La filtración de grabaciones que vinculan al hijo de Bolsonaro con la corrupción bancaria fractura a la extrema derecha. Para la izquierda, la oportunidad es de oro, pero exige romper el corsé fiscal y unificar a una clase trabajadora dividida.
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El gobierno de Jair Bolsonaro fue una época oscura para los movimientos sociales en Brasil. Desde el regreso de Lula, los movimientos han recuperado su papel, no solo en las calles, sino también en la formulación de las políticas gubernamentales.

La reelección no se gana negociando con el Centrão: se gana en la calle.
La elección de 2026 en Brasil sigue abierta: la extrema derecha conserva una implantación social profunda, el país continúa fracturado y la batalla contra el bolsonarismo exigirá mucho más que una campaña defensiva.
A medida que Luiz Inácio Lula da Silva busca su último mandato como presidente de Brasil, la estrategia electoral de la izquierda —quién se postula, qué facciones se alinean y cómo la coalición equilibra el pragmatismo con los principios— ya está delineando la era post-Lula.

Brasil combina una riqueza social y cultural extraordinaria con uno de los niveles de desigualdad más extremos del mundo. Incluso bajo el lulismo, las reformas resultan insuficientes para quebrar la estructura del capitalismo periférico brasileño.
La solidaridad con Palestina tiene una larga historia en Brasil. Pero, aunque Lula condenó al genocidio y retiró a su embajador, el Estado brasileño mantiene numerosas colaboraciones con Israel.
Una reflexión sobre el presente y futuro de la izquierda brasileña y un alerta sobre los riesgos de subestimar el peligro reaccionario. No hay forma de superar al lulismo sin primero derrotar al bolsonarismo y sin que se produzca un auge de la lucha de masas.
La experiencia del nuevo gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil pone de manifiesto que una estrategia frenteamplista durante la campaña electoral resulta decididamente menos eficaz a la hora de gobernar.
La confianza manifestada por Lula respecto de las próximas elecciones brasileñas podría ser temerariamente optimista. Porque la realidad es que su Gobierno se está debilitando, y no a la inversa.







