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Jacob Lawrence "To Preserve Their Freedom" de la serie The Life of Toussaint L'Ouverture (1988). (Imagen: Le Grand Soir)

El marxismo haitiano

Traducción: Valentín Huarte

El marxismo occidental se consolidó en torno al concepto de la alienación. Sin embargo, en los años 30 y 40, los marxistas anticoloniales de Haití retomaron la categoría para pensar la situación colonial y repensar el propio marxismo.

Durante los años treinta del siglo pasado comenzaron a emerger nuevos marxismos centrados en torno a nuevas preguntas. Con la primera publicación en 1932 de los Manuscritos de 1844 de Marx, una nueva corriente –denominada por Perry Anderson como «marxismo occidental»– puso sobre la mesa el concepto de la alienación abriendo, con ello, una serie de interrogaciones de tinte humanista sobre la posibilidad de devolver a la humanidad su propia esencia que había sido alienada dentro del capitalismo.

Vale recordar que el concepto de alienación fue rechazado por la tradición de la Segunda y de la Tercera Internacional por estar vinculado al hegelianismo y, sobre todo, por disponer de una dimensión precientífica. Los marxismos ortodoxos de la Segunda Internacional (Karl Kautsky, Frantz Mehring y Georges Plekanov) preconizaban la dimensión científica del marxismo (ciencia de la historia) y rechazaban cualquier concepto que proviniera del joven Marx.

Según esta tradición ortodoxa del marxismo, a partir de 1850 Marx rechazó todo concepto ideológico, incluido el de alienación, para fundar una ciencia de la historia. En cambio, la lucha filosófica contra esa ortodoxia, iniciada por Georg Lukacs y Karl Korsch, puso el concepto de alienación en el centro de sus desarrollos, convirtiéndolo en una categoría para releer los marxismos.

El concepto de alienación (al que Henri Lefebvre se refiere como la «gran querella de la alienación») favoreció la emergencia de un marxismo occidental, pero pocos se han detenido a estudiar el efecto de este debate en la estructuración conceptual de los marxismos anticoloniales. Este es el caso del marxismo haitiano, nacido en los años 1940 con una visión crítica de la entonces dominante política de la negritud.

La alienación poscolonial

A la hora de pensar la recepción del concepto de alienación en el marco del comunismo caribeño surgen una serie de preguntas: ¿tenía este concepto la misma función en esta región poscolonial? ¿Cómo se apropió el marxismo haitiano de este debate para plantear los problemas de Haití? Una cosa es cierta: existe espacio para interrogar la relación existente entre los debates sobre la alienación y el advenimiento de nuevos pensamientos marxistas más heterodoxos y abiertos.

Especialmente si se tiene en cuenta, como sostiene la antropóloga Catherine Benoît, que la problemática de la alienación se cuenta entre las tres temáticas más importantes en las investigaciones sobre el mundo negro (Gérard Pierre-Charles comparte esta lectura). Lo mismo hace Aimé Césaire, al otorgar a este concepto un rol preponderante en el advenimiento del movimiento de la negritud.

Ahora bien, ¿a qué se refiere hablar de un marxismo haitiano? ¿Por qué volver sobre este pensamiento poco conocido por la tradición universitaria europea (y mundial)? ¿Cuál es la contribución filosófica del marxismo haitiano al debate sobre la alienación?

En primer lugar, el marxismo haitiano bosquejó otro concepto de alienación, bajo el prisma de la historia de Haití, para dar lugar a otro debate: el de la articulación de los modos de producción. En su recepción haitiana, sobre todo a partir de la década de 40, la alienación no se describe más en relación al capitalismo, sino como uno de los efectos delirantes del colonialismo.

Esta concepción de la alienación está ligada a la naturaleza de la formación social haitiana, que presenta múltiples singularidades atípicas. De esta forma, la alienación se plantea contra un Otro que es el Occidente capitalista y colonial. Lo mismo sucede con la dependencia de Haití del capitalismo occidental.

Estas dos problemáticas, la alienación poscolonial y la articulación de los modos de producción, constituyen el nudo temático de lo que denomino pensamiento marxista haitiano. Occidente fue analizado a fondo por esta tendencia marxista que hizo de la cuestión colonial su principal vector epistémico. De aquí sostengo que se trata de un marxismo anticolonial.

Así, la categoría de la alienación repercutió dentro de dos corrientes: la negritud y la dependencia. Vale preguntarse, entonces, si estas dos corrientes le permitieron al marxismo haitiano articular una crítica radical de la epistemología colonial. Un análisis de las dos problemáticas (alienación poscolonial y articulación de los modos de producción) permite abordar esta cuestión.

