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Miles de manifestantes salen a las calles en apoyo de la huelga de maestros, el 23 de octubre de 2019 en Chicago, Illinois. (Scott Heins / Getty Images)

«No basta con luchar: hay que pensar seriamente en vencer»

Traducción: Luis Seia

Alrededor del mundo, los sindicatos y la izquierda tienen el poder para derrotar a los multimillonarios. No obstante, Jane McAlevey explica que, para lograr esto, es necesario que aprendamos de las mejores tradiciones de organización obrera y que hablemos con quienes todavía no están de acuerdo con nosotros.

Entrevista por Eric Blanc

Entre septiembre y octubre, miles de militantes y sindicalistas de setenta países participaron del espacio internacional de formación docente «Strike School» organizado por Jane McAlevey y auspiciado por la Fundación Rosa Luxemburgo.

Jane McAlevey ha desarrollado tareas de construcción organizativa y de negociación en el movimiento obrero por más de veinte años. Ahora, además, trabaja como corresponsal sobre el mundo sindical para la revista The Nation y es investigadora del Centro de estudios sobre el trabajo de la Universidad de California en Berkeley. Es autora de tres libros: Raising Expectations (and Raising Hell), No Shortcuts, Organizing for Power in the New Gilded Age y A Collective Bargain: Unions, Organizing & the Fight for Democracy.

Eric Blanc, de Jacobin, habló con McAlevey sobre los ejes centrales del curso, las razones por las que se ha dejado de lado esta tradición en el movimiento obrero organizado y las formas en que los métodos eficaces para construir organización pueden ayudar a reconstruir la política de la clase obrera y a transformar los sindicatos actuales.

 

EB

¿Nos puede contar sobre Strike School, quiénes participaron y qué objetivos tiene?

JM

Para ser honesta, organizamos el espacio Strike School, en parte, en respuesta a que los paros y las huelgas generales eran un tema de conversación cada vez más usual. Hay muchos que ahora dicen que necesitamos hacer una huelga general, por lo que nos pareció el momento justo para profundizar en los fundamentos de la construcción organizativa y para enseñar a preparar huelgas de «supermayorías» —los tipos de huelgas que necesitamos para frenar a la derecha y revertir la situación en favor de la clase obrera.

Strike School se ha convertido en un espacio importante en los últimos dos meses; fue todo un acontecimiento verlo crecer. Hubo miles de participantes de setenta países y se hizo la traducción de todas las clases y materiales al árabe, español, francés, portugués, hebreo y alemán. El espacio está auspiciado por la Fundación Rosa Luxemburgo, lo cual es hermoso, porque nos da la posibilidad de continuar hoy con el nombre de Rosa y de mantener vivas las ideas de paros y grandes huelgas.

Diseñamos un curso para darle relevancia a los fundamentos de la construcción organizativa y para vincularlos específicamente con el modo en que desarrollamos sindicatos que estén preparados para las huelgas. También hay muchísimas organizaciones estupendas de inquilinos y de la lucha climática que están involucradas y que llevan lo aprendido a la práctica.

Recibo tantos correos electrónicos que me cuesta seguirles el ritmo; la gente me dice «quiero aprender sobre lo que escribes». Decidí que si hay algo que puedo hacer por quienes no pueden leer los libros –que es mucha gente–, es asociarme con la Fundación Rosa Luxemburgo para ir un par de veces al año a hacer formaciones a lo loco. Esta vez, para esta edición de Strike School, le pedimos a la gente que se inscribiera en grupos. Prepararse para una huelga no es una cuestión individual, sino de quienes puedan formar organizaciones, aunque al comienzo sean pequeñas.

Y si hay algo que logra unir a Strike School, más allá de sus políticas radicales orientadas a cambiar las cosas desde abajo, es un compromiso a construir un método específico de organización que se base en la estructura. Porque no basta solo con luchar. Lo que necesitamos en nuestro lado es dar la lucha y vencer. Y para hacer eso, necesitamos aprender y reaprender los fundamentos de la construcción organizativa.

