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Daniel Kaluuya como Fred Hampton en Judas y el Mesías Negro. (Foto cortesía de Warner Brothers)

Judas y el mesías negro debería ganar el Oscar

Judas y el mesías negro cuenta la historia de Fred Hampton, el brillante Pantera Negra asesinado por el FBI. El hecho de que Hollywood haga una película sobre el militante más radical y socialista de las Panteras es en sí mismo un acontecimiento notable.

El 4 de diciembre de 1969, la policía de Chicago allanó el apartamento de uno de los líderes más activos y prometedores del Partido de las Panteras Negras, Fred Hampton. Equipados con ametralladoras, rifles, escopetas y pistolas, los policías no sólo dispararon primero, sino que tiraron más de noventa disparos. Las Panteras, según las conclusiones del jurado, tiraron como mucho un solo disparo.

El violento ataque se cobró la vida de Hampton y Mark Clark. Hampton fue asesinado mientras dormía, probablemente drogado por el informante del FBI, el agente encubierto William O’Neal. Después de que la policía sacara a Akua Njeri del lugar de la agresión, la militante, embarazada de Hampton, escuchó por casualidad a un agente de policía preguntar si el militante seguía vivo. De repente Njeri escuchó dos disparos más, y entonces otro agente de policía respondió: “Ahora sí está muerto”.

Los asesinatos de Hampton y Clark fueron obra directa del Departamento de Policía de Chicago y del Fiscal del Estado del Condado de Cook, Edward Hanrahan. Pero una histórica investigación del Senado de Estados Unidos sobre la mala conducta de las agencias de inteligencia estadounidenses y un prolongado juicio por homicidio involuntario revelaron que la operación policial formaba parte de una operación secreta de inteligencia interna del FBI para neutralizar los movimientos políticos que desafiaban “el orden político y social existente.”

Hampton tenía 21 años cuando fue asesinado. Era un orador brillante, motivado por una oposición visceral a la opresión racial y una visión socialista inquebrantable.

Por ello, Hampton sigue siendo una figura heroica para muchos en la izquierda. Las personas nacidas décadas después de su asesinato siguen encontrando inspiración en su vida. Y el asesinato de Hampton a manos del FBI y del Departamento de Policía de Chicago sigue siendo una historia importante sobre el “extremo” al que es capaz de llegar el gobierno de Estados Unidos para silenciar a los izquierdistas.

Pero aunque la historia de Hampton puede ser conocida por algunos sectores de la izquierda, la mayoría del mundo probablemente nunca ha oído hablar de Hampton o del programa secreto de contrainteligencia del FBI que causó su muerte.

Por eso es tan importante que la nueva película Judas y el Mesías Negro trate de contar la historia de la muerte de Hampton a manos del FBI. Con el respaldo de un gran estudio de Hollywood, la película tiene el potencial de llevar esta historia a un público masivo. Afortunadamente, el largometraje consigue estar a la altura de la historia que retrata.

Cómo combatir el fuego

Las Panteras Negras son uno de los grupos menos comprendidos de la historia de Estados Unidos. A día de hoy, se les demoniza, distorsionando su visión en un intento de silenciar su memoria. En la película, el agente del FBI Roy Mitchell compara al Partido de las Panteras Negras con el Ku Klux Klan. Aunque tal comparación es tan abominable como absurda, refleja cómo las Panteras siguen siendo constantemente malinterpretados como violentos chovinistas raciales. Y cuando no se calumnia a las Panteras, se les coopta, omitiendo su política radical en favor de la apropiación de su estética radical chic.

Cualquier activista de izquierdas que vaya a ver una película de Hollywood sobre Fred Hampton lo hace con recelo.

La primera vez que vemos a Fred Hampton (interpretado por Daniel Kaluuya) en pantalla, está pronunciando una de sus discursos más famosos:

No creemos que la mejor manera de combatir el fuego sea con fuego; la mejor manera de combatir el fuego es con agua. No combatiremos el racismo con el racismo, sino con la solidaridad. No combatiremos el capitalismo con el capitalismo negro, sino con el socialismo.

Poco después, vemos a Hampton hablando a un grupo de estudiantes negros en una universidad local. El orador que presenta a Hampton anuncia que, de acuerdo con las demandas de los estudiantes, la universidad cambiará su nombre por el de Malcolm X College. Cuando Hampton sube al escenario, reprocha a aquellos del público que piensan que un cambio de nombre sea lo mismo que una verdadera liberación. Se trata, afirma Hampton, del reformismo liberal. La reforma liberal consiste en convertir a los esclavos en “mejores esclavos”, mientras lo que las Panteras quieren es una revolución. Hampton hace saber a los estudiantes quién es su verdadero enemigo: “el capitalista”.

