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Fotografía: Kevin J. Thomson

«¿Escribir sobre la clase media? Eso ya lo hemos visto»

Aprovechamos que Alan Parks pasó por Barcelona y conversamos sobre sus libros y los motivos que lo llevan a escribirlos.

Entrevista de Simón Vázquez

Autor de las novelas de la serie negra con Enero sangriento, Hijos de febrero y su último título Bobby March vivirá para siempre los tres publicados en Tusquets, Alan Parks es un escritor escocés de novela negra inscrito en lo que algunos han querido llamar Tartan Noir, pero que también podríamos ubicar en la narrativa Working Class de Escocia y del Norte de Inglaterra, etiqueta que comparte con autores como Irvine Welsh, David Peace, Graeme Armstrong o Anthony Cartwright. Sus libros nos hablan de la depauperación, la epidemia de la heroína, las diferencias de clase y de las redes de pedofilia de la Iglesia católica.

Con motivo del festival BCNegra, Alan Parks nos ha visitado en Barcelona donde hemos tenido la oportunidad de conversar sobre sus libros, el trasfondo de sus novelas y la desintegración del Glasgow obrero de los años 1970 que describe en su serie de libros sobre Harry McCoy (detective escocés de origen humilde a menudo contrapuesto a las clases acomodadas de la ciudad).

SV

¿Por qué este contexto y porque este escenario de pobreza y conflicto que acompaña a la trama por el Glasgow de los años setenta?

AP

Soy de Glasgow, por tanto, me pareció la mejor ciudad sobre la que escribir y la época en la que está situada —a principios de los años setenta— fue una época en la que la ciudad cambió mucho. Las antiguas industrias habían cerrado sus puertas y había mucha desesperación entre la población. Creo que es cuando las ciudades se encuentran en un momento así cuando son más interesantes para escribir sobre ellas porque pasan diferentes cosas a la vez. Pensé que era una época en la que la sociedad empezaba a cambiar y cuando esto ocurre afecta a la manera en que vive la gente y, por tanto, las tramas son más ricas. Este fue el motivo realmente: una época interesante en un sitio interesante.

SV

En Enero sangriento (Tusquets, 2020), y posteriormente en los siguientes libros, sitúas un conflicto de clases muy claro entre la familia rica propietaria de los medios de comunicación y de grandes industrias que esconde su corrupción y el origen humilde del protagonista Harry McCoy. Junto al coprotagonista secundario Steve Cooper, un proxeneta y traficante de speed, ambos huérfanos crecidos en casas de acogida. Este antagonismo es una simple trama negra de lo que estaba ocurriendo en ese momento en Glasgow o existe una intencionalidad al situar el conflicto de clases en tus diferentes libros.

AP

Era típico de esa época. Pero, además, estos dos extremos de la sociedad a veces no se ponen en contacto, no interactúan, y si lo hacen suele ser a través de la delincuencia, del sexo o de las drogas. Son cosas que los juntan aunque estén en distintos extremos de la sociedad. En este sentido, todos saben lo que quieren conseguir. Esto es cuando la trama cobra interés. Unos deben evitar el mundo del otro y, por tanto, comienzan a explotar a los otros y los otros los utilizan a ellos y viceversa.

Creo que esos extremos de la sociedad cuando interactúan son siempre interesantes. ¿Escribir sobre la clase media?, eso ya lo hemos visto todos. En cambio, si tomas estos dos extremos la idea es que salgan cosas interesantes. Además, Glasgow tiene mucha fama de ser una zona muy violenta. Y es verdad. Por tanto, está bien demostrar que no sólo era una ciudad con pobreza y grandes industrias, sino que también había mucho dinero. Quise buscar una excusa para que estos dos mundos se encontraran e interactuaran entre ellos. La explotación sexual por ejemplo era una manera de enganchar a mucha gente a las drogas.

SV

Normalmente, una parte importante de la literatura trata a los personajes de origen humilde o de los bajos fondos como personas malignas, pero en tus novelas descubrimos personajes ambivalentes.

AP

Sinceramente, creo que debes escribir libros sobre personas que evidentemente tienen su perfil: pueden ser el policía o los criminales. Pero si primero piensas que son personas ante todo e intentas describir sus vidas funciona mejor. Y si sencillamente dices éste es un policía y éste es un delincuente al final la cosa se limita mucho. La mayor parte de la gente tiene una personalidad muy variada. No somos ni ángeles ni demonios sino todo aquello que hay en medio. Hay cosas que ocurren en la vida: debemos ver si tenemos esperanza, si mostramos una empatía hacia ellos. La mayor parte de la gente es así. Pero no podemos poner a un personaje que sólo sea malo o bueno porque entonces es un personaje que no tiene interés. Primero buscamos a la persona y resulta que su trabajo es ese o aquel.

