Pese a las amenazas de Donald Trump de destruir la civilización iraní, los cineastas del país persisten en su larga tradición de hacer un cine desafiante y profundamente humano, forjado bajo la censura, el encarcelamiento y la guerra.
Notas publicadas en Cine y TV
La muerte del cineasta y teórico marxista Alexander Kluge supone la pérdida de una voz que insistía en que los horrores del siglo pasado no estaban confinados al pasado. Siguen vivos en la continua existencia de las guerras imperialistas.
Las películas de Robert Kramer nos ofrecen un relato singular de la emergencia histórica de nuestro presente, un registro de aquellos que intentaron crear un mundo diferente y un recordatorio de lo mucho que queda por hacer.
El nuevo documental WTO/99 reconstruye las protestas de 1999 contra el orden comercial neoliberal global, la violenta represión policial y la esperanza de un mundo diferente que encontró una vibrante expresión en las calles de Seattle.
En un momento de profunda agitación y el lanzamiento de una nueva guerra descabellada, Hollywood se atuvo en su mayor parte a su mandato de «mantener la política fuera» en la ceremonia de los Óscar de este año. Javier Bardem, sin embargo, se mantuvo firme: no a la guerra y libertad para Palestina.
Una oscura novela rusa del siglo XIX sobre el amor y las clases sociales y un romance gay del siglo XXI en el mundo del hockey pueden parecer mundos aparte. Pero tanto Heated Rivalry como Molotov ofrecen lo mismo: pequeñas parábolas de ternura y valentía en tiempos difíciles.
Con nada más que un nuevo corte de Kill Bill para ofrecer, Quentin Tarantino entró en una especie de semirretiro justo cuando el cine está peleando por su supervivencia. Y, para colmo, no para de lanzar críticas desde afuera.
Una combinación del colapso del sistema de estudios de Hollywood, el declive de la censura y el surgimiento mundial de creativos que buscaban capitalizar el sexo y la violencia convirtió a 1960 en el año del nacimiento del cine de terror moderno.
De El Padrino a Rojos y Alguien tiene que ceder, Diane Keaton se movió entre la comedia y el drama con naturalidad, convirtiendo la autocrítica y el control en los motores gemelos de su arte. A lo largo de décadas de reinvención, construyó una carrera inconfundiblemente propia.

La sátira de Seth Rogen y Evan Goldberg sobre el problema de la propiedad intelectual en el cine comercial —en el que todo es una adaptación de otra cosa— no logra excusar ni abordar sus propios delitos contra la propiedad intelectual.








