En los primeros días del año, el gobierno de transición sirio lanzó ataques masivos contra tres barrios de mayoría kurda en Alepo. Los bombardeos, respaldados por Turquía, exigen una respuesta de solidaridad internacionalista contra la guerra
Notas publicadas en Represión
El ICE parece regodearse en la hipocresía y la doble moral promovidas por el gobierno de Trump. La defensa incondicional de su violencia repugnante y, en ocasiones, directamente asesina le ha dado carta blanca para actuar con impunidad.
Las protestas que recorren Irán no son las primeras de este tipo. Pero la amenaza de una prolongación de la guerra de Israel llevó a Teherán a percibirlas como una amenaza existencial.
La muerte de Renee Good no fue un accidente ni una defensa personal. Fue el resultado predecible de una fuerza de deportación militarizada que operaba con impunidad en las calles estadounidenses.
Aunque el detonante fue de orden económico, las movilizaciones en Irán se convirtieron rápidamente en insurrecciones políticas. Pero la liberación de la República Islámica debe ir necesariamente acompañada de la liberación de las injerencias extranjeras.
El Partido de los Trabajadores del Kurdistán, liderado por Abdullah Öcalan, está inmerso en negociaciones de alto riesgo con el gobierno turco en torno a un acuerdo de paz. El resultado marcará el futuro de los kurdos en toda la región, incluidas las organizaciones hermanas del PKK en Siria e Irán.
En medio de su asalto criminal sobre Gaza, Israel mató a cientos de periodistas palestinos que daban testimonio de su brutalidad y transformó a sus propios medios en vehículos que facilitan el genocidio.
Octubre, con cifras duras, victorias territoriales y el rechazo popular en el horizonte, obliga a decirlo sin adornos: o recuperamos la iniciativa política o naturalizamos la excepción․ Esa elección ya no es ecuatoriana: es latinoamericana.
En las décadas de entreguerras, muchos observadores del ascenso del fascismo no entendieron qué tenía de novedosa esta amenaza. Aferrarse hoy a la palabra «fascismo» para definir el crecimiento de fuerzas reaccionarias puede llevarnos a la misma trampa.
El paro nacional en Ecuador abre una grieta en el muro de miedo que erigió el presidente Daniel Noboa con su retórica de guerra interna. Su potencia reside en haber devuelto al pueblo la capacidad de nombrar la violencia y de politizar la (des)obediencia.









