Poner fin al genocidio de Israel en Gaza y aislar a Israel en la escena internacional debe convertirse en la causa de todos los países que dicen representar los valores humanos.
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Ante la brutalidad del genocidio palestino, algunos sectores de la intelectualidad crítica han caído en una deriva apocalíptica que llama a «tirar la toalla». Aquí creemos lo contrario: en el valor de la esperanza como afirmación política de una humanidad aún posible.
Más de 30 delegados de todo el Sur global se reunieron la semana pasada en Bogotá para desafiar la impunidad israelí. Países como Colombia y Sudáfrica ratificaron las resoluciones que prohíben la transferencia de armas a Israel y renovaron las acciones legales para detener el genocidio.
En su discurso ante la Conferencia de Bogotá a principios de esta semana, Francesca Albanese, Relatora Especial de las Naciones Unidas para los territorios palestinos ocupados, explicó por qué las naciones del mundo debían suspender todos sus lazos con Israel.
A medida que la opinión del establishment británico comienza a volverse en contra de Israel, resulta cada vez más exasperante la hipocresía mostrada por figuras como el ministro de Asuntos Exteriores David Lammy.
Pocos lo saben, pero existe una larga y noble historia de judíos y palestinos que resisten juntos a los crímenes de Israel.
Israel no sólo reanudó por completo su ataque genocida contra Gaza y el pueblo palestino sino que también retomó la matanza de periodistas.
El anuncio de un alto el fuego en Gaza es un alivio tras más de un año de genocidio. Pero no hace nada para remediar las numerosas violaciones del derecho internacional cometidas por Israel, que provocaron una miseria incalculable entre los palestinos.
La relación mutuamente beneficiosa entre Israel y la Sudáfrica del apartheid no se limitaba al comercio de armas. Era una afinidad ideológica sobre cómo tratar a poblaciones no deseadas.
La época en que Occidente reivindicaba la democracia, el multilateralismo y la colaboración internacional ha terminado, y su rechazo a detener la matanza del pueblo palestino es la prueba.