SV

Hay una pequeña subtrama en la que la pareja de McCoy es una académica feminista que está estudiando el trabajo sexual y el proxenetismo y pide entrevistar a Cooper para conocer cómo funciona el mundo de la prostitución. En este momento se sitúa una divergencia entre cómo se percibe desde la academia determinados fenómenos sociales y cómo se autoperciben los sujetos protagonistas de estos estudios. También hay algunos momentos en los que se hace alguna crítica velada a los bares donde los izquierdistas van a discutir de política. ¿Por qué ubicas en la narración esta contradicción?

AP

Por dos motivos. En primer lugar, porque la policía en los años setenta era un mundo muy masculino, por tanto, cuesta mucho encontrar personajes femeninos que sean interesantes. Porque en aquella época en la policía las trataban casi como secretarias no les dejaban hacer nada en primera línea y pensé que podía crear que la novia de McCoy fuera una académica y estudiara la prostitución. Bien, en aquella época empezaba a surgir el feminismo. Y había un enfoque más académico con la aparición de los estudios de género y por eso era sugerente ver ese contraste. El de una persona que viene de un entorno muy liberal y politizado que posee la teoría y es más idealista. Y luego ser realmente consciente de la vida real que tenía la gente que ella estudiaba. A mí me iba muy bien que ella representara este tipo de feministas más liberales y que al terminar se viera la diferencia entre el pensamiento más académico y la realidad de la vida de la gente.

SV

Hay dos elementos clave. Lo primero es que en Hijos de febrero (Tusquets, 2021) vemos la aparición de la heroína como un fenómeno de masas. Y el segundo, que también aparece enterrado en Enero sangriento, es la red de pederastia y pedofilia que hay en el ámbito de la Iglesia católica en los centros de acogida de menores.

AP

La heroína. Empecemos por ahí. Por entonces era sólo para estrellas de rock. Era algo que estaba de moda, era algo de hippies, de músicos. Había muy poca gente que realmente la consumía o jugase un papel. Era algo muy bohemio, algo guay. La gente en ese momento no era consciente de que implicaría. Era bastante tendencia. Empezó así y acabó en un sitio muy diferente. Las drogas se ponen de moda y dejan de estar de moda, como cualquier otra cosa. Por tanto, a principios de los setenta la heroína era eso: algo bastante chic. Y después pues pasa de moda aunque en los noventa volvió a tener un nuevo momento de auge.

SV

¿Y sobre la pederastia en los centros de menores?

AP

Trato de explicarlo porque McCoy y Cooper crecieron dentro de los hogares de acogida y supongo que, como aquí, allí esto lo llevaba la Iglesia católica. En los últimos diez años ha habido cada vez más casos que han salido a la luz en todo el mundo, no sólo allí, pero en Escocia también.

Por tanto, sería poco realista que hubieran crecido en los años setenta en hogares de acogida y que no se hayan visto implicados hasta cierto punto, o bien, como testigos, o como víctimas de casos así. En consecuencia, habría sido una mentira no hablar de ello. En este caso a los personajes les ha afectado de formas distintas: McCoy piensa en ello constantemente y, en cambio, Cooper es algo más sencillo, él sale adelante, es como un tiburón sólo mira hacia adelante, no mira nunca al pasado. Ambos han experimentado lo mismo, pero muestran reacciones muy distintas. En aquella época no había sitio para que la gente hablara, no existía ningún espacio, no se entendía y sobre todo entre la clase obrera de Glasgow de los setenta. Era prácticamente imposible hablar de ello. Ahora la gente sí puede hablar abiertamente, pero entonces realmente se escondía. La gente no sabía que existía esto y creo que toda esa gente se sentía muy sola como si sólo les hubiera pasado a ellas no sabían que afectaba a tanta población. Con esto lo que quería era ilustrar las distintas reacciones que la gente tiene ante el trauma.

SV

Volviendo al escenario, para poder escribir un libro tan bien descrito. Pero sobre todo para poder describir determinadas situaciones de los bajos fondos, de la noche de Glasgow, de los bares, las peleas, la vida en las calles… No creo que pueda hacerse si no es desde la misma experiencia.

AP

[Risas] Un poco sí. Recuerdo algo de los años setenta. Pero solemos pensar en las décadas y las cosas no cambian tan drásticamente. Gran parte de los años setenta era similar a lo que después ocurría a principios de los ochenta. Y hablas con gente o investigas un poco el tema. Y es interesante intentar excavar y descubrir qué tipo de bar estaba de moda en 1973 o cómo habría sido el ambiente cuando entrabas en un bar así en Glasgow. Estamos hablando de antes de que todo fuera como eso de aquí (estamos en unos de los nuevos barrios de Barcelona) los bares en aquella época eran para los hombres y para beber, no eran para comer ni ir a charlar, sino directamente a beber. Y era bastante oscuro y triste, la verdad. Pero era un mundo interesante. Todo el tema de los hippies empezaba a salir: Pink Floyd, Led Zeppelin… toda esa gente. Pero era algo muy minúsculo. También estaba la parte estudiantil. Si te fijas en cualquier ciudad siempre ha habido diferentes zonas y entornos de gente que hacía cosas distintas. He intentado incluir parte de esa diferencia. Por ejemplo, en el próximo libro hay una mujer que tiene tienda y allí tiene objetos victorianos antiguos. De eso me acuerdo. Recuerdo que iba con mi hermana, íbamos a comprar y en esa época todos estos objetos victorianos, animales disecados… eran algo muy de moda y eran las tiendas más chulas. Tienes recuerdos y otros elementos que debes investigar. Pero es interesante intentar ir descubriendo todas estas partes.