En otra escena, vemos a Fred Hampton coordinando actos de formación política para nuevos reclutas. Hampton no sólo habla del socialismo, sino también de Mao Tse-tung y del impacto de sus teorías en la perspectiva del Partido. El informante del FBI, William O’Neal (interpretado por LaKeith Stanfield), ignora la lección porque está más interesado en seducir a una mujer sentada a su lado. Hampton le llama la atención y le recuerda las enseñanzas del partido sobre el respeto a las compañeras. Los hombres no deben tomarse libertades con las mujeres y deben reconocerlas como “hermanas de armas”.

Lejos de los chovinistas raciales, Hampton busca construir una “Coalición Arco Iris” de las Panteras con los Young Lords, una organización predominantemente puertorriqueña similar a los Panthers en cuanto a ideología; y los Young Patriots, una organización anticapitalista de izquierdas de autodenominados rednecks (pobres blancos) compuesta en gran parte por emigrantes de los Apalaches a Chicago.

En una tensa dramatización del primer encuentro entre las Panteras y los Patriots, algunos de las Panteras parecen dudar sobre lo que les puede esperar cuando se enfrenten a los Patriots. Al incorporarse a una reunión en curso, una gigantesca bandera confederada llama inmediatamente su atención. Un orador desde el escenario afirma que la bandera es sólo para recordar su herencia sureña. Un miembro de las Panteras responde que la bandera le recuerda el linchamiento que sufrió su familia. El orador de los Patriots declara: “Mi pueblo ha oprimido a su pueblo durante cientos de años”, antes de que un miembro blanco del público estalle, afirmando que su pueblo no oprimía a nadie, ya que su familia era aparcera.

Antes de que la situación pueda explotar, Hampton interviene. Recuerda a los asistentes blancos que viven en barrios pobres en condiciones igual de deplorables que los negros. En resumen, reconoce las diferencias y tensiones entre ellos, pero insiste en que sus similitudes en la opresión deben unirlos para luchar contra un enemigo común.

El objetivo principal de las Panteras era combatir la opresión racial logrando la autodeterminación de las comunidades negras de Estados Unidos. Las Panteras se formaron en Oakland como Partido Pantera Negra para la Autodefensa. Con las armas en la mano, siguieron a los policías para asegurarse de que no cometerían abusos. A pesar de ser un movimiento contra la opresión de la población negra en Estados Unidos, las Panteras operaban a través de un marco explícitamente internacionalista y socialista influenciado por los escritos de Frantz Fanon, y se consideraban integrantes del mismo movimiento global conformado por la revolución cubana y las luchas de liberación nacional en Argelia y Vietnam.

Y tenían claro el origen de la opresión negra: el capitalismo. Los capitalistas negros no resolverían jamás el problema. Sólo el socialismo lo haría. En esta lucha, las Panteras estaban dispuestos a trabajar con personas pobres y oprimidas de todas las razas y orígenes para lograr su objetivo.

Aparte de algunas observaciones aisladas, incluidos los comentarios sobre los logros del sistema sanitario cubano, la política internacionalista de las Panteras no se explora mucho en la película. Pero el socialismo revolucionario de las Panteras Negras está en primer plano, lo que no es poco para una gran película de Hollywood.

Aunque la película se centra en Hampton, también trata en última instancia de los ataques del FBI contra él. También aquí la película hace justicia a la historia.

Crucificar a un posible Mesías

El título Judas y el Mesías Negro se refiere a una carta enviada por la sede central del FBI a su 41 oficinas locales. En 1956, el FBI inició formalmente un programa de contrainteligencia (llamado COINTELPRO) contra el Partido Comunista. Tradicionalmente, la contrainteligencia consistía en neutralizar a los agentes extranjeros hostiles, pero el FBI decidió que había llegado el momento de utilizar estas técnicas contra los movimientos políticos nacionales.

El FBI creía que sus poderes anticomunistas le permitían atacar a ciudadanos y organizaciones no comunistas que, según su evaluación, corrían el riesgo de ser infiltrados o influenciados por comunistas. Fue bajo este razonamiento que el FBI apuntó al movimiento de derechos civiles y a muchos de sus líderes más destacados, incluyendo a Martin Luther King.

