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Leyendo «Los jacobinos negros» en Haití

Traducción: Valentín Huarte

Hoy hace 120 años nació C.L.R. James. Su obra maestra, «Los jacobinos negros», es todavía un hito en los estudios de la revolución haitiana, aunque también ha sido cuestionado desde distintos ángulos por los propios haitianos.

La revolución haitiana de 1804 produjo una crisis en la epistemología occidental. Para quienes se han posicionado en el marco de esta epistemología, ha sido difícil de aprehender el verdadero significado de la única revolución liderada por esclavos. Algunos haitianos, como el historiador Michel R. Trouillot, evocan la naturaleza de la revolución de 1804 como algo incluso impensable para los corpus teóricos del Occidente colonial y capitalista.

Sin lugar a dudas, Los jacobinos negros fue el primer intento genuino de pensar la singularidad de la revolución haitiana. El clásico estudio marxista de C.L.R. James plantea puntos de referencia sumamente pertinentes para los enfoques que buscan salir de las tesis sobre el Occidente colonial y capitalista. Es más, es imposible pensar la revolución haitiana desde el punto de vista haitiano sin partir de las premisas marxistas planteadas por Los jacobinos negros.

Sin embargo, según una generación contemporánea de intelectuales haitianos, la apuesta marxista del caribeño permanece preso al marco conceptual e ideológico de la modernidad. Durante los últimos veinte años, mientras los términos del debate sobre la revolución haitiana tendieron a renovarse bajo el prisma del poscolonialismo y la decolonialidad, algunas lecturas haitianas comenzaron a impugnar la concepción que James tiene del marxismo o, más bien, a su concepción marxista a secas.

Me gustaría mostrar cómo este supuesto fracaso de James para salir del colonialismo por medio del marxismo está lejos de ser un motivo para impugnar el aparato teórico de Marx y de Engels. En lo que sigue, intento demostrar que es más bien una reformulación del marxismo de James –a través de su recepción critica por el marxismo haitiano en primera instancia, luego por el decolonialismo– lo que nos permitirá concebir un análisis anticolonial de la revolución de 1804.

Se trata aquí de responder a una serie de preguntas que surgen a partir de la recepción critica haitiana del marxismo de C.L.R. James: ¿Cómo repensar las teorías marxistas bajo el prisma de la decolonialidad? ¿No nos plantea el mundo no occidental la exigencia de un reencuentro necesario entre marxismo y decolonialidad? ¿Qué lugar debemos darle a las tesis marxistas en el proyecto de la decolonialidad? ¿Qué implica la singularidad del caso haitiano en este debate entre marxismo, revolución y decolonialidad?

¿Un Haití decolonial?

Luego de su explosión en 1804, la revolución haitiana nunca cesó de reconstituirse como objeto de reflexiones tanto para la filosofía como para la investigación que se desarrolla en el campo de las ciencias sociales. El sociólogo haitiano Laennec Hurbon percibe en esta revolución un «avance poscolonial» y estima además que, «de ahora en adelante, es Occidente el que debería esforzarse para recuperar la revolución haitiana». Para Hurbon, es necesario situarse completamente por fuera de la perspectiva colonial de la Historia. El filósofo haitiano Adler Camilus, luego de haber examinado la tradición filosófica occidental, se vuelca hacia la decolonialidad para captar el núcleo radical de este acontecimiento.

En The Haitians: A Decolonial History, el investigador haitiano Jean Casimir desarrolla lo que podríamos denominar un análisis decolonial de la revolución haitiana de 1804. Con un prefacio de Walter Mignolo, la revolución completa oficialmente con esta obra su entrada solemne en el campo de los estudios decoloniales. ¿Qué implica el esquema epistemológico de la decolonialidad a los estudios sobre la revolución haitiana? Esta pregunta interpela la pertinencia de los análisis marxistas de esta revolución, que emergieron luego de los años 1930 con la publicación de Los jacobinos negros de C.L.R. James y los debates haitianos sobre la naturaleza de dicha revolución y de la formación social haitiana.

