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El bitcoin debería pagar impuestos

Traducción: Valentín Huarte

El bitcoin es un activo tan inútil que, aun si un impuesto a las transacciones lo destruyera por completo, el mundo no perdería nada.

Como la mayoría de los economistas, soy escéptico respecto al bitcoin. La pregunta siempre es la misma: ¿cuál es su finalidad?

La idea de que sería una moneda alternativa útil es directamente ridícula. ¿Cómo se puede tener una moneda que fluctúa violentamente de un año a otro, cuando no lo hace hora tras hora? Imaginemos si tuviésemos un salario o un contrato de alquiler estipulado en bitcoins. Durante el último año, tanto nuestra paga como el precio del alquiler se habrían triplicado, motivo por el que probablemente habríamos perdido nuestro trabajo o seríamos incapaces de pagar el alquiler. Los economistas muchas veces exageran los problemas que conlleva la inflación, pero disponer de una moneda que sufre devaluaciones y revalorizaciones impredecibles y de gran envergadura es un problema real.

Ahora bien, es probable que el bitcoin no sea muy útil como moneda, pero tal vez podemos tomarlo como un medio inofensivo para la especulación, como las tarjetas de baseball o los tokens no fungibles. En ese caso, parece que el bitcoin no es del todo inútil. Es la moneda que eligen quienes participan de actividades ilegales, como el comercio de drogas, la venta de armas y, por supuesto, la extorsión de empresas mediante el secuestro de datos. (Aunque su valor en este sentido sufrió un golpe importante cuando el FBI logró recuperar una buena parte del dinero que pagó la empresa Colonial Pipeline a los hackers que se infiltraron en su sistema. Aparentemente, las transacciones con bitcoin no son tan secretas como dice la propaganda).

Pero el bitcoin no es solo un medio para participar de juegos ilegales: también contribuye considerablemente al calentamiento global. El minado de Bitcoin, el proceso mediante el cual se generan nuevos bitcoins, consume una cantidad inmensa de electricidad. De acuerdo con un estudio de la Universidad de Cambridge, el minado de bitcoin utiliza más energía en un año de la que consume la Argentina.

Esto significa que se están emitiendo muchísimos gases de efecto invernadero sin ningún propósito. Estas emisiones son en gran medida una consecuencia de las tecnologías con las que calentamos y enfriamos nuestros hogares, nos transportamos y distribuimos nuestros productos y producimos nuestros alimentos. Todas estas son necesidades reales. Podemos encontrar formas de emitir menos gases de efecto invernadero, por ejemplo, viajar menos o utilizar autos eléctricos, que con suerte consumirán energía renovable. Pero en cualquier caso, esto implicará cierto sacrificio o cierto gasto.

En comparación, prescindir del bitcoin sería muy fácil. Esa es la lógica detrás de la propuesta de gravar las transacciones en bitcoin, pues en general aplicamos impuestos sobre los productos que nos parecen prescindibles.

Los beneficios del impuesto

Primero y principal, el impuesto sobre las transacciones en bitcoin ampliaría la recaudación estatal. Creo que el impuesto debería ser significativo, por ejemplo, del 1% anual. En Estados Unidos, el representante de la Cámara, Peter DeFazio, y el senador Brian Schatz, plantearon un impuesto del 0,1% sobre las operaciones bursátiles. 

El motivo por el que sugiero que el impuesto sobre el bitcoin debería ser más elevado es que, aun suponiendo que tuvieran como consecuencia una perturbación brusca de este mercado, las consecuencias sobre la economía serían prácticamente insignificantes. Tal vez los hackers que secuestran datos sufrirían la variación del valor de sus pagos, y es probable que les resulte un poco más difícil cambiarlos a monedas tradicionales. Pero, por lo demás, el impacto económico sería despreciable.

En contraste, aun considerando el carácter especulativo de los mercados financieros, lo cierto es que sus operaciones sirven en última instancia a un fin productivo. Esto justifica la cautela que se plantea a la hora de aplicar impuestos capaces de generar cierta desestabilización. Así las cosas, el impuesto del 1% no sería algo nuevo. El Reino Unido aplica actualmente un impuesto del 0,5% sobre las operaciones bursátiles. Hasta 1986, ese impuesto era del 1%. Aun entonces, el Reino Unido tenía uno de los mercados financieros más grandes del mundo.

