Los primeros meses del segundo gobierno de Trump confirman una profundización de sus aspectos más autoritarios. Esta reconfiguración profunda del orden político bien puede definirse como neofascista.
Notas publicadas en Inmigración
Rümeysa Öztürk fue acusada de «prestar apoyo al terrorismo» tras haber coescrito una columna en la que instaba a reconocer el genocidio del pueblo palestino. Aquí relata en primera persona los 45 días que pasó en un centro de detención del ICE.
El presidente salvadoreño Nayib Bukele es visto por Donald Trump como un autoritario de extrema derecha que tiene algo que él no tiene: un verdadero mandato popular.
La nueva ley de gastos de Trump incluye un aumento de 485 millones de dólares para el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. Una ganancia inesperada para oscuros contratistas de aviación que realizan los vuelos de deportación.
La separación de niños de sus familias en la frontera por parte de Donald Trump fue una pieza central de su política migratoria. El nuevo documental de Errol Morris, muestra la aplicación de esa cruel política durante el primer mandato de Trump, que probablemente se repetirá en el segundo.
La beligerancia de Donald Trump hacia los líderes latinoamericanos plantea la posibilidad de una resistencia regional más concertada, que un bloque popular de izquierda estaría bien posicionado para liderar.
¿Cuán malo podría ser un segundo mandato de Donald Trump? Eso depende de la seriedad con la que sustituya a los burócratas de carrera que dotan de personal al Estado actual por gente propia dispuesta a llevar a cabo sus políticas más demenciales.
Desde la década de 1960, Israel ha plantado millones de árboles en el desierto del Naqab y en Cisjordania. El esfuerzo de repoblación forestal encubre la limpieza étnica y, literalmente, oculta las pruebas.
El establishment se niega a afrontar estos disturbios como lo que son: terrorismo doméstico a manos de supremacistas blancos.
Gran Bretaña es testigo de una ola de violencia racista dirigida contra musulmanes. Las bandas fascistas se alimentan de la legitimación de las ideas racistas por parte de los partidos y los medios de comunicación dominantes en Gran Bretaña.









