La ofensiva de Estados Unidos contra Irán busca forzar una transformación interna del régimen mediante presión militar y golpes selectivos contra su liderazgo, apostando a que los sectores pragmáticos impongan un giro estratégico hacia Washington.
Notas publicadas en Imperialismo
El ataque estadounidense-israelí contra Irán ha causado graves daños a su estructura de mando, pero el sistema iraní está diseñado para soportar tal presión. Es de esperar una guerra más prolongada que la del año pasado, en la que los factores políticos serán clave para el resultado final.
Desde las redadas del ICE en Minneapolis hasta la presencia de la Guardia Nacional en las calles, Estados Unidos está viendo cómo las herramientas de intervención extranjera se reutilizan en su propio territorio. La violencia imperial no conoce fronteras.
Estados Unidos está atacando a Irán porque Donald Trump estaba decidido a arrastrar al país a una guerra a cualquier precio, pese a haber insistido una y otra vez en que haría exactamente lo contrario.
Presentados como una ofensiva contra el «mal», los ataques de Washington y Tel Aviv estrechan el margen de maniobra de Irán. En este escenario, los incentivos de Teherán se orientan cada vez más hacia la escalada como cuestión de supervivencia.
El trumpismo suele presentarse como un proyecto personalista que no representa ningún interés capitalista coherente. Pero es resultado de divisiones dentro de la clase dominante y de un nuevo bloque de poder que articula al complejo tecnológico-militar, el capital crypto y el extractivismo.

El gobierno de EE.UU no actualiza sus prioridades en materia de interés nacional cada mañana. Lo que hace es vengarse de quienes se atreven a rebelarse. Y ningún país, ninguna revolución ha sido más rebelde frente a esa violencia imperial que Cuba.
Hace sesenta años, delegados de todo el mundo se reunieron en La Habana para la Conferencia Tricontinental, forjando lazos de solidaridad y resistencia. El aniversario tuvo lugar el mes pasado, justo cuando Estados Unidos intensificó su campaña agresiva contra Cuba.
El nuevo bloqueo petrolero torna evidente lo que la diplomacia estadounidense siempre ha negado: que la guerra económica contra Cuba tiene como objetivo a la población civil en nombre del «cambio de régimen».