 

EB

Una de las grandes ideas que hilvanan los espacios de formación en Strike School, sobre las que has escrito en libros como Sin atajos, es la diferencia entre «construir organización» y «movilizar». ¿Podrías explicarnos en detalle esa diferencia y por qué te parece que es tan importante?

JM

Es realmente urgente que entendamos esa diferencia, particularmente quienes pertenecemos a espacios de izquierda y progresistas. «Movilizar» implica que le estamos diciendo a nuestra base ya consolidada que hagamos una acción. Que alguien se movilice en una elección, en una huelga o en una protesta, por definición, significa que le estás hablando a gente que ya está de acuerdo contigo.

Movilizar no es construir organización; es sacar de la comodidad a los compañeros con los que ya estás de acuerdo para que hagan algo. La izquierda le dedica mucho de su tiempo a movilizar.

Que no se me malinterprete: efectivamente, nosotros también tenemos que mejorar en la movilización, apuntando a ser más sistemáticos. Pero antes podemos tener una movilización en el marco de una huelga: lo más profundo que vemos en Strike School es cómo hacer que el 90% de los trabajadores que necesites estén listos para movilizarse e ir a la huelga. Una votación para la huelga es la última prueba para saber si se avanzó en la construcción organizativa necesaria.

El trabajo de construir organización es mucho más difícil, no se lo comprende del todo ni es de lo más atractivo para hacer. En los Estados Unidos, por ejemplo, para que una huelga sea real y efectiva –y para que sea capaz de dar respuesta al tipo de demandas que tienen los trabajadores–, se necesita que participe más del 90%.

Por eso lo que ganaron los maestros en Los Ángeles y en Chicago fue tan significativo. Llegar a eso implica un trabajo muy fuerte. Y mientras más grande y diversa sea la fuerza de trabajo, más complejo será el proyecto de intentar construir unidad y solidaridad entre etnias, géneros y situaciones migratorias diferentes, entre turnos de trabajo diferentes, e identidades diferentes.

Entonces el problema sobre «cómo entusiasmar a los trabajadores para que se sumen a un proyecto en el que creen que no comparten» resulta fundamental a la cuestión de la construcción de poder y de la preparación de una huelga. La mayoría, inclusive algunos socialistas, no entienden que no estamos simplemente convocando a una huelga. De lo que se trata es de construir y expandir el universo de gente que está con nosotros en esta lucha por justicia.

El concepto central del curso es ese: quienes tenemos la tarea de construir la organización, nos despertamos cada mañana preguntándonos cómo llegar a aquellos que no están de acuerdo con nosotros –o quienes piensan que no están de acuerdo con nosotros–. Estos compañeros, definitivamente no reciben nuestras publicaciones en redes sociales ni vienen a nuestras reuniones de militancia.

En Strike School hacemos un análisis de fuerza para saber cuánto nos tomará lograr una adhesión a la huelga que se acerque al 100%. Esto implica que le estás dedicando bastante tiempo a involucrar a quienes no quieren involucrarse en nuestro espacio. Para discutir con esas personas, será realmente importante que cuentes con algunas habilidades.

Es por ello que resulta tan importante enseñar la diferencia entre construir organización y movilizar, así como también poner el foco en la enseñanza de aquellas habilidades necesarias para entusiasmar a los más reacios y así generar el tipo de solidaridad y unidad que se requieren para una huelga exitosa.

 

EB

Si este método de construcción de organización es tan potente, ¿por qué crees que se ha perdido esta tradición, no solo en los Estados Unidos, sino en buena parte del mundo?

JM

Es una buena pregunta, pero déjame ponerla de otro modo: Creo que la tradición no «se perdió», creo que fue erradicada en gran parte del movimiento a los golpes, mediante encarcelamientos y (según el país) asesinatos.