El estudio de Casimir pretende ser decolonial en la medida en que parte de uno de los aspectos negativos de la modernidad: el comercio de esclavos. De este modo, Casimir condena esa parte considerable de la historia, ocultada durante mucho tiempo por Occidente, que remite especialmente a los beneficios económicos que implicó este acontecimiento. Esta lectura decolonial, continúa el autor, tiene un rol desmitificador, a saber, el de develar el sistema-fetiche que está a la base de la estructuración conceptual de la modernidad colonial.

Esta lectura consiste en «denunciar la ficción ontológica del vocabulario de la modernidad occidental en todas las lenguas vernáculas modernas». Debe apuntar, precisa el autor, a las «imágenes del mundo que nos impiden ver lo que está frente a nuestros ojos», y encontrar el sentido oculto bajo las interpretaciones fundadas sobre los prejuicios etnocentristas. Por lo tanto, la lectura decolonial exige una crítica hermenéutica que vaya más allá del objeto examinado y de sus representaciones. El enfoque de Casimir deconstruye la historia parcial e incompleta elaborada alrededor de dicha revolución para plantear las condiciones de una narración haitiana de dicho acontecimiento.

La pertinencia del estudio de Casimir está en la ruptura que efectúa en relación con las narraciones precedentes sobre la revolución haitiana, especialmente la de C.L.R. James. La obra clásica del trinitense está excluida del estudio de Casimir, hasta el punto de no mencionarla jamás en su bibliografía. Es una forma de señalar su falta de pertinencia para su enfoque analítico decolonial.

La originalidad del método de Casimir, remarca Walter Mignolo, se encuentra en su rechazo a tomar como punto de partida a los héroes de la independencia, como Toussaint Louverture, para concentrarse en el «poder y la belleza del pueblo haitiano». Casimir exige que se tome en cuenta al pueblo soberano para comprender los fundamentos de este movimiento revolucionario. Así, Casimir intenta ir más allá de la estrategia de C.L.R. James, que consiste en mirar «desde abajo» para llegar al pueblo soberano, pasando a través de los héroes para comprender las aspiraciones de las masas populares. Casimir, en cambio, evita toda mediación para prestar atención directamente a los sujetos más subalternos de la revolución haitiana de 1804. Se trata de un verdadero desplazamiento geográfico del saber influenciado por «aquello que nos conmueve», tal como escribe Walter Mignolo, una de las figuras de más destacadas de la decolonialidad.

Ahora, la disyunción entre Marx y la decolonialidad ha sido postulada por muchos autores. En el caso de Camilus, la concepción haitiana de la emancipación fue tomada de improviso por la ausencia del ideal radical de la revolución haitiana en Marx. Casimir casi no evoca a Marx, volcándose más bien hacia las figuras no occidentales y los intelectuales latinoamericanos. Walter Mignolo resume esa posición sin ambages: «la decolonialidad no puede ser cartesiana ni marxista».

La apuesta marxista de C.L.R. James

Los jacobinos negros es una de las obras más completas y reflexivas de James. Este estudio juega un rol central en el pensamiento de James, otorgando consistencia ideológica a casi todas las iniciativas del autor. Publicada en 1938 en Inglaterra, estaba en la cabeza de James incluso antes de que este abandonara Trinidad en 1932. Es decir, la decisión de escribir sobre la revolución haitiana de 1804 tiene sus raíces en el Caribe, desde donde James articula su crítica de las grandes tesis del Occidente colonial.

La tentativa de reescribir la historia de esta revolución se nutre de los efectos periféricos del capitalismo y del colonialismo sobre los países del sur. Aunque fuesen Europa y sus archivos los que permitieron al autor profundizar su conocimiento sobre este acontecimiento, James rápidamente se vio confrontado a los límites de los análisis existentes sobre la revolución haitiana: según él, los libros consultados en Francia y en Inglaterra no tenían «ningún valor histórico» porque daban cuenta de un «enfoque superficial» que no tomaba en consideración los verdaderos desafíos económicos. Toda la pertinencia del estudio de James radica justamente en su interés por la potencia de las fuerzas económicas de la época, que modelaron la sociedad y la masa de las individualidades. En resumen, para James, la revolución haitiana se explica en relación con las contradicciones del capitalismo occidental.

