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Líder del partido de extrema derecha Chega Andre Ventura (Andre Nias Nobre / AFP via Getty Images).

En Portugal avanza la extrema derecha

Traducción: Rolando Prats

La primera vuelta de las presidenciales en Portugal dejó una señal de alarma: mientras la izquierda se derrumba, la extrema derecha de Chega consolida su avance. El resultado no se explica solo por la retórica xenófoba, sino por una crisis social profunda y la connivencia de la derecha tradicional.

Los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Portugal el pasado 18 de enero fueron un desastre, pero no una sorpresa. El candidato que más votos recibió fue António José Seguro, del Partido Socialista (31 %, o 1,7 millones de votos), quien —debido a la presión del voto útil generada por la incertidumbre de las encuestas— se benefició de la mayoría de los votos de la izquierda, que pasó en su conjunto del 9 % en las elecciones legislativas a la Asamblea de la República celebradas en 2025 al 4,5 % en la primera vuelta de las presidenciales. Aunque a la zaga de Seguro, André Ventura y su partido de extrema derecha neofascista Chega se anotaron una importante victoria política al pasar a la segunda vuelta. En las legislativas, Chega había obtenido 1.437.881 votos, cifra equivalente al 22,5 % del total, mientras que esta vez, en la primera vuelta de las presidenciales, Ventura obtuvo 1.321.676, para una proporción ligeramente superior del 23,52 %, desempeño estable que podría estar apuntando a que ha alcanzado su techo. Pero tampoco sería una sorpresa que dentro de tres semanas, en la segunda vuelta, reciba un número mayor de votos. Más importante aún es el hecho de que, en comparación con las anteriores elecciones presidenciales de 2021, haya duplicado con creces sus votos, tras un aumento de casi un millón de votos recibidos en cinco años. ¿Cómo explicar ascenso tan vertiginoso? El discurso neofascista se centró en la denuncia de la corrupción política y del peligro de la inmigración, en especial la asiática, con mensajes incendiarios como «Esto no es Bangladesh» o el no menos racista «También los gitanos tienen que cumplir la ley», uno y otro indisociables de un nacionalismo exaltado. Sin embargo, no es posible entender tan nefastos resultados electorales basándose solamente en esos discursos de una xenofobia histérica. Toda contienda electoral es una disputa entre relatos, un debate entre valores, una polémica entre visiones del mundo, pero también una lucha entre intereses económicos y sociales. Chega arrastra a sectores de las clases medias exasperadas por la decadencia nacional, a la vez que se nutre de una facción de la burguesía portuguesa que quiere imponer un cambio histórico regresivo en la correlación social de fuerzas.

La cifra total de participación en los comicios ascendió a 5,7 millones de personas en un país de poco menos de 11 millones de habitantes. ¿Quiénes son Antonio José Seguro y André Ventura? Seguro, exsecretario general del Partido Socialista entre 2011 y 2014, se presentó esta vez como una figura política de centro y equidistante. André Ventura es un neofascista cuya trayectoria se inscribe en el movimiento de extrema derecha internacional del que forman parte el trumpismo en Estados Unidos y el bolsonarismo en Brasil, Vox en España y la Agrupación Nacional de Marine Le Pen en Francia, además del partido alemán de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD). Según una reciente encuesta, el 64 % de los votantes afirmó que, en una segunda vuelta, no votaría por el candidato de Chega. El hecho cierto es que si se suman los resultados electorales obtenidos por la coalición de gobierno integrada por el Partido Social Demócrata (PSD) y el Centro Democrático y Social (CDS) —dirigida por el Primer Ministro Luis Montenegro—, los anarcocapitalistas a la Milei de Iniciativa Liberal y Ventura, estos superarían la mitad de los votos depositados en la primera vuelta. No parece, entonces, que exista ninguna disposición a establecer un «cordón sanitario antifascista», pues los líderes de los principales partidos de derecha no han anunciado sus posiciones de cara a la segunda vuelta, lo que indica que se dará vía libre al voto por Ventura.

