No es necesario estar de acuerdo con Maduro para reconocer que es un preso político y exigir su libertad. Nadie tiene que ser chavista para defender la soberanía de Venezuela. Quien en la izquierda no lo haga se sumirá en la deshonra, la vergüenza y la infamia.
Artículos publicados por: Valerio Arcary
Historiador, militante del PSOL (Resistencia) y autor de O Martelo da História. Ensaios sobre a urgência da revolução contemporânea (Sundermann, 2016).
Brasil combina una riqueza social y cultural extraordinaria con uno de los niveles de desigualdad más extremos del mundo. Incluso bajo el lulismo, las reformas resultan insuficientes para quebrar la estructura del capitalismo periférico brasileño.
La ofensiva de Trump contra Venezuela marca la mayor escalada estadounidense en la región desde la Guerra Fría. Lo que ocurra allí puede definir el nuevo marco político para América Latina.
La detención efectiva de Jair Bolsonaro fue posible por una combinación de numerosos factores, que es necesario desentrañar y analizar. Pero las batallas decisivas son las que vienen.
Una reflexión sobre el presente y futuro de la izquierda brasileña y un alerta sobre los riesgos de subestimar el peligro reaccionario. No hay forma de superar al lulismo sin primero derrotar al bolsonarismo y sin que se produzca un auge de la lucha de masas.
El imperialismo sigue estructurando el sistema mundial; comprender su nueva morfología es clave para interpretar las dinámicas actuales de crisis y confrontación.
Entre el peso del lulismo y la amenaza del bolsonarismo, la izquierda brasileña busca el camino hacia una nueva etapa.
El Congreso brasileño actúa como muro de contención de los privilegios de clase, mientras Lula, bajo presión, oscila entre la moderación y un posible giro. Es hora de que desde abajo se impulse un desplazamiento real hacia posiciones transformadoras.
La nueva ofensiva de Israel contra Irán no es una guerra preventiva ni defensiva: es una operación imperialista con objetivos estratégicos regionales y globales respaldada por la complicidad estadounidense.
La confianza manifestada por Lula respecto de las próximas elecciones brasileñas podría ser temerariamente optimista. Porque la realidad es que su Gobierno se está debilitando, y no a la inversa.








