Durante décadas, Colombia fue el principal puesto militar de Washington en América Latina. Ahora Trump quiere recuperar sus bases, pero la izquierda tiene otros planes. La batalla por uno de los países más estratégicos del hemisferio comienza en mayo.
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En Irán, Donald Trump le ha demostrado al mundo que incluso el inmenso poder de la principal potencia imperial del mundo tiene límites. Sus iniciales amenazas genocidas, al igual que su posterior capitulación, fueron consecuencia de esta realidad.

A medida que el poder estadounidense declina, destruye las normas e instituciones que alguna vez organizaron su proyección internacional de autoridad. Estados Unidos pierde su liderazgo pero ninguna potencia individual lo reemplaza.
La cumbre «Escudo de las Américas», convocada por Trump en Miami, reunió a los líderes del bloque reaccionario de América Latina y el Caribe. Fiel a su estilo, el presidente estadounidense se aseguró de que fuera un ritual de humillación y degradación.
La ofensiva de Estados Unidos contra Irán busca forzar una transformación interna del régimen mediante presión militar y golpes selectivos contra su liderazgo, apostando a que los sectores pragmáticos impongan un giro estratégico hacia Washington.
Presentados como una ofensiva contra el «mal», los ataques de Washington y Tel Aviv estrechan el margen de maniobra de Irán. En este escenario, los incentivos de Teherán se orientan cada vez más hacia la escalada como cuestión de supervivencia.
El trumpismo suele presentarse como un proyecto personalista que no representa ningún interés capitalista coherente. Pero es resultado de divisiones dentro de la clase dominante y de un nuevo bloque de poder que articula al complejo tecnológico-militar, el capital crypto y el extractivismo.

El gobierno de EE.UU no actualiza sus prioridades en materia de interés nacional cada mañana. Lo que hace es vengarse de quienes se atreven a rebelarse. Y ningún país, ninguna revolución ha sido más rebelde frente a esa violencia imperial que Cuba.
El nuevo bloqueo petrolero torna evidente lo que la diplomacia estadounidense siempre ha negado: que la guerra económica contra Cuba tiene como objetivo a la población civil en nombre del «cambio de régimen».
Aunque Trump lanza amenazas de intervención militar contra países que van desde Groenlandia hasta Irán, América Latina es el principal objetivo de su estrategia de repliegue imperial. La izquierda de la región necesita nuevas alianzas para hacerle frente.