SV

Según varios medios y estudios Glasgow es la ciudad con menos esperanza de vida de Europa, por debajo de la media de los países latinoamericanos. Qué diferencias hay entre el Glasgow de los años setenta que tú narras y el Glasgow de ahora.

AP

La diferencia seguramente es la misma que vemos en muchas ciudades industriales como puede ser Barcelona, Glasgow ahora es así como lo que ves [edificios nuevos y hoteles]. Pero es algo que evoluciona. En los años setenta había muchísima pobreza, ni esperanza de que la cosa cambiase. Si eras del mundo proletario, costaba mucho aspirar a un trabajo que te permitiera salir de allí. Te quedabas donde estabas. Lo que pasaba es que la gente tomaba la decisión de que si empezaban a delinquir y a hacer cosas ilegales podrían llegar a obtener dinero, quizás no, pero la oportunidad estaba ahí. Y, por tanto, merecía la pena probarlo. Hoy en día Glasgow es como cualquier otra capital europea. A ver, tiene sus barrios, pero seguro que Barcelona también tiene sus barrios. En los años setenta todo el mundo vivía dentro de la ciudad. Había mucha clase obrera, pero todos (ricos y pobres) vivían en el centro hacinados y eso complicaba mucho las cosas. Todas esas casas ya las han derribado y, por tanto, los pobres han ido mudándose a la periferia. La violencia ya no está en el centro de la ciudad. Ahora está fuera en los barrios periféricos, como ocurre en Francia, como ocurre en muchos lugares.

En consecuencia, esto ha cambiado un poco, es comparable a otras ciudades. Hay partes muy bonitas donde a medianoche puedes pasear y otras que te lo pensarías dos veces. Lo que ocurre en todas partes. Siempre puedes encontrar una zona violenta si lo intentas y si la buscas está ahí. En los setenta era una ciudad en la que se bebía mucho alcohol y por lo general cuando la gente se emborracha toma decisiones estúpidas y se acaba peleando con la gente cosa que no es buena idea. Esto no ayudaba mucho.

SV

Tanto en Escocia como en el norte de Inglaterra hay una efervescencia de libros y de autores similares. Irvine Welsh, David Peace, Graeme Armstrong, Anthony Cartwright o tú mismo. ¿Por qué crees que se ha dado?, ¿por qué en otros lugares de Europa no hay una combinación de autores con temática similar? ¿Con esta perspectiva desde abajo?

AP

¡Pues no lo sé! Ciertamente por ejemplo el libro de Armstrong [The young gang] es un libro muy bueno sobre el Glasgow de los años ochenta y principios de los noventa.

SV

Aún no ha llegado aquí.

AP

Sobre lo que me dices estoy intentando pensar porque no lo sé la verdad. Yo creo que lo que pasa es que hay varios autores que empiezan a publicar que son de un mismo sitio y la gente los agrupa como a los grupos musicales. Empezamos a publicar y todo el mundo comienza a fijarse en el norte. También hay mucha gente del sur, ingleses, que están bien, pero quizás son por lo general algo más rurales o más educados. Por eso entran en otras temáticas y no tanto en la violencia. Por tanto, es un estilo diferente y ya. Es relativamente fácil para los libreros etiquetar con el término Tartan Noir y todo lo que sea escocés lo meto aquí y será más fácil de vender. Como con la novela negra escandinava. Aparecen dos o tres libros a la vez y de repente parece ser un movimiento.

SV

Vuelvo a la pregunta porque por ejemplo la novela negra francesa, italiana o española actual quitando algunas excepciones está desconflictivizada. No se ven las causas sociales del conflicto. Creo que la escritura que se hace en Escocia o en el norte de Inglaterra sí que sitúa mucho el conflicto entre las clases, la desindustrialización, la salud mental, elementos como el consumo de drogas masivo…

AP

En mi caso me costaría escribir un libro sin referirme a las cosas que ocurrían en aquella época. Porque no tengo traza con las tramas y por eso debes llenar de algo que no sea la trama. Además, los libros tampoco se basan en un gran misterio sino que hablan de personas. La mayor parte de los delitos que aparecen en mis libros son gente que se emborracha y toma malas decisiones. No son grandes malvados que quieren apoderarse del mundo, son imbéciles que cometen este tipo de idiotez. Y piensas, bueno, ¿por qué? No tienen dinero, se van a un pub, no saben qué hacer y se emborrachan. A mí me costaría mucho escribir un libro que no tuviera esa dimensión social es que no sé ni de qué escribiría. Sería un poco raro, quedaría vacío. Además, a mí me gusta escribir sobre esto para mí es más interesante, cómo va evolucionando el conflicto y tener que pensar al respecto.

 

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