El ataque contra Venezuela marca la llegada de la etapa Los Soprano del imperialismo: la transformación de la hegemonía estadounidense en una extorsión desnuda. Como en la mafia, al final los acuerdos pueden romperse a punta de pistola.
Notas publicadas en Imperialismo
Éric Toussaint analiza a fondo la nueva doctrina de seguridad nacional de los Estados Unidos propuesta por Donald Trump, que habilita sin eufemismos el paso a un imperialismo de carácter abiertamente depredador, violento, reaccionario, autoritario y neofascista.
Esta semana se cumplieron quince años del derrocamiento del dictador tunecino Ben Ali, uno de los puntos culminantes de la Primavera Árabe. Los acontecimientos de 2011 dieron lugar a una impresionante oleada de revoluciones. Casi todas fueron reprimidas sangrientamente.
La tibia respuesta de los líderes europeos al ataque ilegal contra Venezuela demostró lo mucho que temen antagonizar con Washington. Ahora temen los planes de Trump de apoderarse de Groenlandia, pero no tienen un plan claro para detenerlo.
La agresión contra Venezuela inaugura una etapa de control directo sobre América Latina, donde el petróleo reemplaza a la diplomacia y la fuerza suplanta a la hegemonía.
El crudo pesado venezolano es caro de extraer, harían falta años de inversión para aumentar la producción y, a los precios actuales, no está claro que sea rentable. La agresión actual tiene más que ver con el poder que con la economía.
No es necesario estar de acuerdo con Maduro para reconocer que es un preso político y exigir su libertad. Nadie tiene que ser chavista para defender la soberanía de Venezuela. Quien en la izquierda no lo haga se sumirá en la deshonra, la vergüenza y la infamia.
La actitud evasiva de Keir Starmer ante el ataque de Donald Trump a Venezuela es un claro ejemplo de la «relación especial» de Gran Bretaña con Estados Unidos, caracterizada por una sumisión irreflexiva del primero a los intereses de la Casa Blanca.
Aunque el detonante fue de orden económico, las movilizaciones en Irán se convirtieron rápidamente en insurrecciones políticas. Pero la liberación de la República Islámica debe ir necesariamente acompañada de la liberación de las injerencias extranjeras.
Nada en las descaradas acciones ilegales de Donald Trump contra Nicolás Maduro sugiere que la élite estadounidense haya aprendido algo de los fracasos imperialistas en Afganistán, Irak o la propia Venezuela.









