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M. N. Roy

En todos los rincones del mundo

En el verano de 1917, un joven bengalí conocido como M. N. Roy cruzó la frontera desde los Estados Unidos y entró a territorio Mexicano, inaugurando un ciclo de intercambios entre mexicanos e indios. Con la crisis de las viejas formas de dominación imperialista de fondo, este capítulo constituye uno de los orígenes de la tradición de solidaridad internacional que alimentaría el tercermundismo de la segunda mitad del siglo.

—¿Quién eres tú? ¿De dónde vienes? —Vengo de todos los rincones del mundo; traigo el porvenir justiciero; soy el aliento de la revolución. («Sopla», Práxedis Guerrero, Regeneración, No. 3 del 17 de Septiembre de 1910)

 

En el verano del año axial de 1917, un joven bengalí conocido como M. N. Roy cruzó la frontera desde los Estados Unidos y entró a territorio Mexicano. Venía huyendo de las autoridades estadounidenses tras ser arrestado por su involucramiento en una red transnacional de actividades y conspiraciones en contra del Imperio Británico.

En sus Memorias, Roy rememora que en aquel momento México, el enorme y desconocido país al sur de la frontera, estaba «inmerso en un estado permanente de revolución» y se desplegaba ante sus ojos como una «tierra prometida». México aparecía ante Roy no solo como una ruta de escape de las redes de vigilancia colonial, sino también como una emocionante aventura. Aunque le fuera imposible volver a salir de ahí, en México al menos tendría la oportunidad de «participar activamente en una revolución».

Nacido en 1887 en la aldea de Arbelia, Roy —cuyo nombre original era Narendra Nath Bhattacharya (1887)— desde muy joven se volvió parte de la agrupación Yugantar, uno de los núcleos más radicales de la lucha en contra del imperialismo Británico en India a principios del siglo XX.

Habiendo ya completado una larga carrera de activismo anticolonial en Calcuta, en abril de 1915 el joven se embarcó con dirección a la isla de Java en la Batavia Holandesa con la misión de recibir un cargamento de armas enviado desde los Estados Unidos por miembros de la diáspora india anticolonial en aquél país. Las armas, compradas con fondos alemanes, servirían para iniciar una insurrección en Bengala y comenzar la lucha armada en contra del imperialismo en el subcontinente. El barroco plan insurreccional falló, y Narendra, incapaz de volver a la India debido a la vigilancia de las autoridades coloniales, se vio obligado a iniciar un periplo que lo llevaría a dar, literalmente, la vuelta al mundo.

Tras pasar por diversos puertos del Pacífico Asiático, en junio de 1916 el joven Bhattacharya desembarcó en San Francisco, California. Los siguientes meses los pasó en Palo Alto, huésped del profesor de Stanford y colega antiimperialista Dhanagopal Mukherjee, donde estableció contacto con los circuitos de la izquierda radical de la región. Durante sus primeros meses en los Estados Unidos, periodo en el que adoptó el pseudónimo de Manabendra Nath Roy, el fugitivo trabó amistad con figuras como David Starr Jordan, rector de la Universidad de Stanford y vicepresidente de la Liga Anti-Imperialista Americana, el general mexicano Salvador Alvarado, gobernador socialista del estado de Yucatán y famoso opositor de los hacendados en aquella región mexicana, y Evelyn Trent, su futura esposa, activista comunista y pionera del activismo feminista durante décadas siguientes.

A principios de 1917, la pareja viajó a Nueva York, desde donde esperaban ser capaces de zarpar rumbo a Europa para volver por tierra hasta la India Británica. Sin embargo, después de ser arrestado por su involucramiento con las redes del antiimperialismo indio en los Estados Unidos, la pareja se vio obligada a huir hacia el Sur, cruzando el Río Bravo y asentándose en la Ciudad de México en junio de 1917.

Durante su estancia en México (entre junio de 1917 y diciembre de 1919), Roy experimentó una mutación ideológica en la que transitó del nacionalismo anticolonial hacia el universo internacionalista del marxismo revolucionario. En sus memorias afirma con respecto a esto que durante aquellos meses aprendió que «la independencia nacional no era la cura para todos los males de un país» y se nutrió del horizonte de optimismo ideológico y flexibilidad intelectual desarrollado en el México de principios del siglo XX para hacerse parte de una revolución internacional.