«El Caribe siempre es considerado en función de la civilización occidental y nunca a partir de su propia historia», escribe James, indicando cuál es el horizonte de sus preocupaciones. Muestra la necesidad de salir de este Caribe creado por Occidente para fundar su ideología etnocentrista. Nos invita a volcarnos hacia los «esclavos», que son los verdaderos sujetos de este acontecimiento. El objetivo de James es combatir el lugar subalterno que se les atribuye a los africanos en la historia, y el análisis de la revolución haitiana le permite a James repensar la subjetividad de los mismos, invalidada por un pensamiento occidental que no cesa de demonizar la revolución de 1804. Este enfoque sobre África también exige la creación de nuevos útiles conceptuales, aptos para comprender las singularidades de este pueblo no occidental. Al forjar este nuevo enfoque, James vacila entre la figura del héroe y la potencia de las masas esclavas, lo que enriquece la calidad metodológica de su estudio.

El núcleo más problemático de la obra de James –y que será retomado críticamente por los marxistas haitianos–  es el lugar que le otorga a Toussaint en la comprensión de este acontecimiento revolucionario. El argumento central de Los jacobinos negros consiste en abordar las revoluciones francesa y haitiana para dar cuenta de su filiación. James remarca la influencia de la revolución francesa sobre la revolución de Santo Domingo, en relación con sus «causas y su desarrollo». Analicemos estos dos niveles.

Según James, las causas de la revolución haitiana fueron potenciadas por los ideales pregonados por Francia. ¿Cuáles son las causas de la revolución haitiana? Es la lucha contra el colonialismo y contra el capitalismo lo que está a la base de este acontecimiento. Era cuestión de erradicar la esclavitud, que había reificado a los sujetos raciales. Estos elementos desencadenaron el descontento popular que estuvo a la base de la revolución haitiana. James estima que esta última «siguió el curso» de la revolución francesa en lo que respecta a sus causas.

En cuanto al desarrollo, el acontecimiento de Santo Domingo se sirvió de muchos medios y tomó diferentes formas para concebir la nación haitiana. De esta forma, James sostiene que las dos revoluciones tienen causas similares y coinciden en su desarrollo. Pero también agrega que «la revolución en la colonia supera en sus efectos a la revolución metropolitana». Este matiz estratégico evita meter en la misma bolsa a ambas revoluciones. Así, James reconoce la singularidad de la revolución haitiana, aunque esta sigue siendo a sus ojos un producto típico de la Francia del siglo XVIII. Este tipo de aproximación entre los dos acontecimientos revolucionarios ensayado por James será uno de los puntos de desacuerdo fundamentales con la tradición intelectual haitiana, especialmente con los marxistas haitianos.

El otro momento importante en el estudio de James es el retrato que elabora de Toussaint Louverture, figura central de esta obra. Louverture sigue siendo a ojos de James el héroe principal de la revolución haitiana y el líder mundial más experimentado. Según James, solo Napoleón Bonaparte superó a Louverture como jefe de Estado (James en otros momentos compara la figura de Louverture con la personalidad y con las proezas de Fidel Castro). Sobre Bonaparte y Louverture, James escribe: «Creemos (estamos seguros) de que este relato mostrará que entre 1789 y 1815, con excepción de Bonaparte, no surgió en el teatro de la historia ningún individuo más extraordinario y talentoso que este negro, que fue esclavo hasta los 45 años».

Napoleón Bonaparte y Toussaint Louverture así son las dos figuras políticas que marcaron el espíritu de James. Al precisar que Bonaparte ocupa el primer lugar, ¿no puede considerarse que James tiene una tendencia a considerarlo como modelo de Louverture? ¿Esto quiere decir que Louverture seguía los pasos de Bonaparte? ¿Cómo comprender esta simpatía secundaria por Louverture, cuya potencia no superaría a la de Bonaparte? ¿Cuál es la consideración que James tiene de Francia en sus análisis de la revolución de Santo Domingo?