Por lo tanto, está claro que un impuesto del 1% sobre las transacciones con bitcoin no bastará para terminar con el mercado. Sin embargo, reducirá considerablemente el volumen de transacciones. También es probable que haga que la moneda sea menos atractiva para cualquiera que no la necesite para fines ilegales, lo que terminará reduciendo su valor. En última instancia, se dedicarán menos recursos al minado de bitcoin y esto representará un bien para el mundo.

Luego, se plantea el tema de cuánto sería posible recaudar mediante un impuesto al bitcoin. Actualmente, el volumen de las transacciones oscila alrededor de los 1000 millones de dólares por día, o 350 000 millones por año. Si este volumen se mantuviera constante, un impuesto del 1% recaudaría aproximadamente 3500 millones de dólares por año. Pero, por supuesto, el objetivo del impuesto es reducir el volumen de las transacciones y el interés en el bitcoin. Si el volumen se redujera a la mitad, a causa de la merma de las operaciones y de la baja del precio, entonces se recaudarían 1750 millones de dólares por año, o 17 500 millones en el horizonte de un presupuesto a diez años.

No es mucho dinero en términos macroeconómicos. La calculadora del Centro para la Investigación Económica y Política indica que equivaldría al 0,03% del presupuesto total de EE. UU. Pero aunque no sea gran cosa, tampoco es insignificante. La recaudación anual equivale aproximadamente a 110 000 cupones de alimento.

Con todo, el impuesto sobre las operaciones en bitcoin tendría un beneficio adicional. Nos permitiría experimentar con mecanismos impositivos que implican poco riesgo de pérdida.

Suele decirse que los impuestos sobre las transacciones financieras son inviables. Pero la evidencia sugiere todo lo contrario. Con el impuesto sobre las operaciones bursátiles, el Reino Unido recaudaba cada año una suma equivalente al 0,2% de su PIB (es decir, algo así como 44 000 millones de dólares en términos de la economía de Estados Unidos).  Son muchos los países que recudan sumas considerables a partir de impuestos sobre las transacciones financieras.

Hasta en Estados Unidos contamos con un modesto impuesto. Las operaciones bursátiles están sujetas a un gravamen del 0,0042%. Ese impuesto recauda alrededor de 500 millones de dólares por año, con los que se supone que se financia el funcionamiento de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos.

Está claro que es posible aplicar impuestos sobre las transacciones financieras, pero efectivamente existen muchas operaciones que logran evitar el gravamen. Es probable que la evasión sea un problema todavía más importante en el caso del bitcoin, pues muchas de las transacciones provienen de actividades ilegales.

Por eso representa un gran terreno para la innovación. Además de los otros mecanismos disponibles para aplicar efectivamente los gravámenes sobre el bitcoin, podrían ofrecerse recompensas para las personas que delaten a los evasores fiscales. Por decir un número, podríamos darles el 20% de los impuestos recaudados gracias a su información.

Para tomar un ejemplo, supongamos que alguien realiza una transacción en bitcoin por un total de 200 millones de dólares. Si se le aplicara el impuesto del 1%, debería pagar 2 millones de dólares. Si eligiera no pagar y un empleado lo delatara frente a la institución correspondiente, este último podría recaudar 400 000 millones de dólares. Este tipo de sistema de recompensas generaría un fuerte incentivo para que los trabajadores informen a las instituciones la evasión fiscal de sus patrones.

El impuesto sobre las transacciones en bitcoin sería un buen lugar para probar este tipo de incentivos. Dado que la interrupción del mercado de bitcoin prácticamente no plantea ningún problema, en realidad no se corre ningún riesgo. Si el sistema de recompensas demuestra ser efectivo a la hora de combatir la evasión, tendremos una nueva herramienta a nuestra disposición cuando decidamos aplicar impuestos sobre otras transacciones financieras. También podremos experimentar los problemas que surgen en este sistema y hacer los ajustes necesarios para estar mejor preparados cuando tengamos que implementar impuestos a las transacciones financieras en mercados financieros más grandes.

En síntesis, el mercado del bitcoin brinda un gran laboratorio para experimentar con los impuestos a las transacciones financieras. Aunque tenemos suficiente experiencia, tanto en EE. UU. como en otros países, como para concluir razonablemente que es posible implementar estas políticas sin mayores dificultades, hasta que exista la voluntad política de aplicarlas podemos utilizar el mercado de bitcoin como un campo de pruebas.

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Publicado en Artículos, Economía, Finanzas, homeIzq and Políticas

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