Al poco tiempo de su llegada, Roy comenzó a publicar artículos en la prensa nacional y textos más largos sobre la situación colonial en India. Sus escritos resaltan como los primeros que el público mexicano pudo leer sobre los excesos del colonialismo británico en India y los postulados ideológicos del nacionalismo anticolonial indio, que después defenderían figuras como M. K. Gandhi y Jawaharlal Nehru.

Buscando un entorno para seguir con su activismo político, Roy se unió a las filas del Partido Obrero Socialista (POS), fundado en 1911 por el afinador de pianos y socialista alemán Paul Zierold y encabezado por Adolfo Santibáñez. Su incorporación contribuyó al ensanchamiento de los círculos de izquierda de la Ciudad de México, que durante aquellos años se nutrieron de la presencia de un grupo de exiliados estadounidenses opuestos a la Guerra (entre los que destacan figuras como Charles Shipman y Frank Seaman). Estas figuras colaboraron con los miembros del POS, el enviado Soviético Mijaíl Borodin y el propio Roy para encabezar la creación del Partido Comunista Mexicano (PCM) en noviembre de 1919.

Primer partido comunista nacional creado después de la Revolución de Octubre, el PCM es el resultado de un período inspirada e inusualmente revolucionario en el escenario global, alimentado por el desgajamiento de las estructuras imperialistas y capitalistas gestadas durante la segunda mitad del siglo XIX. La rebelión de los Bóxer en China de 1899-1901, la victoria japonesa frente a la Rusia Zarista de 1905, el movimiento Swadeshi en India de 1905-1912 y la propia Revolución Mexicana, iniciada en 1910, son parte de esta oleada y enmarcan el momento de su fundación. En este sentido, la creación del PCM aparece como un momento crucial del antiimperialismo de principios del siglo XX y un paso fundamental en el proceso de domesticación del comunismo en contextos no europeos, proceso mediante el cual el éste último se nutrió de símbolos, anhelos e interpretaciones diversas que contribuyeron a su efectiva globalización.

Menos de un año después, en junio de 1920, el Bengalí M. N. Roy se hallaba presente en el Segundo Congreso de la Internacional Comunista en Moscú como delegado del Partido Comunista Mexicano. En aquel encuentro, Roy presentó una serie de tesis sobre la cuestión colonial que fueron discutidas como contraparte a los argumentos presentados por Lenin. Estas tesis representaron un esfuerzo por unificar la lucha anticolonial con el canon del marxismo y vincular el internacionalismo Soviético con la lucha contra el imperialismo europeo en Asia. En aquel momento, los universos del socialismo revolucionario mexicano, el radicalismo nacionalista indio y el impulso bolchevique encontraron un punto de encuentro, inaugurando trayectorias de solidaridad e intercambio que marcarían la historia del siglo XX.

Más allá de su impacto en la historia internacional de la izquierda comunista del pasado siglo, es importante señalar que la estadía de Roy en México no fue un mero accidente histórico. Su presencia en el país estuvo antecedida por una serie de vínculos —materiales, ideológicos, raciales y simbólicos— que durante los años previos a 1917 acercaron a trabajadores y activistas Indios y Mexicanos en los Estados Unidos y abrieron ante aquéllos un horizonte revolucionario que les parecía al mismo tiempo ajeno y extrañamente familiar.

Entre estos grupos resalta el legendario partido Ghadar, agrupación de inclinaciones socialistas, antiimperialistas y anarcosindicalistas encabezada por figuras como Lala Har Dayal, Tarak Nath Das y Pandurang Khankhoje. Las filas del Ghadar se nutrieron de la organización de los trabajadores agrícolas Indios en regiones como California, Oregon, Washington y la Columbia Británica, preparando el terreno para la creación de una amplia red de activismo radical que cultivó nexos con grupos y figuras revolucionarios cercanos a la International Workers of the World (los famosos wobblies).

En el multiétnico ambiente anarcosindicalista de la época —que incluía, entre otros, a trabajadores chinos, polacos, italianos, japoneses, indios, mexicanos, turcos, sirios y rusos— el proceso revolucionario en curso en México fue una importante fuente de inspiración.

En tanto primera revolución social del siglo XX, el alzamiento en México fue interpretado por los círculos de trabajadores y activistas que recibieron a Roy al norte de la frontera como el resultado de una movilización en contra del capitalismo y en defensa de la solidaridad de clase. A través de publicaciones como el periódico Regeneración —que contaba con secciones en inglés e italiano y circulaba ampliamente a través de las redes cercanas a los wobblies— y los escritos de periodistas como Ethel Duffy y John Kenneth Turner, el alzamiento en México apareció ante esta comunidad multiétnica de trabajadores como un horizonte cercano y un emocionante prospecto.