En los Estados Unidos, puedes ver a la Taft-Hartley [legislación antisindical de 1947] y al macartismo como un punto de inflexión. Ese fue un momento en el que los capitalistas comprendieron la amenaza bastante real que implicaba la construcción de solidaridad de clase entre trabajadores, sin importar etnia o género. Fue un período en el que, con la complicidad de algunos dirigentes sindicales, hubo esfuerzos reales para destruir las tradiciones que construyeron los poderosos sindicatos conformados en la década de 1930.

Aquellos dirigentes sindicales –que habían sido cómplices voluntarios en las purgas de activistas radicalizados en aquel momento– terminaron cayendo en la cuenta de la gran ingenuidad que habían tenido al ver cómo, en el largo plazo, sus propios sindicatos y las vidas de sus afiliados serían, tarde o temprano, destruidas o seriamente deterioradas por esas mismas fuerzas capitalistas.

Luego, con el viraje hacia el sindicalismo de negocios, muchos de estos dirigentes pensaron que los trabajadores simplemente se quedarían en sus lugares, que los sindicatos tendrían seguridad institucional de por vida. Ese fue un error de comprensión elemental sobre cómo opera el poder y cómo reaccionan las personas.

Las habilidades que estamos enseñando en Strike School son las que aprendí de maestros extraordinarios en la tradición real del viejo 1199 [Sindicato Nacional de Trabajadores de la Salud]. Son habilidades que el movimiento perdió a los golpes o por cuestiones peores. Lo puedes notar al mirar lo que pasa en el mundo: muchos de los mismos métodos de construcción profunda de las organizaciones cruzan fronteras internacionales, razón por la cual muchos líderes políticos –de todos los tipos de países– encarcelan, asesinan y hacen todo lo posible para erradicar a la fuerza a los dirigentes más efectivos del movimiento. Por ello, mientras más podamos enseñar esas habilidades en la actualidad, mejor.

 

EB

Pensando en una estrategia política de clase no solo para la construcción sindical, sino en un sentido más general, ¿qué crees que la militancia de izquierda y socialista puede aprender de este método de construcción organizativa?

JM

Los métodos y la disciplina de construcción organizativa basada en estructuras en el lugar de trabajo contribuyen generalmente a la construcción de una izquierda más fuerte. Hay muchas lecciones sobre eso.

La primera es fundacional: ¿le dedicas la mayor parte de tu día a hablar con quienes no están de acuerdo contigo? Si te tomas seriamente la construcción de políticas de clase, la respuesta es afirmativa. Esa es la primera decisión estratégica.

¿Le dedicas todo tu tiempo a estar en hospitales o en escuelas en un distrito donde la gente ya está de acuerdo contigo y donde tus números están bastante bien? La respuesta, si estás construyendo un sindicato preparado para la huelga, es que te estás enfocando en lugares donde hay una oposición real y donde la gente piensa que no está de acuerdo contigo. Lo mismo ocurre para pensar cómo construimos una izquierda fuerte.

La segunda gran lección es que, efectivamente, hay un método para avanzar en ese sentido. En otras épocas, lo que realmente me fastidiaba de la izquierda estadounidense organizada era que, cada vez que iba a un congreso de izquierda, inmediatamente me acorralaban unos tipos blancos que ofrecían a los gritos unos materiales con su línea política para leer en un tamaño de letra de cuatro puntos. Y eso no va a construir un movimiento clasista ni efectivo para afrontar problemas étnicos o de género.

Lo que tienes que hacer es saber reconocer y comprender a la persona con la que estás hablando y respetar realmente el hecho de que puedan haber llegado a conclusiones diferentes de las tuyas a partir de una serie de condiciones sociales en sus vidas, las cuales pueden ser radicalmente diferentes de quienes construyen la organización. Esa es una de las cuestiones que distingue a quien construye la organización de un activista: entendemos que nuestra tarea es tener paciencia y reconocer de dónde proviene la persona que estamos queriendo involucrar, por qué son así y cómo podemos hacer un trabajo efectivo con esa persona en particular a fin de ayudarla a llegar a la conclusión de que quiere un país diferente, que quiere un sistema político-económico diferente del que tenemos.

