Los bolivianos acuden a las urnas este domingo en medio de una crisis económica en espiral y el colapso total del MAS. Una victoria de la derecha podría traer de vuelta la austeridad neoliberal, desencadenando un nuevo ciclo de malestar social.
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Las elecciones generales del 17 de agosto en Bolivia se desarrollan en medio de la peor crisis económica en cuatro décadas y una división sin precedentes en el MAS. La derecha se perfila para capitalizar el descontento social y reabrir la senda neoliberal.
Después de que la ultraderecha boliviana diera un golpe de Estado en 2019, un movimiento de masas restauró el gobierno socialista del país, prueba de que no son las élites las que protegen la democracia, sino los trabajadores organizados.

Cualquiera que piense la coyuntura de Bolivia en función de la lucha de clases sabe que el gobierno y la extrema derecha no lograrán clausurar el ciclo político únicamente neutralizando a Evo Morales.
El conflicto entre Evo Morales y Luis Arce por la presidencia de Bolivia en 2025 no solo divide al Movimiento Al Socialismo, sino también a los movimientos sociales y sindicatos que forman su base.
Las elecciones de 2020, que dieron como gran ganador al MAS, no fueron suficientes para recomponer todo lo que el golpe de 2019 había agrietado. El resquebrajamiento es tan profundo que ha llegado incluso a lo único que le faltaba dividir: el propio MAS.
La crisis política en Bolivia abierta con el golpe de 2019 no ha terminado. Con el MAS al borde de la ruptura entre una fracción «radical» y otra «renovadora», la políticas audaces brillan por su ausencia.
Ahora que el Movimiento al Socialismo vuelve a gobernar, el gobierno lleva finalmente a la expresidenta "interina" y a sus colaboradores más cercanos a los tribunales.








