Si las guerras de género funcionan desplazando el conflicto de clases hacia el terreno cultural, la respuesta no puede limitarse a defender posiciones en ese mismo terreno, porque implicaría aceptar los términos del debate de las derechas radicales.
Notas publicadas en LGTBIQ+
Una oscura novela rusa del siglo XIX sobre el amor y las clases sociales y un romance gay del siglo XXI en el mundo del hockey pueden parecer mundos aparte. Pero tanto Heated Rivalry como Molotov ofrecen lo mismo: pequeñas parábolas de ternura y valentía en tiempos difíciles.
Si Milei logró avanzar tan velozmente en dos años con una serie de transformaciones estructurales regresivas no fue por falta de protestas callejeras. Pero la «movilización por arriba» contrastó con una preocupante «desmovilización por abajo».
La última obra del renombrado historiador Diarmaid MacCulloch aborda las actitudes cristianas hacia el sexo a lo largo de los siglos. Los cristianos de hoy en día, que se llenan la boca hablando de los valores tradicionales, desconocen lo cambiante que ha sido su tradición.
Las guerras de género constituyen herramientas altamente funcionales para lograr o sostener gobiernos, generar coaliciones o articular movimientos sociales de carácter reaccionario.
La lucha contra el abuso sexual entre hombres no puede desligarse de la experiencia queer. Es necesario ir más allá de las respuestas heteronormativas y construir una política sexual que entienda las dinámicas de poder y reivindique el placer y el deseo.





