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Alcira Argumedo: pensamiento crítico y compromiso militante

La socióloga, docente y exdiputada argentina Alcira Argumedo falleció el domingo pasado. Recordarla no debe ser un acto melancólico, sino una invitación a recuperar su legado como intelectual orgánica de la clase trabajadora.

¿Qué recuerdo de Alcira? Muchas cosas, pero sobre todo su imbatible sonrisa.

Rosarina de nacimiento, latinoamericana de vocación, Alcira Argumedo fue una de esas intelectuales con las que una quisiera quedarse horas, días tal vez, hablando del país, del continente, del mundo y de sus alrededores, de su historia y de sus proyecciones hacia el futuro. En sus diálogos combinaba la rigurosidad de sus reflexiones, con un agudo sentido del humor, la intensidad del análisis fundamentado y la calidez personal.

La recuerdo en entrevistas y en intervenciones públicas como una apasionada defensora de las posibilidades de creación de un proyecto popular, latinoamericanista, antimperialista, amiga de las revoluciones del Tercer Mundo que la marcaron a lo largo de sus 80 años de vida (este 7 de mayo hubiese cumplido 81 años).

Tal vez en sus primeros tiempos de juventud, como deportista y como nadadora del Jockey Club de Rosario, formó algo de su capacidad de resistencia que luego, al cambiar de actividades, de trinchera política, de ciudades, se expandió y le permitió afrontar tramos dolorosos de su vida personal y política.

Gran parte de su acción política la realizó junto a Pino Solanas, como parte del Proyecto Sur, y en la última etapa como integrante del Frente de Todos, al que adhirió con la convicción de que era necesario crear una fuerza política con capacidad para derrotar a la derecha política en el país (Macri y amigxs) y en el continente (los Bolsonaros, Uribes, Duques y Piñeras).

Vale subrayar expresamente, que cuando adhirió a este espacio político, no renunció a su mirada crítica y a la posibilidad de expresarla públicamente. Nunca fue una intelectual obsecuente del poder de turno. Nunca dejó de solidarizarse activamente con quienes defendían tierras, biodiversidad y derechos, en Andalgalá, o en territorio mapuche.

Una de sus batallas últimas, precisamente, fue sobre la Hidrovía Paraná Paraguay. En un tweet realizado en abril de este año advertía:

HIDROVÍA: AUTOPISTA DEL CONTRABANDO. Las decisiones que se tomen con la Hidrovía y los puertos privatizados, van a signar la suerte del Frente de Todos. Es la oportunidad para cerrar el ciclo diabólico de saqueo iniciado con la dictadura, y promovido por Cavallo y el poder eco-financiero.

En una de las numerosas entrevistas realizadas a partir de esos tweets –en este caso en la publicación La Tinta– agregaba:

No estamos discutiendo sólo sobre la Hidrovía. Discutimos un modelo de país, después de 40 años de hegemonía neoliberal en la Argentina. La privatización de los puertos y la hidrovía fue la culminación del plan de Cavallo, el control de los grandes puertos privados por las cerealeras agroexportadoras o por las mineras en la hidrovía, que es la salida del 80% de las exportaciones de la Argentina, permitió el desarrollo de esta impunidad. Lo que estamos denunciando, es la magnitud del contrabando que están generando estas corporaciones, y que alcanzan los 30 mil millones de dólares anuales.

Concluía: “La Hidrovía es una vena abierta que sangra”.

Cuando una lee tantos mensajes de condolencias frente a la partida de Alcira, podemos pensar que el mejor homenaje sería escuchar atentamente sus análisis y corregir rumbos políticos que desangran al país. Pero también, al leer las expresiones variadas de dolor se puede comprender la grandeza de su modo de colocarse ante la vida, con capacidad para debatir posiciones y proyectos con una gran profundidad, con una enorme capacidad pedagógica y elocuencia en la manera de expresarse, descreyendo de los discursos intelectuales hechos sólo para los “iniciados” en el lenguaje específico, y al mismo tiempo, sin perder en el camino el espacio para las amistades y el respeto por la diversidad de opiniones.