La relación ambigua que Louverture mantiene con Francia está reflejado en los análisis de James que, también, parecen dejarse cautivar por la antigua metrópolis. Louverture sigue siendo, para James, un gran visionario apegado al ideal de la libertad universal. Cree percibir en Louverture la prueba de una inteligencia inaudita, que se manifiesta a pesar de su escasa formación. Felicita a Louverture por haber organizado «junto a miles de negros ignorantes e indisciplinados un ejército capaz de enfrentar a las tropas europeas». El heroísmo de Louverture encuentra «el lenguaje y el acento de Diderot, de Rousseau, de Raynal, de Mirabeau, de Robespierre y de Danton». James valora las estrategias de Louverture, que logran producir resultados originales en la lucha contra el colonialismo y la esclavitud.

Pero aquí valen una precisiones sobre los verdaderos motivos de Louverture, donde torna necesario interrogar sus modos específicos de «ruptura» con Francia. James felicita a Louverture por haber mantenido el vínculo con Francia, inscribiéndose en el proyecto de la modernidad, organizado alrededor del progreso. En esta línea, James estima que Louverture tomó el camino adecuado, que es el de la civilización occidental; el objetivo está en inscribir a Haití en la vía occidental del cambio, y este debía efectuarse bajo el auspicio de Francia, que era apta para regenerar a la joven nación haitiana. James sostiene que la ideología del progreso sigue siendo una de las vías más pertinentes para la realización económica y cultural de Haití, a tal punto de escribir que «la población de esclavos debe civilizarse de la mano de Francia». Es uno de los puntos de la filosofía de Louverture que más llama la atención de James.

De aquí también proviene todo el odio de James hacia Jean-Jacques Dessalines, padre de la nación haitiana. James expresa de la siguiente forma su incomodidad con las perspectivas de Dessalines: «Quizás era demasiado para la época esperar algo más que la simple libertad. A Dessalines le bastaba con esto, y tal vez lo que prueba que sólo la libertad, sin el progreso, era una posibilidad, se encuentra en el hecho de que, para garantizarla, Dessalines, el fiel ayudante, tuvo que velar porque Toussaint fuera apartado de la escena». Más adelante, agrega: «En lo más profundo de sí mismo [Toussaint] sabía que eran invencibles, pero su espíritu estaba hasta tal punto subyugado por los franceses que no se percató de que había perdido la confianza de Dessalines, que Dessalines no lo consideraba más que como un obstáculo y abría por sus propios medios una vía hacia la independencia».

James comprendió bien la distancia que existía entre Louverture y Dessalines, hasta el punto de mostrar abiertamente la simpatía que tenía por el primer personaje, denigrando en el mismo movimiento al segundo. En el estudio de James, Dessalines es retratado con malicia y calificado de «francófilo, brutal y bárbaro». El término «bárbaro», repetido en numerosas ocasiones a propósito de Dessalines, es una marca de la propensión occidentalista de James.

Es incongruente comparar a Toussaint con Castro, como hace James. Pero la comparación sí sirve en el caso de Dessalines, que también era un verdadero líder progresista. Sin embargo, James intenta quitarle cualquier espíritu revolucionario a las acciones de Dessalines. A propósito de este último, escribe: «Brutal y tosco, con más de un crimen en la conciencia, no se merece menos un lugar entre los héroes de la emancipación. Era un soldado, un soldado magnífico, y no tenía ninguna otra pretensión». Más adelante, continúa así con su campaña difamatoria: «Y hasta el fiero, el inculto Dessalines, aun portando las marcas del látigo sobre su piel, hubiera dejado que los muertos enterraran a los muertos si hubiera encontrado en el adversario una mínima muestra de buena voluntad o de generosidad». Estos fragmentos expresan claramente la concepción que James tiene sobre Dessalines y por qué Louverture sigue siendo a sus ojos la figura triunfante de la revolución haitiana. También sirven para indicar con precisión la pertinencia de la cuestión del «desarrollo», que es el núcleo de la discordia filosófica entre Louverture y Dessalines.