Ese tipo de cambio no se genera dándole cátedra a la gente, hablando sin escucharla o juzgándola.

 

EB

He escuchado a algunos decir –algo que me parece injusto– que los métodos que enseñas son relevantes solo para dirigentes sindicales o trabajadores de sindicatos y no para transformar al movimiento obrero desde las bases. ¿Cómo ves la relación entre los métodos que se enseñan en Strike School y la cuestión sobre el modo en que la militancia socialista puede ayudar más efectivamente a construir y a transformar al movimiento obrero?

JM

En primer lugar, ya sea que estratégicamente formas parte de las bases por tener un trabajo en ese sector o bien que estés por fuera de las bases por haber mapeado el sistema nacional de salud por completo y tienes en claro cuáles son las ocho ciudades que pueden hacer colapsar al sistema; las dos son buenas ideas en nuestro país.

Para mí, se trata de poder entender tu rol en la construcción organizativa como una tarea fundamentalmente de formación política radical. ¿Estás mejorando las habilidades de otras personas? ¿Tu punto de partida comprende la necesidad de respetar las condiciones sociales que formaron y estructuraron a diferentes personas? Ese respeto, valor y método de trabajo se puede poner en práctica, más allá de si estás dentro o fuera.

Me parece genial, como sabes, que se trabaje en sectores estratégicos de la industria. Pero me parece que puede ser peligroso si se lo romantiza en exceso. Parte del porqué hacemos nuestro trabajo en Strike School se debe a que existe un conjunto de habilidades necesarias para realizar el trabajo más difícil. No es ninguna ciencia, pero sí es un conjunto de habilidades, ya sea que intentes aplicarlas en el lugar de trabajo o que lo abordes desde fuera. Es importante vencer y, por lo tanto, también lo es reconocer que el método y las habilidades realmente importan.

¿Le dedicas la mayor parte de tu día a hablar con quienes no están de acuerdo contigo? Si te tomas seriamente la construcción de una política de clase, la respuesta es afirmativa.

Por ello hacemos Strike School: porque la gente necesita exponerse a los mejores métodos para sobrellevar una discusión realmente difícil, como así también para darse cuenta del porqué debes enfocarte donde estén los más reacios y no donde todos los trabajadores quieran hablar contigo.

Estamos tratando de encontrar puntos en común entre lo que se discute sobre una huelga general y cómo llegamos allí en términos concretos. Ocurre lo mismo para la política de clase, en un sentido más amplio. Cuando la gente me pregunta «¿por qué no das una clase sobre cómo transformar los sindicatos?», mi respuesta es que se trata básicamente de la misma habilidad. Si primero no logras construir un apoyo mayoritario para cambiar tu sindicato local, lo que necesitas es dejar de convocar a una huelga general.

¿Cómo transformas un sindicato? Es la misma habilidad. Necesitas aprender cómo construir un apoyo mayoritario y una «supermayoría». Esa es la lección real que dejan Chicago y Los Ángeles. Cuando demuestras que eres capaz de convencer a una mayoría de tus compañeros de trabajo de que se puede tener una versión diferente de su propio sindicato, ese ya es el primer paso.

Todo lo que discutimos en Strike School, desde el reconocimiento de dirigentes, las formas de superar discusiones difíciles, la comprensión de los temas que más le importan a cada trabajador al que estás tratando de involucrar; hasta las formas de aprender a generar y lograr una moción de mayoría; todo ello se traduce en una formación pensada para vencer. Una construcción organizativa realmente buena es una construcción organizativa realmente buena.

Sobre el entrevistador

Eric Blanc es autor de Red State Revolt: The Teachers’ Strike Wave and Working-Class Politics.

 

Cierre

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Published in Entrevistas, Estados Unidos, homeIzq, Política and Trabajo

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