Antes de la captura de Maduro, empresas ya habían demandado a Venezuela por nacionalizaciones y sanciones; un gobierno impuesto por Trump podría ahora favorecer esos reclamos en los tribunales.
Notas publicadas en Capital
Las últimas décadas se caracterizaron por un aumento brutal la desigualdad y una creciente concentración del poder económico y político, lo que debilita cada vez más los ideales democráticos con los que los gobiernos occidentales dicen estar comprometidos.
Donald Trump y Xi Jinping se reunieron en Corea del Sur para llegar a un acuerdo que ponga fin a la guerra comercial entre sus dos países. Pero China demostró haber aprendido de su rival cómo utilizar su peso económico como arma.
Los trabajadores deben organizarse para tener poder, mientras que los capitalistas lo ejercen individualmente mediante la propiedad.
El vacío fantasmal del realismo capitalista oscurece el potencial de alegría colectiva y abundancia. Los escritos de Mark Fisher ofrecen un atisbo de las posibilidades que se encuentran más allá de la aparente inevitabilidad del presente.
Se suponía que la crisis de 2008 auguraba el fin del capitalismo financiero ultraespeculativo. Sin embargo, los actores financieros salieron fortalecidos y el capital ficticio supone una amenaza mayor que nunca para la estabilidad económica mundial.
Es imposible entender el «momento Trump» de la actual guerra arancelaria sin tener en cuenta la presión de más de cuarenta años de crónicos y gigantescos déficits comerciales y fiscales en Estados Unidos.
Elon Musk, el hombre más rico del mundo, acaba de utilizar su influencia política para bloquear un acuerdo bipartidista destinado a mantener el gobierno en funcionamiento. Es obsceno, pero es solo un ejemplo de cómo los multimillonarios dominan la democracia estadounidense.
El capitalismo se extendió por el campo indio… pero olvidó desarrollarlo.









