Algo cambió en los últimos meses en Argentina. No de manera definitiva ni irreversible, pero cambió. La pregunta ya no parece ser si el gobierno de Javier Milei puede ser derrotado, sino en qué plazos y, sobre todo, de qué forma.
Artículos publicados por: Pedro Perucca
Sociólogo, periodista, editor asistente de Jacobin América latina.Con las derechas de nuevo en el poder en Argentina, este nuevo aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 no constituye un recordatorio sobre una fecha del pasado sino un campo de batalla del presente.
En nombre de la libertad y de una mayor calidad, el Gobierno de Javier Milei impulsa un proyecto para reorganizar el sistema educativo argentino en clave de mercado. Pero todos los ejemplos internacionales prueban que esto sólo profundiza las desigualdades.
La reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei no busca crear empleo sino disciplinar al trabajo. La flexibilización refuerza la asimetría entre capital y trabajo y consolida una redistribución regresiva del ingreso.
La ofensiva militar lanzada por Estados Unidos contra Venezuela en la madrugada del 3 de enero marca un punto de inflexión histórico en la relación entre Washington y América Latina.
El Gobierno de Milei, que parecía al borde de una crisis terminal, logró un nuevo aire gracias a un contundente triunfo en las elecciones intermedias. ¿Qué pasó?
Tras un impacto muy poco duradero de los anuncios de salvataje estadounidense, el gobierno de Milei juega su suerte en las elecciones del 26 de octubre. Pero, aunque el experimento libertariano fracase, deja instalados graves problemas a futuro.
La derrota en Buenos Aires quebró el aura de invulnerabilidad de Milei. Entre ajuste brutal, dependencia del salvataje de Trump y creciente malestar social, el gobierno libertario entra en su fase más frágil.
El gobierno de una ultraderecha cada vez más autoritaria y antidemocrática nos exige nuevos análisis y estrategias. Y existen recursos sociales de resistencia para la conformación de un frente antifascista que son alentadores.
No puede decirse que Lenin haya sido un fanático de la ciencia ficción. Y, sin embargo, muchos elementos, personajes e historias conectan al más grande líder revolucionario del siglo XX y al género literario más proteico de la literatura