Marx y Haití

Antes de avanzar, hay que reconocer que hubo otras reflexiones sobre Marx y Haití. Podría mencionarse el artículo de Wulf Hund que evoca el silencio de Marx sobre la revolución haitiana de 1804. Esta falta de interés de Marx por Haití es retomada por toda una serie de intelectuales que, en algunos casos, la utilizan contra el mismo marxismo haitiano.

El rechazo de Haití se constata, también, en la obra de Cédric Robinson. En su repaso de la tradición radical negra, no hace mención a las figuras haitianas. Debe decirse que su trabajo parte de lo que Marx debería haber hecho en relación con Haití pero no interroga los discursos de las corrientes marxistas haitianas.

Prefiero, por el contrario, partir de los trabajos del marxismo haitiano con el fin de comprender su lectura de las obras de Marx. Con este reto, se puede volver al siglo XIX para analizar las primeras apropiaciones haitianas de Marx realizadas por el periodista y medico Louis-Joseph Janvier. Esto es a lo que Michel Hector se refiere como antecedentes del movimiento socialista en Haití, y lo que yo denomino «premisas del marxismo haitiano».

No partir de Marx, sino de Haití para, desde allí, reconstruir el marxismo haitiano. De este modo, la historia del marxismo haitiano no se centra en un personaje, sino en un movimiento anclado a un período determinado: irrumpe (política e intelectualmente) a partir de la revuelta de 1946, año en que una rebelión popular –con gran participación marxista– derrumbó el gobierno de Élie Lescot.

Aunque no fue fruto de un solo pensador, esta ebullición marxista sí fue la herencia del escritor haitiano Jacques Roumain (que murió a los 37 años, perdiendo la posibilidad de desarrollar las grandes líneas de su pensamiento). Es con el antecedente de Roumain que podemos ubicar, en la segunda mitad del siglo XX, el zócalo de un marxismo que se hizo verdaderamente haitiano, abrazando la historia de Haití y los problemas haitianos.

Pero el comunismo haitiano también excede a las obras de Jacques Roumain, y existe una serie de pensadores (Depestre, Alexis, Charlier, Hector, Gérard, Jean Luc) que permiten analizar la estructuración conceptual de aquel movimiento.

Uno podría objetar que se trata, aquí, de comunistas y no de marxistas. ¿En qué medida estos comunistas haitianos fueron marxistas? Alain Badiou y Toni Negri abordaron esta cuestión en 2007. Badiou representa el prototipo de comunista sin Marx, y Negri plantea la importancia de Marx para el comunismo con el fin de «implantarse en lo común, en la ontología». En el caso de Haití, también encontramos comunistas sin Marx: Dorléans Juste Constant, Anthony Lespès y Max Sam.

Pero abundaban también comunistas que se reconocen en el pensamiento de Marx y de Engels. Eran, como hemos mencionado, marxistas, en la medida en que articulaban una crítica del capitalismo bajo el prisma del trabajo alienado. También lo eran en la medida en que definían los grandes momentos de la historia de la sociedad haitiana a través de múltiples modos de producción. Por último, son marxistas en la medida en que preconizan la desaparición del Estado mediante la conquista del poder por el proletariado. Se entiende entonces por qué todos fueron fundadores y dirigentes de partidos políticos.

El marxismo se hace haitiano

En mi libro Le marxisme Haïtien he rastreado el lugar que ocupa Marx en el discurso del comunismo haitiano. Esta corriente hace de Marx uno de sus modelos al adoptar su filosofía y su método para explicar y transformar lo real haitiano. Es en este momento que el marxismo se hace haitiano porque abraza los problemas de la sociedad haitiana.

El marxismo haitiano se indigeniza (en el sentido de Roumain, quien supo conciliar el marxismo con el indigenismo) en la medida en que insiste en el estudio de la singularidad cultural e histórica de Haití con el fin de proponer un proyecto de emancipación pertinente. El marxismo se hace haitiano en la medida en que otorga un lugar importante a la radicalidad de la revolución haitiana de 1804 y a las obras del siglo XIX, especialmente la de Anténor Firmin, el antropólogo radical que asentó importantes antecedentes para el movimiento négritude.

El marxismo se hace haitiano en la medida en que se sirve para estudiar la historia colonial del país, de un método de lectura de las obras de Marx (lo que yo llamo “destilación”). A su vez, el marxismo haitiano se construye contra las grandes tesis del Occidente colonial y capitalista, aunque sin abandonarlas por completo.

Puede decirse que el marxismo haitiano presenta singularidades llamativas. Es uno de los pocos marxismos que tematiza, desde los años 1930-40, cuestiones etnológicas, literarias y ecológicas a la vez (Gouverneurs de la rosée, libro de Roumain de 1944). Recuperar, desde el presente, las obras particularmente ricas de este corpus permite descubrir las perspectivas aún novedosas contenidas en los marxismos anticoloniales.

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