Las huelgas de Cananea (1906) y Río Blanco (1907), la toma de la ciudad de Mexicali por parte de fuerzas anarcosindicalistas en 1911 y el alzamiento del liderazgo de figuras como Emiliano Zapata y Francisco Villa encendían la imaginación de los lectores, haciendo que años antes del estallido bolchevique de 1917 la tormenta mexicana iniciada en 1910 apareciera ante los trabajadores de Norteamérica como la más elocuente imagen de la Revolución.

Para activistas cercanos al partido Ghadar, la labor de Regeneración y sus editores, los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón, fueron un modelo a seguir. Los Magonistas eran los líderes sindicales más importantes entre los sectores de trabajadores no blancos y sirvieron de ejemplo para distintas comunidades de migrantes ante quienes su liderazgo aparecía como el ejemplo que invalidaba los degradantes estereotipos raciales que vinculaban a indios, chinos y mexicanos con vicios como la ignorancia, la pereza y la corrupción.

Para muchos organizadores indios, el atractivo de la lucha revolucionaria en México se complementaba con la cercanía que experimentaban con trabajadores mexicanos en los campos de cultivo. En sus memorias, Pandurang Khankhoje relata cómo en Oregón y California era constantemente agrupado en las cuadrillas de mexicanos por los capataces estadounidenses, y recuerda su sorpresa al darse cuenta de que, a pesar de ser catalogado como «asiático», su rostro y cuerpo se parecían mucho a los de sus camaradas del Sur. Estas similitudes físicas permitieron acercamientos más allá del activismo.

En las primeras dos décadas del siglo XX, en California nació una nueva comunidad de Punjabi-Mexicanos, compuesta en su mayoría por hombres indios y mujeres trabajadoras mexicanas que formaron familias en lugares como Yuba, El Centro y Stockton. En los años previos a la llegada de M. N. Roy, indios y mexicanos se unieron en los Estados Unidos a través del trabajo y la organización en conjunto, pero también como resultado de una exclusión común de las categorías raciales de la época, basadas en etiquetas como «negros», «asiáticos» y «blancos».

Las redes norteamericanas de colaboración establecidas por el Ghadar no solamente facilitaron el periplo de Roy, sino que lo impulsaron desde el inicio. En 1915, el Ghadar comenzó a fraguar, junto con autoridades alemanas, un plan para enviar un cargamento de armas desde San Diego, California, hasta la isla de Java. El plan contemplaba que, una vez ahí, un emisario de la agrupación hermana Yugantar escoltaría las armas hasta Calcuta para iniciar un alzamiento.

Auxiliados por navegantes y revolucionarios mexicanos, los conspiradores intentaron llevar el cargamento a través del Pacífico haciendo una parada en la Isla Socorro, territorio mexicano situado a más de 600 kilómetros de la costa de Colima. Sin embargo, el cargamento fue interceptado por autoridades estadounidenses y nunca llegó a las costas de Java.

Del otro lado del mundo, el joven Narendra Nath Bhattacharya —que en EE. UU. adoptaría el pseudónimo de M. N. Roy— esperaba ansioso, sin saber que el fracaso de sus camaradas indios y mexicanos en América cerraría la posibilidad de un alzamiento armado en India pero le abriría las puertas a un peregrinaje transcontinental marcado por la colaboración, el aprendizaje y la rebelión.

Estos contactos entre activistas, trabajadores e ideólogos forman parte del momento revolucionario global de las primeras décadas del siglo XX. Durante aquellos años —anteriores a las pugnas ideológicas transcontinentales surgidas en el crisol de la crisis de la posguerra europea— se multiplicaron los espacios de intercambio y solidaridad entre personas provenientes de territorios no europeos, quienes comenzaron a pensar —quizá por vez primera— en sus luchas en contra de formas occidentales de dominación económica y simbólica como parte de un esfuerzo global.

Los intercambios entre mexicanos e indios gestados en las primeras décadas del siglo ilustran no solo la historia de la clausura de viejas formas de dominación imperialista, sino también uno de los puntos de origen del impulso de solidaridad internacional que alimentaría el proyecto del Tercer Mundo en la segunda mitad del siglo XX. En aquellos años, en todos los rincones del mundo surgían corrientes que alimentaban el caudal de la revolución.

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