El último libro de Bifo Berardi sobre el genocidio israelí en Gaza tiene una mirada no solo pesimista y derrotada sino también orientalista y eurocentrista. No podemos darnos el lujo de caer en el nihilismo ni avalar este «pesimismo de la voluntad».
Notas publicadas en homeCentro5
Una profunda crítica al predominio contemporáneo de los sentires crepusculares. La melancolía, el sentimiento predominante de nuestra época, no se limita sólo a los sectores políticos reaccionarios sino que toma también a parte de la izquierda.
Nombrar el genocidio palestino exige reabrir la memoria del Holocausto y liberar al judaísmo del secuestro sionista. No hay paz posible sin una rebelión ética y política contra el supremacismo.
Incluso antes del 7 de octubre de 2023, los gazatíes habían quedado relegados al papel de población excedente con un nivel mínimo de empleo dentro de Israel. Su expulsión de la economía capitalista israelí contribuyó a sentar las bases para el genocidio.
El historiador británico y editor de New Left Review, Perry Anderson, emprendió una historia de las sociedades de clases europeas desde la antigüedad hasta hoy, un proyecto inconcluso que se volvió un hito de la historiografía marxista.
Los sionistas suelen afirmar que llamar «genocidio» a lo que ocurre en Gaza banaliza otros crímenes del pasado. Pero, por su escala e intención, la destrucción de Gaza se ajusta a la definición histórica de genocidio.
La experiencia del nuevo gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil pone de manifiesto que una estrategia frenteamplista durante la campaña electoral resulta decididamente menos eficaz a la hora de gobernar.
¿Y si la democracia no fuera el punto de llegada, sino el nombre elegante de una derrota histórica? En La democracia como agravio, Álvaro García Linera desarma la ilusión liberal que presenta a la democracia como sinónimo de justicia, participación o inclusión.
Los primeros meses del segundo gobierno de Trump confirman una profundización de sus aspectos más autoritarios. Esta reconfiguración profunda del orden político bien puede definirse como neofascista.