Hacer de Dessalines un francófilo es no comprender el sentido de sus acciones. Dessalines luchó contra los imperialismos en un contexto posindependentista. Jamás tuvo un odio particular por los franceses, a pesar de las políticas que adoptó contra ellos. James interpreta literalmente las políticas de Dessalines contra los franceses, convirtiéndolas en el fundamento de su argumentación. Toda la cólera de James contra Dessalines está en lo que se denomina la «masacre de los franceses». La admiración de James por Francia lo lleva a demonizar a Dessalines, cuyas acciones, vale recalcar, estaban en rigor justificadas por el contexto. Dessalines quería fundar una sociedad justa organizada alrededor de la abundancia y de la colectividad. Dessalines encontró la muerte a causa de sus perspectivas progresistas, que apuntaban a la distribución equitativa de las riquezas. Era un soldado del ideal progresista para la joven nación haitiana. James pasa por alto este ángulo de análisis para presentar a un Louverture todo poderoso.

Una vez más, James le reprocha a Dessalines principalmente por haber masacrado a los blancos. Considera este fenómeno como un «típico ejemplo de salvajismo negro». Culpa a Dessalines por su intransigencia frente a los franceses, que estarían dispuestos a civilizar a la sociedad haitiana. James también critica a los historiadores que han hecho de esta «masacre» un hecho destacable. Esta decisión contra ciertos blancos, tomada el día después de la revolución haitiana, sigue siendo a los ojos de James inapropiada y manipulada por los ingleses. Lo explica así: «La masacre de los blancos fue una tragedia […]. La tragedia fue la de los negros y los mulatos, porque su acción no era una política. No era más que una venganza, y la venganza no tiene nada que hacer con la política. Los blancos ya no eran temibles».

Recepción haitiana (y marxista) de C. L. R. James

Este punto de vista denigrante sobre Dessalines ha sido criticado, entre otros, por los marxistas haitianos. En realidad, el modelo de emancipación abrazado por el marxismo haitiano está dominado justamente por su figura. Y en sus lecturas, muchas veces criticas de James, los marxistas haitianos han interpretado Los jacobinos negros desde el «dessalinismo».

Hay que señalar que los marxistas haitianos tuvieron un gran conocimiento de la obra de James y se refirieron a ella en casi todos sus estudios. Étienne Charlier, Gérard Pierre-Charles y René Depestre son los más destacables en lo que respecta a la apropiación de James dentro del marxismo haitiano. En cuanto a Depestre, se inscribe más bien en un uso no crítico de las grandes líneas argumentativas de Los jacobinos negros. Pierre-Charles, por su parte, propone otro retrato de Louverture, sin dejar por ello de reconocer el valor de Dessalines.

Pierre-Charles y Depestre aluden a los trabajos de James y a los de Eric Williams, el discípulo de James y autor de Capitalismo y esclavitud. La tesis de Williams está muy presente en los intelectuales haitianos que intentan comprender los desafíos económicos que están a la base de la cuestión de la esclavitud en Santo Domingo. Pierre-Charles sostiene que es «la esclavitud la que le dio valor a las colonias; son las colonias las que crearon el comercio mundial». Evoca la relación causal que existe entre la esclavitud y el capitalismo industrial, apoyándose en un conjunto de investigadores latinoamericanos para señalar la singularidad del caso caribeño. Depestre, por su parte, adopta el mismo enfoque cuando analiza la «rentabilidad de la esclavitud de los africanos» y el «negro-mercancía». Más adelante, escribe: «Sin embargo, además de la propiedad de los medios y de los instrumentos de producción y de trabajo, y además del capital, la esclavización de los africanos les brinda a los propietarios europeos un capital suplementario: el color (blanco) de la piel, oculta y […] la propiedad a secas y el poder político-cultural que derivaba de esto para la clase de los colonos».