Si bien es elevada la tasa de rechazo del candidato neofascista, hasta cierto punto el resultado de la segunda vuelta aparece envuelto en la incertidumbre. Serán tres semanas de dura disputa. El contexto económico-social establece las condiciones de la lucha. Puede que parezca paradójico pero el crecimiento económico pospandémico de que ha sido escenario Portugal en los últimos cinco años —el PIB experimentó un crecimiento anual medio del 3,8 %, ligeramente por encima de la media del 2,6 % de la Unión Europea en su conjunto, según cifras proporcionadas por el Fondo Monetario Internacional—, una tasa de desempleo que gira en torno al 6 % y una inflación del 2 %, no han sido suficientes para frenar el avance cada vez mayor de la extrema derecha. Esa dinámica económica tuvo como base fundamental el turismo, con una media anual de veinte millones de visitantes —dos veces la población del país—, cifra que equivale al menos al 16 % del PIB y que sustenta más de 400.000 puestos de trabajo. El número de inmigrantes en Portugal pasó de 592.000 en 2019 a más de 1,5 millones —de los cuales cerca de medio millón de brasileños— en un país con menos de 11 millones de habitantes. Se estima que más de 300.000 portugueses, en su gran mayoría jóvenes, han abandonado el país en el último lustro; es decir, entre 65.000 y 70.000 personas al año entre 2022 y 2024. La proporción de la población de 65 o más años representa alrededor de una cuarta parte del total, lo que convierte a Portugal en el país de la Unión Europea con el segundo mayor índice de envejecimiento. El salario mínimo es de 920 euros, si bien distribuidos en 14 pagos a lo largo del año, para una media de mil euros, cifra que sin embargo no debe ser motivo de asombro, pues el costo de la vida es más alto que en Brasil. La población laboral activa es de aproximadamente 5,4 millones de personas —uno de cada cuatro trabajadores recibe el salario mínimo nacional—, de las cuales el 38 % son trabajadores inmigrantes y el 36 % tienen menos de 30 años. Entre 2014 y 2024, se triplicaron los precios de la vivienda —para un crecimiento nominal superior al 200 %—, lo cual representa un aumento muy superior a la media europea, que fue de alrededor del 50 % durante el mismo período. Nada de esto impidió que, según cifras oficiales, 2,1 millones de personas —o uno de cada cinco portugueses— vivieran por debajo del umbral de pobreza. Portugal sigue siendo uno de los países de la Unión Europea con mayor desigualdad: solamente el 10 % de los más ricos son dueños de casi la mitad de la riqueza. Como resultado, la generación joven, aunque con niveles de escolaridad superiores a los de sus padres, carece de perspectivas que apunten al mantenimiento siquiera del nivel de vida con que crecieron.

Desde 2021, se han celebrado en Portugal tres elecciones legislativas, dos de ellas anticipadas. En 2025, la coalición de centroderecha liderada por el PSD recibió el mayor número de votos, pero ello no le bastó para obtener mayoría parlamentaria. La última vez que se celebró una segunda vuelta fue en 1986, hace cuarenta años. En Portugal existe el derecho a la reelección indefinida y, desde la revolución de los claveles del 25 de abril de 1974, todos los presidentes elegidos han servido un segundo mandato y han permanecido como mínimo diez años en el Palacio de Belém. La hipótesis más probable sigue siendo que Antonio José Seguro resultará electo el próximo domingo 8 de febrero. Sin embargo, la división de poderes y de funciones en el régimen político semipresidencial que impera en Portugal es muy diferente de la que existe en Brasil. La presidencia de la República no es en Portugal el principal cargo de dirección política. El Jefe de Estado ejerce responsabilidades de supervisión, está al mando de las Fuerzas Armadas y —factor de gran importancia— está facultado para disolver la unicameral Asamblea de la República y convocar a elecciones anticipadas. Pero es el Primer Ministro quien realmente gobierna y en cuyas manos se concentra el poder ejecutivo. Los neofascistas tienen «instinto de poder». La estrategia de André Ventura es irse posicionando para hacerse con el núcleo duro del poder ejecutivo y convertirse así en el líder antisocialista capaz de infligir a la izquierda su mayor derrota histórica en más de medio siglo. Esa apuesta obedece al cálculo de que el malestar se seguirá agravando y de que, con la abrumadora ola de aumento de la influencia de la extrema derecha en todo el mundo —no sólo por la presencia de Trump en Estados Unidos sino también en Europa, donde Marine Le Pen, de poder postularse, podría finalmente alzarse con la victoria— llegar al poder sería sólo cuestión de tiempo.

Las elecciones presidenciales también supusieron una dura derrota para la izquierda. Todas las corrientes de izquierda han anunciado ya que apoyarán a Seguro en la segunda vuelta. De los candidatos de los tres partidos de izquierda más importantes, André Pestana —líder del sindicato de profesores y candidato por el Movimiento Alternativa Socialista (MAS), organización trotskista— obtuvo el 0,2 %; el partido Livre (asociado con los Verdes europeos, con un 4 % de los votos en las elecciones parlamentarias) vio cómo su candidato, Jorge Pinto, caía estrepitosamente hasta situarse en el 0,7 % de los votos. El candidato del Partido Comunista, Antonio Filipe —quien había obtenido el 3 % de los votos en las elecciones legislativas— no pasó esta vez del 1,6 %. La que mayor resistencia opuso fue la candidata del Bloque de Izquierda, Catarina Martins (excoordinadora de ese partido y actual eurodiputada), quien logró mantener el 2 % obtenido por el Bloque en mayo del año pasado. Martins —la única mujer entre los once candidatos y a quien las encuestas le otorgaban el 5 % de la intención de voto tras su brillante desempeño durante el ciclo de debates televisivos— se solidarizó con la huelga general de diciembre y centró su campaña en los temas del costo de la vida y la especulación inmobiliaria, además de ser también la única entre todos los candidatos en abogar valientemente por la retirada de Portugal de la OTAN. La huelga general del pasado mes de diciembre, convocada conjuntamente por la Confederación General de los Trabajadores Portugueses (CGTP) y la Unión General de Trabajadores (UGT) en protesta contra las nuevas leyes laborales que el Gobierno quiere imponer, fue la mayor movilización social en muchos años, unificó a la izquierda en el terreno de la lucha y demostró que existe un prometedor camino de resistencia. Pero será un camino arduo.

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Publicado en Artículos, Elecciones, homeCentro and Portugal

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