En una extensa entrevista, Alberto Toscano retorna sobre la historia del fascismo y reivindica el uso de la categoría en la actualidad, especialmente en un mundo conmovido por el genocidio en curso en Gaza.
Artículos publicados por: Alberto Toscano
Profesor de la Escuela de Comunicación de la Universidad Simon Fraser y codirector del Centro de Filosofía y Pensamiento Crítico en Goldsmiths. Recientemente coeditó «The SAGE Handbook of Marxism» (2021). Es autor de «The Theatre of Production» (2006) y «Fanaticism: The Uses of an Idea» (2010).Entender la violencia en Gaza como un caso de genocidio nos permite vincular el sufrimiento masivo de la población civil con la intención expresa de Israel, su política de Estado, sus relaciones económicas y su estrategia militar.
El respaldo incondicional de Occidente a Israel, su represión del activismo propalestino y la normalización del genocidio en Gaza exponen la bancarrota moral del orden liberal internacional. Urge construir una fuerza capaz de desafiar esta complicidad criminal.
Trump impulsa el mito del racismo inverso, según el cual los blancos están siendo atacados y perdiendo derechos a manos de otras minorías. Este relato fantástico va de la mano con su compromiso con las cepas más extremas del sionismo.
El resurgimiento global de la extrema derecha no puede entenderse sin atender a sus obsesiones corporales, el goce que extrae de la crueldad y la producción sistemática de vidas desechables.

Los aportes del internacionalismo de los trabajadores a la lucha contra los fascismos tiene una larga historia, que va desde la resistencia al racismo colonial en África hasta las actuales «sanciones obreras» contra las acciones genocidas de Israel.
A lo largo del siglo XX y hasta hoy, el sionismo no solo ha sido una ideología de colonización y apartheid, sino también un campo de divisiones políticas, éticas y personales en la diáspora judía y en las izquierdas globales.
O del pesimismo de la extrema derecha ayer y hoy.
La ideología de los bienes raíces encontró una expresión geopolítica directa en el intento de Trump de adquirir territorio como «propiedad», ejemplificado por el atroz «plan de desarrollo de Gaza».
Para la extrema derecha, la izquierda es un agente de cambios monumentales que busca poner patas arriba la civilización occidental. En su imaginación conspirativa podemos vislumbrar, como en un espejo de feria, cuál es la izquierda que necesitamos.