Charlier, uno de los primeros historiadores marxistas haitianos, fundó el primer partido comunista haitiano junto a Jacques Roumain y Christian Beaulieu.  Charlier también fue uno de los primeros, durante los años 1940-1950, en entablar un verdadero debate con James. Su obra Aperçu sur la formation historique de la nation haïtienne (1954) es una verdadera referencia sobre la historia de Haití, en la cual cuestiona las tesis desarrolladas por James en Los jacobinos negros, y declara abiertamente su desacuerdo con los presupuestos que subyacen a los argumentos del trinitense.

Los dos historiadores tienen un interés particular por Toussaint Louverture, a tal punto que este ocupa el centro de la obra de ambos. La obra de Charlier, Aperçu sur la formation historique de la nation haïtienne, analiza minuciosamente las grandes líneas del proyecto político de Louverture. Ahí, el historiador haitiano responde claramente a las objeciones de James para buscar los límites y las zonas de sombra de las estrategias de Louverture.

Charlier sitúa las políticas de Louverture en un dinamismo de derecha. Define al líder como un «conservador nato». Sin dejar de reconocer su genio, estima que Toussaint está lejos de tener una visión progresista de la realidad. De esta forma, Charlier critica la aproximación ideológica propuesta por James a propósito del tema de Louverture y Castro. A ojos de Charlier, Toussaint y Castro se oponen en el plano político en función de proyectos políticos totalmente diferentes.

Este retrato conservador de Toussaint le da fundamento al cuestionamiento que Charlier hace de la veleidad revolucionaria del líder de Santo Domingo. ¿Toussaint quería la independencia de Santo Domingo? Charlier evoca en este sentido la fascinación que Toussaint tenía por la potencia francesa, lo que lo lleva a afirmar que «Toussaint no tiene ninguna posibilidad de realizar nuestra independencia nacional». Charlier subraya los intereses que tenía Toussaint en la metrópolis francesa para afirmar que sería difícil atacar a ese país en la medida en que sigue siendo a sus ojos una maravilla. Mientras Charlier plantea que esta fascinación francesa era un obstáculo, James la veía como una virtud.

Charlier percibe más bien en Dessalines una tendencia de izquierda hacia la independencia. Analiza las tesis de James que hacen de Dessalines un «bárbaro», un «criminal» y un «blancófobo». Charlier opone a Toussaint contra Dessalines en términos políticos: El primero estaba al servicio de Occidente y no tenía ninguna intención revolucionaria, mientras que el segundo buscaba la abolición categórica de la esclavitud y de sus servidores europeos. Charlier escribe: «Pero el ‘bárbaro’ servía a una causa justa; tenía a su favor, y lo utilizaba, el movimiento irresistible de la historia: los cálculos eruditos del ‘civilizado’, que ahogaban, ahorcaban, desaparecían y ejecutaban en Siria, no habrían podido prevalecer».

Charlier pretende revertir los reproches dirigidos contra Dessalines, mostrando cómo esos mismos se fundan sobre la ideología eurocentrista. Los términos «bárbaro» y «civilizados» se inscriben en esa tendencia a dominar al Otro no europeo, dice el historiador haitiano. Dessalines es considerado por Charlier como un líder que simplemente está resuelto a avanzar hasta la victoria final. Dessalines sacó partido de su confianza, lo que quedaría demostrado en el ejército indígena que encabezó durante las revueltas de esclavos. Charlier también saluda la eficacia popular de Dessalines, que habría sido más radical en sus estrategias revolucionarias. En cuanto al reproche a propósito de la masacre de los franceses, Charlier responde así: «La necesidad de asegurar el nuevo Estado le parecía de una magnitud inigualable, pero por lo demás, no tuvo un alcance absoluto, puesto que exceptuó de la masacre a los médicos, a los curas y a todos los que ejercían un arte útil y cuyas vidas la población terminó salvando en grandes cantidades».

Según Charlier, no habría en esta actitud de Dessalines ningún odio hacia los blancos. El contexto obligaba esta prudencia, para mandar una señal claro a los antiguos colonos que todavía estaban interesados en esclavizar a los habitantes de la región. Charlier también declara «injustificado» el reproche de blancofobia dirigido contra Dessalines, recordando que, según él, los soldados alemanes y polacos habían obtenido el derecho de ciudadanía haitiana gracias a la constitución de 1805.

