos del término); que «el mercado» es en gran medida solo una forma de tabular los deseos de la gente rica, cuya mayoría dispone, cuando menos, de algún rasgo patológico, mientras otros, los más poderosos, están diseñando los bunkers con los que planean salvarse si seguimos siendo lo suficientemente estúpidos como para creer su cuento, es decir, que todos nosotros, tomados colectivamente, estamos afectados por tal carencia de sentido común que no podemos hacer nada frente a las catástrofes que vendrán. 

Esta vez, ¿podemos, por favor, ignorarlos? 

La mayor parte del trabajo que estamos haciendo en este momento es trabajo onírico. Existe únicamente para satisfacer su propio interés, o para hacer que la gente rica se sienta bien consigo misma y la gente pobre se sienta mal consigo misma. Y si simplemente le pusiéramos un fin, sería posible hacernos un conjunto de promesas mucho más razonables: por ejemplo, crear una «economía» que realmente nos permita cuidar a la gente que nos está cuidando.

Cierre

Archivado como

Publicado en Artículos, homeCentro5, Políticas and Trabajo

       Suscribirse

Jacobin es una voz destacada de la izquierda que ofrece un punto de vista socialista sobre política, economía y cultura.


EN ARGENTINA

ARS$1260

1 Año : 4 Números
Suscripción Impresa + Digital

EN EL RESTO DEL MUNDO

US$ 12

1 Año : 4 Números
Suscripción Digital

J

Soy de izquierda,
todo de izquierda:
de pies, de fe, de cabeza.

DIEGO ARMANDO MARADONA, 1986

Ingresa tu mail para recibir nuestro newsletter

Jacobin Logo Cierre