La primera vuelta de las presidenciales en Portugal dejó una señal de alarma: mientras la izquierda se derrumba, la extrema derecha de Chega consolida su avance. El resultado no se explica solo por la retórica xenófoba, sino por una crisis social profunda y la connivencia de la derecha tradicional.
Notas publicadas en Portugal
El gobierno de derecha de Portugal está ampliando la agenda antiobrera que impulsó durante la era de la austeridad. Una huelga general de tres millones de personas el 11 de diciembre demostró la resistencia de la clase trabajadora.
Durante décadas tras la Revolución de los Claveles, muchos creían que Portugal era inmune a la extrema derecha. El ascenso de Chega, el partido antiinmigración que logró casi una cuarta parte de los votos el domingo, puso en duda esa idea.
La Revolución portuguesa sigue siendo un campo de batalla por su sentido histórico. Más que una simple transición democrática, fue una irrupción popular que desbordó los márgenes del antifascismo convencional.
La derecha obtuvo más del 50% de los votos en las elecciones generales celebradas en Portugal a principios de mes. Lo hizo politizando un escándalo de corrupción y abriendo una brecha entre la izquierda radical y la centroizquierda.
Portugal salió de la última crisis con una economía más frágil y cada vez más dependiente del turismo; sus debilidades se vieron expuestas con la pandemia. Pero los planes del gobierno para gastar los fondos de recuperación de la UE muestran que las lecciones no se han aprendido.
Las elecciones recientes en Portugal dieron la mayoría absoluta al PS. La izquierda sufrió una derrota importante, arrastrada por el fantasma de una falsa polarización anunciada en los sondeos. El nuevo gobierno es festejado por los sectores patronales.

Murió Otelo Saraiva de Carvalho, estratega de la Revolución de los Claveles.








