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Kate Winslet en El régimen (Max, 2024).

Kate Winslet es una autócrata inestable en El régimen

Traducción: Florencia Oroz

La nueva miniserie de HBO El régimen imagina los últimos días de una autocracia moderna que se desmorona. Con una brillante Kate Winslet en el papel de jefa de Estado grandilocuente e inestable, la serie establece inquietantes paralelismos con nuestros días.

Démosle puntos por intentarlo, pero lo cierto es que El régimen es un poco demasiado pesado para ser una sátira política. Recuerdo haber rezongado cuando leí que esta nueva miniserie de HBO Max estaba ambientada en un país ficticio de Europa Central, una elección del guionista Will Tracy (Succession) que ya de por sí me pareció pesada. Además, hay poco humor que sobreviva al ritmo pausado impuesto por el director Stephen Frears en el primer episodio. Frears dirige los primeros tres capítulos, mientras que Jessica Hobbs, de The Crown, dirige los otros tres.

Aun así, después de la merecidamente admirada Mare of Easttown (2021), cualquier nueva exhibición de Kate Winslet merece nuestra atención. Es una gran actriz de la vieja escuela y no se anda con chiquitas. Si reinas de la pantalla de antaño como Bette Davis, Ida Lupino o Susan Hayward hubieran podido trabajar con ella, sin duda alguna la hubieran reconocido como una igual.

Sus regios paseos por los salones palaciegos en un estado de dislocación mental, su extraño labio torcido, su mirada fija y el bizarro acento que ha conseguido para su papel de Elena Vernham, la mentalmente inestable canciller de derechas de un régimen en implosión, ejercen una fascinación única que te mantiene atento incluso cuando tu mente dormita un poco sobre la trama. El primer episodio expone la intriga de la corte en torno a Elena, así como las elaboradas estratagemas para aplacarla mientras los cortesanos resuelven su propia supervivencia dentro de un sistema que se desmorona.

Elena se ha convencido de que el aire del palacio está lleno de esporas de moho nacidas de la humedad sobre la base de la muerte de su despótico padre a causa de un cáncer de pulmón. Su padre sigue expuesto en un ataúd de cristal, aunque empieza a descomponerse y a mostrar «manchas» que angustian a su adorada hija en las conversaciones unilaterales que mantienen.

Agnes (Andrea Riseborough), la sardónica y aburrida administradora del palacio, contrata a un «investigador personal del agua», el corpulento y problemático soldado Herbert Zubak (Matthias Schoenaerts), para que siga a Elena con un hidrómetro y compruebe los posibles niveles de moho allá donde vaya. Ella lo quiere cerca, pues ve en su aparente brutalidad una especie de encarnación de los valores «populares» de su país. Pero la desdeñosa ministra de Finanzas, Susan Goin (Pippa Haywood), le llama «Carnicero» por ser un militar caído en desgracia a partir de su participación en una masacre de mineros en huelga.

Kate Winslet en El régimen (Max, 2024).

Elena cree que ella y Herbert se encuentran en sueños y que podrían establecer una relación significativa si tan solo él pudiera alcanzar un «estado mental elegante». La supervivencia de Herbert en su nuevo rol, o quizá en uno ampliado como principal asesor y protector de Elena, depende de su capacidad para descifrar lo que ella quiere decir con eso y lo que, en última instancia, quiere de él. Pero dado que es medianamente fácil halagar a las personas en el poder (alcanza con repetirles que son enormemente valientes, brillantes y geniales y que deben demostrar con contundencia esas cualidades al mundo), no resulta tan enigmático lo que él debería hacer.

«No eres nadie», le dice ella, pero a continuación le ofrece consuelo: «Eres el único que puede decirme lo que quieren los don nadie». Es su forma de referirse a los ciudadanos de la nación. El sistema bajo el que está gobernado aquel país es sumamente volátil, irracional, ignorante y basado casi exclusivamente en los deseos de Elena.

Obviamente, la serie pretende que reconozcamos los paralelismos con los imperios decadentes de nuestros días. La verdad es que ni siquiera mencionaría este hecho si no fuera porque es realmente increíble el modo en que los espectadores no captan las pistas de las obras cinematográficas y televisivas que gustan tanto criticar. Veo a gente en redes sociales quejándose de que Zona de interés aburre porque muestra por enésima vez que los alemanes de la Segunda Guerra Mundial sufrían la banalidad del mal… Claro, se trata solo de esos alemanes genocidas, y de nadie más (desde luego, no los estadounidenses de hoy, que apoyan aquí y ahora el genocidio de Israel en Gaza).

El escritor Will Tracy, que afirma tener como hobby leer libros sobre autocracias que se desmoronan, reconoce que normalmente «leyendo sobre ese tipo de regímenes en los que todo se derrumba, puedes prepararte quizá para que aparezcan las mismas condiciones en tu propio país y en tu propia vida». Pero también admite que esa lectura le relaja: «También creo que hay algo en… ya sabes, cuando estás leyendo sobre el sitio de Leningrado, antes de acostarte y apagas la luz y apoyas la cabeza en la almohada… tus problemas ya no parecen tan grandes, ¿verdad? (…) Me ayuda a dormir más rápido».

En resumen, aunque disfruto viendo la grandilocuencia de Winslet en su papel de canciller cada vez más desequilibrada, la serie no me convence del todo. Para una serie que se pretende sátira política, política es precisamente lo que falta. Hasta ahora, El régimen parece más un relato detallado de una loca y solitaria mujer en el poder que cualquier descripción medianamente atinada sobre las medidas y políticas típicas de los déspotas de derechas.

Por supuesto, la serie aún puede cobrar fuerza en los próximos episodios. Hay algunas elecciones de reparto realmente interesantes. Hugh Grant interpretará al anterior canciller, un izquierdista que, aún encarcelado, sigue siendo peligrosamente influyente y representando un desafío a la autoridad de Elena. Y Martha Plimpton llegará en el papel de Secretaria de Estado de Estados Unidos, intentando proteger los intereses norteamericanos en la región. Hasta donde sabemos, controlar las minas de cobalto de aquel país centroeuropeo sería un negocio muy rentable. Así que al menos algún próximo episodio deberá desmenuzar la relación neocolonial depredadora que mantiene Estados Unidos con los países en dificultades financieras y sus recursos naturales. Merece la pena echar un vistazo a algunos episodios más.

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Publicado en Cine y TV, homeCentro3, Ideología and Reseña

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