Pero en 1967, el FBI creó un nuevo programa COINTELPRO para atacar a los “grupos de odio nacionalistas negros”. Por la misma época, el FBI también creó una sección de “investigaciones de inteligencia racial” dentro de su división de inteligencia nacional. El 4 de marzo de 1968, el FBI emitió un memorándum en el que se esbozaban los objetivos de este nuevo COINTELPRO, entre los que se incluía “Impedir el ASCENSO DE UN MENSAJE que pudiera unificar y dinamizar el movimiento nacionalista negro militante”.

En el momento en que se emitió el memorándum, las Panteras aún no estaban en el punto de mira del FBI. Los potenciales “mesías” en cuestión eran Martin Luther King, Stokely Carmichael y Elijah Muhammad (el memorándum señalaba que Malcolm X podría haber sido el temido “mesías”, pero su asesinato lo convirtió en un “mártir”). Exactamente un mes después de la publicación de este memorándum, Martin Luther King fue asesinado.

El propio J. Edgar Hoover, director del FBI, declararía a las Panteras la “mayor amenaza para la seguridad interna del país”; rápidamente se convertirían en el objetivo principal del programa. De las 295 operaciones COINTELPRO autorizadas contra grupos “nacionalistas negros”, 233 se llevarían a cabo contra las Panteras.

La revelación de que Hampton fue asesinado como resultado de una serie de acciones encubiertas diseñadas, en parte, para evitar el surgimiento de un “mesías negro” tuvo un impacto evidente. Fred Hampton era un orador carismático y un brillante organizador. Fue capaz no sólo de criticar la opresión racial, sino también de unir una coalición multirracial de la clase trabajadora. Muchos se preguntaron si el FBI temía que Hampton fuera ese “mesías” y por eso decidió asesinarlo. Judas y el Mesías Negro se nutre de esta visión de la historia.

Aunque la película evita lo didáctico, hace un buen trabajo al describir algunas tácticas habituales de COINTELPRO. Esto incluye el método del “chivatazo”, cuando los informantes del FBI tachan falsamente a otros de saboteadores o traidores para sembrar la sospecha. Como muestra la película, esto puede tener consecuencias letales.

También se describe cómo el FBI redactó panfletos con ataques a diferentes grupos que afirmaban falsamente ser de las Panteras, siempre con la esperanza de desencadenar un conflicto violento entre ellos. En otra escena, la película muestra cómo los informantes pueden actuar como agentes provocadores con el fin de crear un pretexto para un arresto, una táctica todavía popular entre el FBI.

En el título de la película, “Judas” antecede el “Mesías Negro”. Esto refleja la dirección del largometraje, que no está centrado en la figura de Hampton, sino en el informante del FBI William O’Neal. Este enfoque ha suscitado críticas. Aunque la película, afortunadamente, evita los retratos unidimensionales y caricaturescos, O’Neal se muestra bajo una luz más simpática de lo que merece.

En un puñado de escenas, se muestra a O’Neal luchando con lo que el FBI le ha encargado. Dado que el verdadero O’Neal contó muy poco de sus experiencias, estas escenas son puramente ficticias. No tenemos ni idea de si O’Neal se sintió alguna vez en conflicto con sus tareas. Y algunos de los peores actos de O’Neal como provocador se omiten en la película: O’Neal llegó a construir una silla eléctrica que quería que las Panteras utilizaran con los informantes, e intentó incitar a la violencia entre las Panteras y las bandas de Chicago. Ambos incidentes están completamente ausentes en la película.

Sin embargo, en conjunto, la película capta con éxito una historia poco contada, al tiempo que triunfa en términos cinematográficos convencionales.

La visión de Fred Hampton perdura

El FBI siempre ha recibido el apoyo de la cultura popular estadounidense. En el momento álgido de la “segunda amenaza roja”, Hollywood produjo películas como I was a Communist for the FBI, que celebraba a los agentes de inteligencia del país. Mientras que el FBI se ha beneficiado de una cobertura de prensa aduladora, las Panteras Negras fueron sometidas a un tratamiento exactamente opuesto.

Judas y el Mesías Negro llega en un momento de renovado activismo en torno a la violencia policial, el racismo y los fracasos del capitalismo. Los militantes de hoy en día se preguntan cómo hacer frente a la opresión racial y a la explotación de clase.

La visión revolucionaria de Fred Hampton ofrece una perspectiva sobre cómo afrontar la opresión racial y la explotación capitalista no como problemas separados, sino como parte de una lucha entrelazada.

Si bien es necesario contar la verdadera historia de las Panteras y el FBI por sí misma, Judas y el Mesías Negro llega en un momento en el que los recuerdos de ese pasado son de gran relevancia. Y por eso, la izquierda puede encontrar mucho que celebrar en la película.

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