El ataque contra Venezuela no es síntoma de un nuevo auge imperial sino, por el contrario, una prueba de su decadencia. Pero el poder estadounidense consumiéndose a sí mismo no deja de ser una bestia muy peligrosa.
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Aunque Trump lanza amenazas de intervención militar contra países que van desde Groenlandia hasta Irán, América Latina es el principal objetivo de su estrategia de repliegue imperial. La izquierda de la región necesita nuevas alianzas para hacerle frente.
Lejos de la neutralidad abstracta, la tradición marxista ha pensado históricamente cómo intervenir en conflictos asimétricos entre potencias dominantes y Estados periféricos. El caso venezolano vuelve a colocar ese dilema en el centro de la escena.
El crudo pesado venezolano es caro de extraer, harían falta años de inversión para aumentar la producción y, a los precios actuales, no está claro que sea rentable. La agresión actual tiene más que ver con el poder que con la economía.
No es necesario estar de acuerdo con Maduro para reconocer que es un preso político y exigir su libertad. Nadie tiene que ser chavista para defender la soberanía de Venezuela. Quien en la izquierda no lo haga se sumirá en la deshonra, la vergüenza y la infamia.
Diez claves para comprender el alcance del ataque estadounidense a Venezuela, los escenarios en disputa y los desafíos que enfrenta la región ante una ofensiva imperial para reinstalar, sin eufemismos, la lógica del patio trasero.
El ataque a Venezuela señala una nueva fase del poder estadounidense en América Latina, definida por la coerción, la intimidación y la intervención sin límites.
La ofensiva militar lanzada por Estados Unidos contra Venezuela en la madrugada del 3 de enero marca un punto de inflexión histórico en la relación entre Washington y América Latina.
La ofensiva de Trump contra Venezuela marca la mayor escalada estadounidense en la región desde la Guerra Fría. Lo que ocurra allí puede definir el nuevo marco político para América Latina.
Los asesinatos de presuntos narcotraficantes en Venezuela por parte de Donald Trump, sin ningún tipo de proceso legal, reflejan los peligros que depara su segundo mandato. Son un capítulo más de la larga historia de injerencia estadounidense.