Dessalines luchaba contra el imperialismo occidental. Esto es lo que lo diferencia de los racistas y de los xenófobos. Charlier rechaza la tesis de James según la cual Dessalines «masacró a todos los blancos que aparecieron en su camino». Enfrentar a Dessalines a todos los blancos es negar su verdadero enemigo, que es el capitalismo en su despliegue colonial.

Si Charlier representa el punto culminante en la historiografía marxista haitiana que critica el ensayo de James, Los jacobinos negros, Michel Hector fue influenciado por los mismos argumentos de Charlier, pero casi sin citar los trabajos de James. Hector expresa claramente su incomodidad con la concepción que hace de la colonia de Santo Domingo una sociedad de tipo capitalista. De esta manera, rechaza la tesis de la naturaleza anticapitalista de la revolución haitiana de 1804 para justificar su naturaleza antiesclavista. Hector califica de «tesis antihistórica» la idea según la cual los esclavos de la colonia eran proletarios. Admite la existencia de ciertas tendencias a la pequeña propiedad y a la explotación de las grandes haciendas, pero esto no basta para asignar una naturaleza capitalista a la colonia. Hector invita a revisar la relación que mantiene la esclavitud en Santo Domingo con el capitalismo francés. ¿Puede hablarse de sociedad capitalista a propósito de Santo Domingo solo porque esta estaba al servicio del capitalismo europeo? ¿Cómo situar la revolución haitiana de 1804 en relación con el capitalismo?

C.L.R. James, Jean Casimir y la revolución haitiana de 1804

Como referente de la perspectiva decolonial en Haití, Jean Casimir tomó un conjunto de decisiones epistemológicas que lo diferencian de James. Le otorga un interés particular a los «bozales» –esclavos nacidos en África– porque, según él, su «introducción en la plantación no constituye un elemento extraño». De esta forma, critica a toda una parte de la historiografía y del pensamiento social haitianos que los había ignorado en beneficio de los «criollos».

Casimir elige África como lugar de enunciación para comprender mejor el modo de funcionamiento de la colonia de Santo Domingo. Se interesa en el devenir esclavo de esos africanos, fenómeno que se realiza de manera organizada, y prefiere hablar de «cautivos» en lugar de «esclavos», con el objetivo de comprender la larga trayectoria que lleva a esos africanos hasta Santo Domingo. Casimir insiste en la descendencia bozal para estudiar la especificidad de esta colonia. Reflexionar a partir de África invita a pensar la esclavitud en sus primeros balbuceos, que constituyen el fundamento de este emprendimiento del capitalismo. La descendencia bozal testimonia el origen no occidental de las personas colonizadas que, con frecuencia, se identifican con la cultura de Francia, la antigua metrópolis.

Casimir intenta analizar la vida de los «cautivos» a partir de sus propias ideologías, evitando todas las categorías que no describan la identidad de estos cautivos: rechaza los conceptos de «blancos», «libertos», «mulatos», «negros» o «esclavos», todas las cuales forman parte de lo que denomina como una «sociogénesis» que reflejaría la ideología esclavista. Se trata de descartar todos los instrumentos de pensamiento legados por el esclavismo, con el fin de proponer una descripción emancipatoria. En suma, insiste que hay que crear nuevos enfoques epistémicos para explicar lo que sucedió en Santo Domingo.

Casmir considera a Pompée Valentin de Vastey –ensayista y historiador haitiano– como aquel que dio inicio a este proyecto de contraescritura. De Vastey representa, a ojos de Casimir, lo «más avanzado de las ideologías de la revolución haitiana». El autor decolonial lo explica de esta forma: «Hasta donde llega mi conocimiento, De Vastey es el único hombre de Estado, después de Dessalines, y el único historiador haitiano del siglo XIX, que liga la vida de los esclavos de Santo Domingo con la de los africanos y que hace de este vínculo con África el punto de partida de sus reflexiones».