Alcira fue una de las primeras sociólogas del país -graduada número 28-, excelente docente, investigadora del CONICET. Sostuvo desde estudiante una mirada crítica hacia la Sociología hegemónica en la Academia, llegando a hacer junto a sus compañeros y compañeras una “huelga de metodología de la investigación”, para protestar por los contenidos y metodologías predominantes en ese momento. Más tarde fue una de las impulsoras de las “Cátedras Nacionales”, con compañeros como Roberto Carri y Horacio González, entre muchos otros brillantes intelectuales de su tiempo. Nunca se dejó deslumbrar por el academicismo individualizante, posmoderno, que pretende definir la propiedad privada de cada idea. Pensaba en la creación intelectual como un acto colectivo.

Su primera formación política transcurrió entre la militancia en la Universidad y la militancia territorial en el peronismo, experiencia en la que aprendió a reconocer y valorar los saberes populares que “no entran a los recintos académicos”. Fue compañera de Marcos Schlachter, quien murió como parte de la guerrilla de Masetti en marzo de 1963, y quien fue su primer maestro en la lectura de El Capital. Luego fue parte del grupo de estudio sobre América Latina coordinado por José Luis Romero y Gregorio Selser, donde participaba también Gunnar Olsson (su compañero en esos años y padre de sus hijos), Susana Checa (su gran amiga de toda la vida) y otros intelectuales de diversa formación.

Alcira compartió con su generación el impacto de la Revolución Cubana, de la Revolución China, el triunfo en la guerra de Vietnam, la liberación de África y Asia, el encuentro con la Teología de la Liberación y, en particular, con el cura-sociólogo-guerrillero Camilo Torres a quien conoció en un encuentro de Sociología que la marcó profundamente. “Para nosotros fue un quiebre cuando Camilo Torres nos comenzó a decir qué era y qué tenía que ser la Sociología”, recordaba.

En esos años de la Resistencia participó de un movimiento político cultural que abarcó desde el grupo Cine Liberación (con Pino Solanas y Octavio Getino, entre otros), Grupo Cultural (Piero, Marilina Ros, Juan Carlos Gené), hasta el Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo. En 1973, durante la “primavera camporista” participó de la creación y fue Directora del Instituto del Tercer Mundo “Manuel Ugarte”, dependiente de la carrera de Filosofía y Letras, y después del Rectorado de la Universidad. Entre 1973 y 1974, fue Secretaria de Cultura de la Provincia de Buenos Aires.

Después de un exilio en México durante la dictadura, Alcira regresó a Argentina en 1983. Fue diputada nacional en 2009 por el Proyecto Sur y reelecta en 2013 hasta 2017. Contribuyó con su investigación rigurosa a documentales de Pino Solanas, como Memoria del Saqueo, La Dignidad de los Nadies, y Argentina Latente.

En los distintos espacios políticos que habitó, siempre fue ella, Alcira, con sus convicciones, sus polémicas, sus pasiones, sus llamados de atención a adversarios y también a compañeros.

Autora de varios libros, entre ellos el más reconocido: “Las voces y silencios de América Latina”, y también otros como “Monopolios y Tercer Mundo”, “El Tercer Mundo: historias, problemas y perspectivas”, “Los laberintos de la crisis”, “Un horizonte sin certezas: América Latina ante la revolución científico-técnica”. Investigó y estudió también los temas relacionados con la información y la comunicación social, y fue parte de la comisión encargada de promover la carrera de Comunicación Social en la UBA.

Recordar a Alcira no es un acto melancólico. Es una invitación a estudiar su obra y a recuperar su legado como intelectual orgánica, gramsciana, alfarera de un sentido común contrahegemónico, que labra la piedra dura de la formación académica, y la coloca como cimientos de un saber popular colectivo, creativo, y solidario. Es pensarnos siempre desde el lado de la esperanza y no del miedo. Es cuestionar el tiempo del silencio y el aislamiento, para derribar los castillos de pensamiento alzados por los tanques pesados de los poderes mundiales, e ir construyendo desde abajo y sin permiso, entrelazando saberes y con una sonrisa argumediana y sabia, contagiosa y plena, los subterráneos de la libertad y de las revoluciones que nos faltan.

 

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Publicado en Argentina, Cultura, homeIzq and Política

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