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Chico Mendes hizo una enorme contribución a la lucha social en Brasil y en el mundo.

La eternidad de un ecosocialista intrépido

El 22 de diciembre de 1988 era cobardemente asesinado Chico Mendes, activista medioambiental y sindicalista brasileño. Inspirado por la revolución sandinista, soñó con la revolución socialista internacional y organizó la lucha de la clase obrera de la selva contra la codicia de los terratenientes que querían convertir el rico bioma amazónico en pastizales.

Por Hugo Albuquerque

Francisco Alves Mendes Filho, más conocido como Chico Mendes, nació en 1944 en Xapuri, Acre, la misma ciudad donde fue asesinado hace 33 años. En la Amazonia, a la que tanto amaba y por la que luchó hasta el final, el legado de Chico es ineludible, pero un hecho a menudo ignorado por los grandes medios de comunicación (seguramente a propósito) es que fue un militante socialista organizado y activo que presentó al mundo la cuestión del trabajo de los pueblos de la selva como sujetos históricos.

La lucha de los seringueiros, los trabajadores que extraían la materia prima del caucho de la selva amazónica, unía al mismo tiempo la reivindicación contra la explotación del trabajo con la lucha por la tierra y por la gestión sostenible del bioma. En la oposición estaban los grileiros y los grandes terratenientes, que avanzaron sobre la selva para transformarla en pastizales y para mantener a los caucheros en una condición de cuasi esclavismo, impidiéndoles organizarse colectivamente y recoger los frutos de su trabajo.

Chico Mendes aportó una enorme contribución a la lucha social en Brasil y en el mundo, desafiando las concepciones desarrollistas que, una y otra vez, atormentan a la propia izquierda, y que muchas veces califican a los pueblos de la selva como un elemento «atrasado» que necesita ser superado por el «progreso», desconociendo la enorme actualidad y poder creativo de estos sujetos. 

Como militante, Chico fue fundamental para la creación del Sindicato de Trabajadores de Xapuri. Fue elegido concejal por el Movimiento Democrático Brasileño (MDB) y, en mayo de 1980, pocos meses después de la fundación del Partido de los Trabajadores (PT), se unió al partido, convirtiéndose en el primer concejal del partido en Acre.

El cobarde asesinato que acabó con la vida de Chico le hizo eterno a él y a su lucha. Para recordar este día, Jacobin Brasil invitó a Gomercindo Rodrigues, amigo personal de Chico Mendes que militó con él en Xapuri, a escribir un breve relato de su legado y de los días previos a su muerte.

 

«Sabía que llegaría, la muerte sin avisar»

«A Gaspar», una canción nicaragüense del poeta Carlos Mejía Godoy, dice en uno de sus versos, al relatar la muerte del comandante sandinista: «… yo sabía que vendría, la muerte sin avisar…». Chico Mendes conocía y admiraba la revolución sandinista hasta el punto de que llamó a su hijo menor Sandino en honor al santo patrón de la revolución nicaragüense.

Con Chico Mendes no era diferente. Desde 1977 recibía constantes amenazas de muerte por parte de los ganaderos, principales víctimas del trabajo organizativo de los seringueiros en la región de Brasiléia y Xapuri, que se basaba en la realización de sorteos contra la tala de bosques. El 21 de julio de 1980 unos sicarios asesinaron al presidente del Sindicato de Trabajadores Rurales de Brasiléia, Wilson Pinheiro, el primer gran líder sindical de la región, con el que Chico Mendes trabajaba desde 1975. Según informaciones posteriores, Chico Mendes debía ser asesinado ese mismo día, pero no fue encontrado por quienes debían matarlo.

Después del entierro de Wilson Pinheiro en Brasiléia y, sobre todo, después de la muerte de Nilão, el capataz de los estancieros de la región, Chico tuvo que pasar cerca de dos meses viviendo en la semiclandestinidad, durmiendo cada día en un lugar diferente, siendo permanentemente perseguido por pistoleros que esperaban una oportunidad para matarlo con seguridad. Fueron días muy tensos, según el relato del propio Chico. Cada año se repetían las amenazas, sobre todo en la época de las talas, de la deforestación destinada a convertir los bosques en pastos, por la resistencia organizada de los trabajadores. 

Hasta su muerte, por lo que pudo averiguar, Chico Mendes estuvo muy cerca de ser asesinado seis veces, logrando escapar en algunas ocasiones por casualidad, cambiando de ruta de viaje o simplemente posponiendo los viajes ya reservados por otros motivos. En otras ocasiones, al ser advertido de una emboscada armada, Chico cambió la dirección de sus movimientos.

En una entrada del diario realizada el 10 de agosto de 1987, Chico Mendes anotó: «2 de la mañana, amenazas, intento a través de la cocina gaucha (sic) del Sindicato». Esa madrugada, durante la cual, por suerte, Chico no estaba solo en la sede del STR, en Xapuri, alguien intentó invadir la sede de la entidad saltando por la ventana del «jirau» (lugar donde se lavan los utensilios de cocina). El pistolero no tuvo éxito porque la madera podrida cedió bajo el peso del invasor, que huyó dejando sus huellas en el barro.

Unas semanas antes de su asesinato, Chico Mendes dejó una nota para un amigo en la oficina del Centro de Trabajadores de la Amazonia en Río Branco, diciendo que había sido seguido todo el día por hombres armados.

Chico Mendes sabía que estaba marcado para la muerte y denunció esta dramática situación a lo largo de 1988, enviando muchas cartas a las autoridades, tanto del Estado de Acre como federales. La prensa y los políticos de Acre consideraron esa correspondencia como si se tratara de alguien que denunciaba las amenazas solo para figurar en la primera plana de los medios de comunicación.

Siempre el último adiós

Sabiendo que no le quedaba mucho tiempo de vida, durante 1988, cada vez que daba una conferencia, cuando viajaba de vuelta a Acre, solía despedirse de sus amigos como si fuera la última vez que los viera. Esto quedó muy claro en las charlas que dio en Piracicaba (el 7 de diciembre) y en Río de Janeiro (el 9 de diciembre) cuando, al subrayar que había recibido amenazas de muerte, recalcó que tal vez volvía a su tierra para ser asesinado. A pesar de todas las amenazas y de los riesgos reales, Chico Mendes nunca dejó de luchar y creía que solo la organización y la disciplina de los trabajadores podían fortalecerlos para los enfrentamientos en defensa de su modo de vida de los pueblos del bosque.

Morir era una posibilidad real, pero Chico Mendes nunca se dejó vencer por el miedo. En su última entrevista con el periodista Edilson Martins, dejó constancia: «si un enviado del cielo bajara y me asegurara que mi muerte reforzaría nuestra lucha, valdría la pena. Pero la experiencia nos enseña lo contrario. Así que quiero vivir. Un acto público y numerosos funerales no salvarán la Amazonia. Quiero vivir».

Como dice la canción en honor al «Comandante Gaspar», el cura sandinista: «Yo sabía que la muerte vendría sin avisar, sin embargo la muerte es semilla cuando hay un pueblo detrás…»

Los que dispararon a Chico no dieron en el blanco, fallaron el tiro. Los que creen que lo mataron, en realidad lo hicieron inmortal.

¡Chico Mendes vive!

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El trabajo es la maldición de la clase bebedora.

OSCAR WILDE

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