Casimir opta así por el origen africano, aunque reconoce el costado francés del pueblo haitiano. Sostiene que el grueso de la población viene de África, lo cual motiva su elección epistémica centrada en un enfoque no occidental. Se lanza a una valorización de los ancestros africanos con el fin de no «diluirlos en la cultura y la civilización francesas». Analizar Santo Domingo y a los haitianos desde el punto de vista de los bozales implica poner en cuestión una forma de etnocentrismo que es dominante en las producciones occidentales. «Los franceses llegaron tarde a la morada de mi familia y no entraron por la puerta principal», escribe Casimir, rechazando todas las tesis que postulan el origen francés del pueblo haitiano. Casimir invita a revisar las relaciones históricas entre Haití y Francia, lo que permitiría abandonar toda simpatía emocional con la antigua metrópolis. De este modo, la cuestión de Francia es un gran punto de desacuerdo entre James y Casimir.

Casimir también se aleja de las tesis de James a propósito de otro punto importante: la relación entre las dos revoluciones. Casimir había criticado a Toussaint por sus lazos con el eurocentrismo mucho tiempo antes. Más tarde, defiende la misma tesis: «Ningún parentesco lógico puede unir a la Revolución de 1789 con las hazañas de los héroes reconocidos de la independencia haitiana». Estos acontecimientos se diferencian sobre todo por su filosofía de la libertad. Casimir le responde a James: «Resulta entonces que las revoluciones francesa y haitiana no pertenecen a una misma familia de acontecimientos, y concebir a la primera como inspiración de la segunda no hace justicia a la contribución que hizo a la historia de la humanidad, a saber, la instauración de la soberanía popular en la política. El Estado moderno no construyó la nación haitiana». Esta crítica, realizada en nombre de la decolonialidad, le permite a Casimir ir más allá de los puntos de vista de la metrópolis. La decolonialidad examina los saberes occidentales que, generalmente, se encuentran al servicio del proyecto esclavista y capitalista. Casimir quiere asegurarnos que la revolución haitiana habría encontrado un fundamento epistémico adecuado a su singularidad.

¿Un Haití decolonial…y marxista?

La cuestión que se plantea es la siguiente: ¿qué lugar ocupa la revolución haitiana de 1804 en los pensamientos decoloniales? ¿Su integración no requiere que se realicen algunos ajustes conceptuales en el campo de la decolonialidad? El filósofo haitiano Camilus sostiene que es imposible que los estudios decoloniales hagan de la revolución haitiana un suelo epistémico en el cual fundar su proyecto. Extiende esta tesis a los estudios del hecho colonial, que carecen de una «experiencia radical de reconfiguración de sí y del mundo».

La revolución haitiana de 1804 sería portadora de esta radicalidad, pero raramente, por no decir jamás, es evocada por estos estudios. Camilus reprocha a los autores decoloniales por no deducir las implicancias teóricas de la revolución haitiana, negando este acontecimiento como matriz de la decolonialidad. La revolución haitiana no es examinada como potencialidad epistémica en los estudios decoloniales, y Camilus concluye que el nombre de Haití es el lugar de una episteme decolonial por venir.

Camilus y Casimir nos invitan a repensar la revolución haitiana de 1804 a partir de las inspiraciones populares que la impulsaron desde abajo. Apuntan a posicionar este acontecimiento como un objeto epistémico privilegiado de las teorías críticas. La relación de este acontecimiento con los estudios decoloniales suscita los problemas con los que se topan los pensamientos emancipatorios elaborados a partir de los «lugares» poscoloniales.

En ese mismo sentido, los análisis marxistas de este acontecimiento revolucionario pueden jugar un rol importante en la reconfiguración conceptual de los estudios decoloniales. Marxismo, decolonialidad y revolución de 1804 son tres categorías en torno a las cuales se producen debates fundamentales para los pensamientos emancipatorios contemporáneos.

-Texto de próxima aparición en francés, en Revue Charesso.

 

 

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