Es imposible entender el «momento Trump» de la actual guerra arancelaria sin tener en cuenta la presión de más de cuarenta años de crónicos y gigantescos déficits comerciales y fiscales en Estados Unidos.
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Estados Unidos no vive una «crisis de migración», sino una suspensión del estado de derecho. Pero Trump no es el único con esta agenda.
Tres grandes acontecimientos históricos —las revoluciones de posguerra, la disolución del bloque soviético y el ascenso contemporáneo del neofascismo— interpelan al trotskismo no solo en su legado, sino también en su porvenir.
Donald Trump anunció aranceles radicales para todos los socios comerciales de EE. UU., con el objetivo explícito de «liberar» a EE. UU. del comercio «injusto». Estos esfuerzos no solo son confusos, sino que encerrarán a Estados Unidos en un ciclo de estancamiento e inflación.
El progreso material y la democratización siguen siendo los principios básicos de cualquier política socialista viable.
En una entrevista con Jacobin, la exministra de Energía de Colombia describe el plan del presidente de izquierda Gustavo Petro para que las naciones ricas que se benefician de su economía extractiva ayuden a pagar su transición ecológica.
Inspirados por una mala interpretación de Antonio Gramsci, los activistas de extrema derecha intentan darle forma a los espacios intelectuales y culturales.
Credit Suisse está siendo investigado por obstruir las investigaciones sobre su servicio a clientes vinculados con los nazis. Pero muchas otras empresas alemanas nunca renunciaron a los frutos de su colaboración con el nazismo.
August Bebel defendió la causa de la liberación de la mujer en su libro La mujer y el socialismo, uno de los textos socialistas más importantes de su época.
El nuevo álbum de Bad Bunny difunde la historia de la lucha popular en Puerto Rico. Ello fue posible en buena medida gracias a la colaboración del historiador Jorell Meléndez-Badillo.