En una entrevista con el New York Times después de las elecciones de 2020, la congresista socialista democrática Alexandria Ocasio-Cortez (AOC) dijo que le sorprendía la «proporción de apoyo blanco a Trump». De cara al futuro, afirmó, los demócratas tendrían que aprender a «desactivar activamente la potente influencia del racismo en las urnas».
Hay un sentido claro en el que su premisa es correcta. Los votantes blancos que se mueven principalmente por el miedo a los inmigrantes, por ejemplo, van a votar a demagogos como Donald Trump. Pero eso deja abierta la pregunta de cómo desactivar el atractivo de la derecha.
Dado que AOC fue ampliamente mencionada como una posible candidata a la nominación presidencial de 2028, es importante ver cómo aborda esta cuestión central. Si va a ser la abanderada de la izquierda, necesitamos saber que va a ofrecer un mensaje ganador.
Ya en 2016, había esbozado una posible respuesta sobre cómo desactivar los apelativos xenófobos en sus comentarios sobre la primera victoria de Trump. Si bien «no deseaba (ni votó) por este resultado», dijo entonces, sí «buscó comprenderlo». Y sostuvo que el modo de entenderlo empieza por reconocer que la inestabilidad social «es un resultado directo de la desigualdad de la riqueza».
En 2016 incluso sostuvo que «el racismo, el sexismo y la xenofobia no ganaron anoche». No negaba que el racismo, el sexismo y la xenofobia estuvieran en juego. Pero decía que esos prejuicios eran «acompañantes» de problemas más grandes, y que la solución era tomarse «en serio la pobreza y la desigualdad económica».
Esto se alinea con la visión histórica de la izquierda socialista, según la cual la forma más importante de amortiguar el atractivo de los prejuicios sociales entre la clase trabajadora es apelar a los trabajadores de todas las razas sobre la base de sus intereses materiales compartidos. Todo el mundo necesita atención médica, vivienda, salarios más altos y más tiempo libre para pasar con sus seres queridos. Ese llamado es «interseccional» en el sentido más verdadero. Cruza distinciones de origen e identidad y enlaza a la mayoría de los miembros de cada grupo.
En la entrevista de 2020, sin embargo, AOC dio una respuesta mucho más confusa, al decir que los progresistas «necesitan hacer mucho trabajo antirracista, de canvassing profundo, en este país». Eso suena a que los militantes electorales podrían mantener conversaciones en cada puerta tan «profundas» que las personas que albergan una animadversión racial se convencerían de empezar a trabajar sobre sí mismas y a convertirse en mejores personas.
Las cosas muy distintas que la congresista dijo sobre este tema a lo largo de los años se entienden mejor si las consideramos no tanto como una cuestión de inconsistencia personal sino como el reflejo de distintas líneas de pensamiento que en distintos momentos ejercieron una influencia dentro de la izquierda en su conjunto.
Muchos de nosotros estuvimos tironeados entre enfoques diferentes en distintos momentos. En la ciudad de Nueva York, por ejemplo, muchos de los mismos progresistas de base que en el pasado abrazaron la política de la identidad se entusiasmaron este año con la exitosa candidatura a la alcaldía de Zohran Mamdani, que estuvo milimétricamente enfocada en las cuestiones básicas del día a día.
De hecho, el alcalde electo suele jactarse de las decenas de miles de ex votantes de Trump en toda la ciudad a los que logró conquistar en la elección del mes pasado. En una aparición en MSNBC, más temprano en la campaña, explicó su teoría al respecto y dijo que «si tienes un enfoque implacable en una agenda económica, si vuelves a darle la bienvenida a la gente y cambias el instinto político de dar lecciones por el de escuchar, todavía se puede lograr que la gente vuelva al Partido Demócrata».
De hecho, AOC, que hizo campaña de manera muy activa por Mamdani, marcando a menudo notas retóricas similares a lo largo de este año. Pasó gran parte del año copresentando los actos de «Lucha contra la oligarquía» por todo el país, junto a Bernie Sanders. AOC y Sanders pusieron especial énfasis en recorrer los estados que votaron por Trump, y su mensaje se centró en unir a la clase trabajadora contra los «oligarcas» ricos, poniendo el acento en las cuestiones económicas.
Este enfoque no implica descuidar a los grupos marginados ni ser indiferente a los prejuicios o a los maltratos. Una agenda económica universalista beneficia de manera desproporcionada a los grupos demográficos que hoy están peor, a menudo como consecuencia de los efectos de discriminaciones pasadas. También crea condiciones en las que resulta más fácil que los grupos que pueden ser víctimas de prejuicios o de prácticas culturales retrógradas se defiendan hoy. En una sociedad menos precaria y más igualitaria en términos económicos, por ejemplo, es menos probable que las mujeres queden atrapadas económicamente en relaciones definidas por normas culturales sexistas sobre la distribución del trabajo doméstico. Los trabajadores cuyos jefes hacen chistes racistas en el trabajo son más proclives a decir algo si cuentan con sindicatos fuertes y mejores leyes laborales, porque se preocupan menos por el hecho de que plantarse ante una situación de ese tipo en el trabajo pueda implicar la pérdida de su sustento.
Y la historia del movimiento obrero a menudo involucró a trabajadores de distintos orígenes que, aunque antes pudieran haber albergado prejuicios entre sí, unieron fuerzas por sus intereses compartidos y desarrollaron una mayor valoración de su humanidad común a través de la experiencia de la lucha compartida. Esa historia sugiere que apelar a las personas sobre la base de sus intereses compartidos tiene más probabilidades de rendir como primer paso que las «profundas conversaciones antirracistas».
La buena noticia es que, en 2025, hubo muchas señales de que AOC se está moviendo en la dirección correcta. En una aparición junto a Sanders en un town hall de CNN durante el cierre del gobierno federal, por ejemplo, habló de los jóvenes que se radicalizaron a través de la derecha online. Dijo que la retórica derechista intolerante, del tipo que abunda en las redes sociales, busca «dividirnos» para que «las mismas personas que son dueñas de esas plataformas —gente como Elon Musk, Peter Thiel, Mark Zuckerberg— puedan seguir saliéndose con la suya con sus robos a plena luz del día vía recortes impositivos y, para vaciarnos los bolsillos a todos, recortar nuestra atención médica, mantener bajos nuestros salarios, de modo que sigamos peleándonos entre nosotros mientras ellos se hacen más ricos».
Con un tono universalista saludable, dijo que la manera de «responder a eso» pasa por «mantenernos solidarios entre nosotros» por encima de todo tipo de divisiones identitarias y de origen. Incluso cuando no «nos entendemos del todo», sostuvo, necesitamos valorarnos como «compatriotas estadounidenses».
Ese es un mensaje que podría derrotar a la derecha. Y si AOC decide postularse a la presidencia, esa es la versión de ella que necesitamos ver.



















