Prevost es el primer papa estadounidense, pero no es cercano a la administración Trump. Aunque quizás más moderado y atento a la unidad eclesiástica que el papa Francisco, expresa una continuidad del papado anterior.
Notas publicadas en Ideología
La extraordinaria longevidad de la Iglesia católica podría hacerla parecer un organismo que flota por encima del mundo cotidiano de la vida política y económica. En realidad, la Iglesia siempre ha estado firmemente vinculada a las estructuras del poder y la propiedad.
Las discusiones acerca de si Trump es o no fascista a menudo pierden de vista lo que está en juego políticamente en una respuesta u otra. Pero una cosa es segura: al igual que el fascismo italiano y alemán, el trumpismo refleja un sistema político que es incapaz de abordar la crisis capitalista.
Desde el siglo XVII, la concepción de la elección humana ha experimentado profundas transformaciones. En la era neoliberal, nuestra existencia se vio cada vez más dominada por una idea de libertad especialmente individualista y orientada al mercado.
Donald Trump le dijo al mundo que su administración acabaría con la censura de la cultura liberal «woke». Pero su mandato muestra una de las peores represiones a la libertad de expresión en la historia reciente de los Estados Unidos.
El Departamento de Eficiencia Gubernamental estadounidense no se tambalea por sus desacertados esfuerzos de reforma. Está saboteando deliberadamente las agencias federales para dar paso a las privatizaciones.
Elon Musk está destrozando al gobierno de los Estados Unidos. Si leyera algo de teoría marxista del Estado, al menos entendería cómo funciona.
Donald Trump afirma que quiere restaurar la «libertad de expresión» en Estados Unidos, pero le retira la financiación federal a la Universidad de Columbia para castigar a los estudiantes que protestan en solidaridad con Palestina.
En 1950, Francia emprendió un ambicioso esfuerzo para modernizar su imperio adoptando costumbres locales y promoviendo gobiernos autónomos limitados. No era más que el intento de crear una ideología moderna para el colonialismo, y fracasó.

La fijación en los particulares tiene un remedio: el concepto, que es general. En consecuencia, puede declinarse en configuraciones históricas distintas. Mientras no se conceptualice, el fascismo seguirá siendo una evocación histórica no extrapolable.








